Semana 20: Día 138: La virtud de la paciencia

Yo siempre digo que cualquier cosa que yo haya logrado en estos años fue gracias a la constancia y la paciencia. Me puse metas lejanas, con bastante tiempo para lograrlas, y no me desesperé. Creo que una de las peores cosas que nos hacen estos tiempos “modernos” es prometernos todo al instante, incluso los cambios corporales: rutinas de ejercicio de 5 minutos diarios, comida rápida, internet veloz, todo ya, ya, ya, ya, ya.

Pero para mí todo esto fue un ejercicio de determinación. Porque no soy paciente. Odio estar en la cola lenta del supermercado. Detesto cuando subo algo en Internet y la tasa de transferencia es de 1.5 kb (cuando estoy pagando un servicio de 12 megas). Me enferma que el tren se retrase, y siendo usuario del ramal Tigre, es moneda corriente.

Sabía que las abdominales no se tallaban de la noche a la mañana (todavía estoy en eso) y que iba a lograr hacer más distancias. No tenía ni idea de cuándo ni cómo, pero lo que sí sabía era que tenía que tener paciencia. Esperar resultados al instante es la mejor fórmula para decepcionarse.

Lidio constantemente con estas cuestiones. Ahora estoy atravesado por dos situaciones. La primera, que me tiene un poco preocupado, es el tema del ritmo en la Espartatlón. Soy de arrancar las carreras rápido, para separarme del pelotón, porque como todo impaciente no me gusta que el de adelante me marque el ritmo (me desespera). Pero todos los corredores expertos coinciden en que arrancar la Espartatlón rápido tiene sentido si la vas a ganar o si te querés quemar. Mantener un ritmo de 6 minutos el kilómetro es muy lento para mí, porque mi velocidad promedio es entre 4:40 y 5:00 (en progresiones termino en 3:00). En los entrenamientos largos lo intento, miro el reloj deseando estar por encima de 5:20 y cuando me distraigo acelero.

La otra situación que me atraviesa es la del descanso entre entrenamientos largos o previo a una carrera. Mi entrenador, Germán, quería que esta semana corra solo 30 km el martes y que el resto de los días descansara. Le negocié 50 km el domingo y descanso después. Hoy, miércoles, ansío hacer un fondo largo, y los 100 km del próximo sábado me parecen muy lejanos. Por ahí por eso de vivir el día a día y no querer apresurarme a lo que está por venir… pero tranquilamente saldría en este instante a hacer 40, 50 km bajo el sol, por la ciudad, refrescándome en las fuentes o furtivamente en los baños de las estaciones de servicio. Me aguanto, por supuesto, porque seguramente no podría correr los 100 este sábado si me mando una de esas…

Es duro sentirse óptimo y guardarse. Probablemente si fueran decisiones mías terminaría equivocándome, pero por suerte tengo a un entrenador que piensa por mí… aunque acepte negociarme las distancias de los fondos, sé que la última palabra la tiene él. Así me ha funcionado, y gracias a apoyarme en la paciencia que tiene él, hoy estoy haciendo ultra distancias sin estar todo roto ni quemado.

Publicado el 12 febrero, 2014 en correr, determinación, Entrenamiento, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, paciencia, running, Spartathlon, ultramaratón. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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