Semana 18: Día 126: Esperando el milagro espartano…

Hola. Mi nombre es Martín Casanova. Me gusta correr y soy una persona caprichosa. Yo lo sé, probablemente algunas personas crean que no me doy cuenta de que doy rienda suelta a mis caprichos, pero nadie lo sabe mejor que yo. Se me metió en la cabeza correr la Espartatlón, que en mi mente infantil es la carrera más difícil del mundo. Me resultaba increíblemente lejana cuando lo decidí, y hoy, tres años después, lo sigue siendo… pero me siento mucho más cerca. Me preparé física y mentalmente, y creo que en septiembre podría llegar a correr los 246 km.
Eso es, si me pudiese inscribir. Cada año hay un problema que me deja afuera, y este no ha sido la excepción.
En 2011 corrí en Grecia, por la banquina, desde Atenas a Maratón. Algo muy duro para mi preparación física de aquel entonces. Cuando llegué y caí rendido ante los pies de la estatua de Hermes, me juré (y lo hice público) que lo que seguía era la Espartatlón (o sea, un desafío como el que acababa de hacer pero multiplicado por seis).
En 2012 consulté a la organización si podía inscribirme aún sin cumplir los requisitos de haber corrido 100 kilómetros en menos de 10 horas y media o 200 sin límites de tiempo. La verdad es que no existían ultramaratones en las que poder hacer ese tiempo o esa distancia. Me respondieron “Pero ya estás anotado y tenés el número XXX de dorsal”. Fantástico. ¡Qué fácil! Pero cómo imaginar que un argentino hablando en inglés con un griego iba a ser un teléfono descompuesto. Del otro lado, en Atenas, creían que estaban hablando con un tal Casanovas, de México. Cuando me di cuenta del error, era demasiado tarde. La inscripción cerraba en dos semanas y acababa de correr los 100 km de la Patagonia Run. Improvisamos la Ultra Buenos Aires, y me quedé en los 77 km. Aprendí mucho de esa experiencia.
En 2013 Federico Lausi, de Salvaje, tomó la posta de la Ultra Buenos Aires y la organizó con puestos de bebida y mucha garra. Terminó siendo una experiencia alucinante para mí, que compartí con amigos y familiares. Hice los 100 km en 10 horas con 14 minutos, muy tranqui, y sentía que tenía energía para más. Nada que ver con lo del año anterior. La carrera se hizo con tiempo, casi dos meses antes de que se cerrara la inscripción de la Espartatlón. Cuando llegué a mi casa y me quise inscribir, habían cerrado anticipadamente las inscripciones porque habían superado el cupo y tenían a 190 personas en lista de espera.
Como los resultados sirven por dos años, en 2014 era mi oportunidad y el tercer intento. La tercera es la vencida, ¿no? Cuando a principios de enero dijeron que el 15 abría la inscripción, el corazón se saltó un latido. Fue la semana más larga de mi vida. El formulario para anotarse se iba a habilitar a las 19 horas de Grecia, y yo le calculé bastante mal a lo que equivalía en Buenos Aires (las 16). Pero como soy ansioso (además de caprichoso), todos los días entraba una o dos veces a la página web, buscando novedades. En una de esas visitas obsesivas, a las 14:30, vi que ya estaban aceptando inscripciones. Raudamente reuní todo lo que necesitaba (foto, carta de recomendación original y traducción al inglés, resultados de la carrera, certificado de salud), lo adjunté y lo mandé. Decía que iba a recibir en mi bandeja de entrada un mail de esos en donde uno hace click en un link para validar la cuenta. No llegaba y me ponía muy ansioso. Finalmente apareció en la carpeta de correo no deseado. Listo, en la web decía que dentro de los 15 días confirmaban mi solicitud.
Obviamente uno espera que esa confirmación llegue antes. Todos los días esperaba ese bendito mail. Al principio más relajado, pero conforme pasaban los días, la ansiedad crecía. Nadie (de los corredores de todo el mundo) había recibido nada. De hecho empezó a circular en el foro no oficial de la Espartatlón, en Facebook, que en 2 horas habían cubierto los cupos (recuerden que en 2012 eso no había pasado). Unos días antes de la fecha límite, los alemanes tenían su lista de aceptación. En este país hay una delegación local de la Espartatlón, así que lograron cubrir sus 40 lugares asignados sin esperar tanto tiempo. Ayer fue el turno de los griegos. Hoy le tocó al resto del mundo.
Menos a mí.
Era muy frustrante ver a todos esos corredores festejando que los habían aceptado. Incluso vi a algunos argentinos… ¿por qué a mí no? Intenté ser paciente, pero no pude. Escribí en el grupo de Facebook que estaba preocupado, y un voluntario que trabaja en la organización se contactó conmigo. Aunque no recibí todavía información oficial de un rechazo a mi solicitud, me adelantó que en las estadísticas de Deutsche Ultramarathon Vereinigung no figura el resultado que me habilita a competir. Esta web alemana contiene muchísimas ultramaratones internacionales, y es la que usan para cotejar los datos de los aplicantes. Pero supongo que se alimenta por información que dan las organizaciones de cada carrera. Yo ni sabía de su existencia, y solo figura mi participación en la Patagonia Run de 2012… ¡pero no la de 2013! Tampoco mis dos asistencias a Yaboty ni la Ultra Buenos Aires, o mi intento fallido en La Misión (supongo que esa data también figuraría, a menos que solo reflejen las carreras completas). De hecho la gente de Salvaje tampoco conocía el sitio, y ante mi sugerencia se pusieron en contacto. El tema es que, al no figurar ahí, mi solicitud no fue aceptada.
Pero… siempre hay un pero, incluso de connotaciones positivas… en el grupo no oficial de la Espartatlón hay corredores experimentados y novatos, así como miembros de la organización y voluntarios. El apoyo que se da en ese grupo es inmenso. Creo que es lo más maravilloso de estas carreras en las que uno deja el cuerpo y el alma para llegar… la colaboración entre pares, el aliento. Es sobrecogedor. Un voluntario, Nikolaos, me escribió por privado. Él fue quien me comentó lo de la web internacional que usaban para corroborar los datos de las carreras. Se puso en contacto con gente de la organización y prometió mantenerme al tanto. Luego llegó el mail de Panagiotis, responsable del mantenimiento de la web de la Espartatlón. Primero me confirmó que mi solicitud había entrado en fecha, y después que de los adjuntos que envié, solo llegó el certificado médico. Papadimitriou pareciera ser la persona que tiene la posta, en la organización, que también me dijo que como no figuraba en la web de la Deutsche Ultramarathon Vereiningung y solo habían recibido mi certificado médico, TODAVÍA no estaba adentro. Obviamente que le mandé todos los adjuntos, y me pidió que esperase hasta mañana a la mañana, hora griega. Panagiotis me dijo que ningún corredor había tenido problemas con los adjuntos, pero que iba a hablar con la organización en mi defensa.
Entonces… así estamos. Con tensión, nervios, pero todavía con fe. Esto puede pasar, y ser solo una anécdota más. O que me rechacen la solicitud, y tener que esperar otro año más. Entonces… ¿qué pasaría?
Hoy le di muchas vueltas al tema. Solo lo hablé con un grupo reducido de mis conocidos, el círculo de la confianza. Esto incluye a Germán, mi entrenador, que me dijo algo importantísimo: no importa. Porque esto es un capricho, y acá hay muchas cosas más en juego. Hay un grupo de entrenamiento que quiere ser partícipe de esto, que lo mismo les daría si es la Espartatlón en Grecia o la Maratón Des Sables en el Sahara. Estamos siendo una buena influencia, logrando por contagio que gente se interese en comer más sano y cuidarse, progresar. Eso es lo que vale y lo que no deberíamos perder. Así que esa parte caprichosa mía estaría muy decepcionada si no puedo entrar este año, pero sería algo dentro de mi ego y deseo de satisfacción personal. Va a costar, claro, porque soy humano y por ende vengo fallado, pero esto que se fue construyendo con Semana 52, que me excede, no va a estar en riesgo.
Todavía podría correr este año la Espartatlón, y en mi corazón realmente espero que se dé ese milagro. Si no se da, me quedo con algo maravilloso y es la cantidad  de personas, del otro lado del mundo, que sin conocerme están queriendo ayudarme. Esto es lo que las carreras sacan de la gente, sea la distancia que sea, y lo volveré a ver en Atenas este año o en cualquier parte del mundo.

Publicado el 31 enero, 2014 en Espartatlón III semana 18, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, inscripción, ultramaratón. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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