Semana 22: Día 154: 358,90 km en un mes

Durante febrero arañé los 360 km de entrenamiento. Considerando que es el mes más corto del año, quizá durante el fin de semana hubiese podido superar la barrera de los 400, pero no quiero pecar de inconformista. Está todavía a 122 km de la marca de enero, pero descontando ese mes, es el período en el que más corrí.

Lo cierto es que le hice caso a mi entrenador, Germán, en si corría o no. Después de los 100 que hice hace dos semanas, estaba enloquecido. Quería hacer más. Pero me recomendaron descanso y mesura, y yo respondí. No me puedo quejar, en febrero hice ese fondo de 11 horas, que renovó mi confianza de que estoy hecho para las ultramaratones. Y cuando tuve una oportunidad de correr, no la desaproveché.

Hoy es el último día del mes. A sabiendas de que era la última chance de sumar kilómetros, decidí juntar un trámite con un entrenamiento. Tenía que ir a pagar la inscripción a la Adventure Race de Tandil, así que me armé con mi baticinturón, dos caramañolas con Gatorade, la billetera y el celular para sintonizar la radio. Casi 9 km después estaba en el Club de Corredores, en Núñez. Había preparado el listado de todos los Puma Runners que vamos a correr, pero por alguno de esos misterios de la internet, faltaba uno de nuestros compañeros. Y el descuento solo lo aplican si el listado llega vía mail, en un archivo csv (tipo Excel). Le buscamos la vuelta, imploré, puse cara de pobrecito, pero quizá los tipos transpirados que vamos de un lugar al otro corriendo no demos lástima, por lo que no tuve suerte. Me volví a casa trotando, frustrado.

Me dediqué a otras cosas, entre las que estuvo volver a mandar el listado, que me confirmaron como recibido y en forma correcta. Tenía hasta las 20 hs para volver, y me daba bronca tener que hacer tooodo el camino de regreso cuando había estado a la mañana. La idea de ir y volver trotando me había parecido genial, sobre todo porque tenía muchas ganas de correr. ¿Valía la pena hacerlo de nuevo? Lo pensé mucho. Tampoco era una distancia tan terrible, unos 19 km entre ida y vuelta. Cuando vi que llegar hasta allá en colectivo me tomaba 43 minutos y llegar corriendo 50 minutos, no lo dudé más. ¿Para qué tomar un vehículo si a pie tardo casi lo mismo? De hecho hasta lo iba a disfrutar más.

Entonces ya no me dio tanta bronca tener que volver. Liquidé la inscripción faltante y volví a casa, contento. Pero en el camino me cansé y el Powerade no me alcanzaba. Así que paré en una panadería de Recoleta muy paqueta, donde se podía pagar con tarjeta de crédito, y me llevé un pan multicereales “orgánico”, con avena y pasas de uva. Ya que estaba, me pedí una limonada con frambuesa. No era empalagosa y realmente lo necesitaba. El pan se puede pedir cortado en rodajas, así que caminé un par de cuadras devorando unos cuantos bocados, y retomé la marcha. Seguí comiendo mientras trotaba, sorprendido de cómo esa actividad, hace unos años, me hubiese caído pésima. Pero el cuerpo se acostumbra a todo.

Ya empieza marzo, así como una nueva oportunidad de entrenar, sumar kilómetros y seguir superándome. No hay muchas situaciones en las que pueda ir a hacer un trámite corriendo (el Club de Corredores debería ser el lugar donde menos moleste), pero si se presenta una nueva oportunidad, seguro que no la voy a dejar pasar.

Publicado el 28 febrero, 2014 en cuentakilómetros, Espartatlón III semana 22, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, running. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: