Semana 22: Día 152: Correr me ilumina

Después de esa hermosa (y agotadora) experiencia de correr 100 km, quería más. Obvio, como cuando termina la montaña rusa y uno sale todavía temblando y con la adrenalina a full. ¡Quiero más!

Germán, mi entrenador, es un tipo conservador. A pesar de mi entusiasmo, me recomendó no apurarme, darle tiempo al cuerpo para que se recuperase, y así estuve 10 días sin hacer distancias superiores a 10 km. Para mí fue terrible, tenía muchas ganas y sentía que mi cuerpo respondía, pero hacerle caso a él es lo que me llevó hasta acá, así que no quise empezar a contradecirlo.

Igual cada tanto le preguntaba cuándo volvía a hacer un fondo largo y su respuesta era siempre la misma: “Paciencia, sagitariano”… Así que me dediqué a esperar. Pero algo pasó en esos días. Me cuesta describirlo ahora con palabras, pero no estuve bien. Uno podría decir que fue una conjunción de cosas, mucho estrés en el trabajo (dos días sin dormir en menos de una semana), problemas, llegar a fin de mes con la soga al cuello y sin plata en el bolsillo… Cosas que parecen inconexas y que uno podría adjudicar a la mala suerte.

Pero así estaba, corriendo moderadamente. Y entre el estrés y la “falta” de ejercicio (lo pongo entre comillas porque sí estaba corriendo algo) me puse mal. Y me doy cuenta ahora, no en ese momento. Las señales estaban ahí. Ansiedad que calmaba con comida (como cinco paquetes de galletitas veganas), falta de entusiasmo de hacer cosas, la cabeza ocupada en todo lo que sale mal o lo que directamente no sale.

Y hoy, casi tímidamente, le mandé un mensaje a Germán. “¿Puedo ir al entrenamiento corriendo?”. Supuse que me iba a volver a decir que no, a mencionar mi condición de sagitariano (e insistente y cabeza dura). Tan poca fe me tenía que dejé el celular cargando y me fui a recorrer el centro buscando pan integral (que se pueda pagar con tarjeta de crédito). Regresé derrotado, pensando en jugar con el iPad hasta que se haga la hora de ir a tomar el tren a Acassuso para entrenar. La luz del celular que indica un mensaje nuevo me hizo que me acercara… y mi entrenador me había dado el visto bueno.

Tenía poco tiempo. Esos 21 km me toman unas dos horas, así que tenía que salir ya. ¡Y tengo TODO un ritual! Buscar la ropa, envaselinarme, cargar Powerade (sin que se me patinen las manos por la vaselina), algo de comer (en este caso que no estaba preparado fueron pasas de uva), una remera de recambio, un abrigo para paliar este tiempo loco, tomar agua, ponerme el monitor cardíaco, reloj en la muñeca y a la calle.

Afuera estaba un poquito fresco, pero empezaba a lloviznar. Capté señal de GPS y arranqué. Tenía una cosa contenida en el pecho, muy fuerte. Arranqué rápido, intentando huir del caos de la ciudad lo más pronto posible. El primer tramo es el que menos me gusta, por los colectivos, el humo de los caños de escape, las veredas y pasos angostos, los semáforos. Por Libertador se va bien, pero en Belgrano vuelve la locura y los espacios finitos para pasar. Todo mejora al cruzar la General Paz y estar del lado de provincia. Ahí el ritmo del tráfico es más medido y se disfruta más. Ya sé que pasar por la quinta de Olivos me significan 15 km.

Me dolía el dedo chiquito de pie derecho. Supuse que la uña estaba lastimándome. Cuando empieza el Tren de la Costa es ya mi parte favorita. El trayecto se hace más largo pero ahí sí es una paz inmensa correr, casi sin autos, con más verde, varios corredores entrenando… Tomé por esa calle pero aproveché para ver ese dedo que me estaba molestando desde hacía rato. Lo tenía con sangre, supongo que en mi pie mutante tengo una uña creciendo por arriba de la vieja (o la nueva era la de abajo, no sé). Esto me estaba lastimando en serio, así que con paciencia y determinación me corté la uña, le puse un pañuelo de papel descartable para que no haya más roce, y seguí. Me costó avanzar más por el bulto extra adentro de la zapatilla que por dolor.

En ese sendero al costado del Tren de la Costa se largó a llover con bastante intensidad. Pero nada me podía detener. Seguí con paso firme, rápido, hasta llegar a Perú, que tiene una cuesta muy pronunciada. La hice a los saltos, seguí hasta cruzar las vías del tren Mitre (el peor de todos los ramales de la Argentina). Llegué a la base en Dardo Rocha muy feliz. Los Puma Runners estaban jugando al frisbee mientras esperaban que llegara el resto, así que me cambié la remera y me sumé. Había tardado una 1 hora con 45 minutos, para comprobar que fui más rápido que de costumbre. Después hice el entrenamiento grupal, que fue un fondo de 10 km (habré sumado un total de 32 km).

Mi estado de ánimo después de haber corrido esto dio un giro de 180 grados. Todos los problemas desaparecieron o tomaron su verdadera dimensión. Me sentí bien, entero, incluso con resto para exigirme más y hacerlo a buena velocidad. Después me sentí un poco cansado, pero se me hizo todo muy fácil. La motivación es más de la mitad del camino.

Así que me puse a pensar. ¿Yo estaba mal porque no estaba corriendo todo lo que quería? ¿O correr me ayuda a asimilar las cosas que me ponen mal? No lo sé. Lo tengo que procesar en estos días. Pero sé que este fondo me iluminó, y que entrenar o participar en carreras me recarga de energía, cuando cualquiera podría pensar que es todo lo contrario. Justamente hoy, Germán, me dijo que cuando hice mi entrenamiento de 100 km, en el kilómetro 85 tenía una cara terrible, que cualquiera de afuera le podría habar dicho “sacalo a ese pibe que no da más”. Yo en cambio fue lo que más disfruté de ese día, esos últimos 15 km. Ya sabía que iba a terminar, estaba contento por todo lo que había hecho, y mis amigos me seguían acompañando.

Hoy confirmo que correr me ilumina. Me pone de buen humor y me reconecta con mis sueños. Agradezco estar recuperado y corriendo de nuevo distancias largas. Es algo que necesito para estar bien. Aire libre y running.

Publicado el 26 febrero, 2014 en esfuerzo, Espartatlón III semana 22, fondo, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, motivación, running. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. El movimiento es magia y salud. Uñas negras, lastimaduras…Macril + paciencia. Abzo. Juanca.

  2. Me viene pasando lo mismo, y cuando corro, como bien decís, “todos los problemas toman su verdadera dimensión”. Me parece que es simplemente eso, no dimensionarlos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: