Semana 18: Día 120: ¡Zapatillas (más o menos) nuevas!

zapatillas_puma_nightfox
Hace poco me convencí de que había destruido mis zapatillas nuevas para siempre. Las seguía usando, pero los agujeros iban creciendo. Además, creo que aunque eran pronadoras y las sentía cómodas (o sea, no pisaba hacia adentro), no daban estabilidad y me torcía el tobillo con frecuencia (el derecho, para ser más exactos). Así que por más que me gusta mucho Puma, no puedo recomendar las Faas 600. De hecho, me sugirieron llevar a que les hagan un control de calidad, porque las usé 45 días hasta que las hice a un lado.
Elijo las zapatillas Puma por dos motivos, uno tan válido como el otro. Por un lado, al ser de Puma Runners obtengo un descuento sobre el precio de lista. Por el otro, es calzado de muy buena calidad, al nivel de las Asics. En el mercado hay de todo, y seguramente el tener un importante descuento en una marca que no es barata, me permitió probar varios modelos. Excepto las Faas 600, siempre resultaron ser una excelente inversión. Creo que lo que me falló ahora es que la corrección de la pisada pronadora hizo que los pies se me deslizaran hacia afuera, perdiendo estabilidad y forzando el material hasta que cedió. Quizá sea pronador y necesite que se me levante el arco, pero estuve yendo contra años de costumbre y eso pudo haberme influido negativamente. En poco tiempo me voy a hacer plantillas nuevas (el contador está por llegar a cero), y ahí voy a realizarme un estudio actualizado de pisada y ver qué me sugieren.
Para zafar, de momento, me calcé unas viejas Puma Nightfox (digo “viejas” y deben tener ocho meses). Me las compré el año pasado para correr Yaboty. Las llené de tierra colorada… y las guardé. Nunca más las volví a usar. Me decanté por modelos de calle y relegué al olvido este par que realmente estaban impecables. Ya he hablado bien de estas zapatillas, son ideales para montaña y para terrenos muy irregulares. Hoy fue el segundo entrenamiento que las usé y sentí una enorme diferencia. Por un lado, no me he vuelto a torcer el tobillo, cosa que puede parecer una tontería pero me tiene muy aliviado. Otro es que las sentí comodísimas, acolchadas… no deben tener ni dos semanas de uso. Las ablandé un poco para la carrera, las estrené en Misiones, las lavé y las guardé. Así que están casi nuevas.
Sin embargo quería comprarme calzado para entrenar, que resistan fondos largos en asfalto. Con los chicos del grupo nos fuimos al Soleil Factory, donde descubrimos un Outlet de Puma donde vamos a hacer estragos. Nuestro descuento tiene validez ahí, así que con las rebajas que hay en cualquier outlet terminamos consiguiendo cosas regaladas (mientras más viejo sea el modelo, mejor). Pero claro, este tipo de locales tiene sobrantes de otras tiendas, así que no hay variedad de números ni de colores. Lo que hay es lo que hay. Y yo llegué tarde, así que lo mejor ya tenía dueño. Me puse a buscar entre las pilas y pilas de cajas a ver si encontraba unas Faas 900 o unas Trailfox, pero el único par en exhibición estaba apartado. Vi unas Faas 500 interesantes, pero como eran un modelo reciente estaban bastante caras (casi casi llegaba a 4 dígitos). Aunque quería calzado nuevo, no me parecía inteligente comprar por comprar. Cuando finalmente me decidí, Germán, nuestro entrenador, me recordó que el calzado que estaba llevando no se bancaba más de 21 km. Era para entrenamientos cortos y no más de una media maratón. Caso contrario, las iba a destrozar.
Me decepcionó bastante no encontrar nada. Ya resignado, me puse a charlar con uno de los vendedores, que nos explicaba la trastienda de un outlet (por ejemplo, tenían en el depósito un solo par de Faas 900, la zapatilla izquierda talle 9 y la derecha 9 y 1/2, seguramente por el descuido de un local que las devolvió así). Entre todos compramos camperas iguales, para darnos más identidad de grupo, y varios eligieron calzado, remeras, medias, y un sinfín de etcéteras. Pero yo no tenía zapas. Y se me ocurrió preguntarle al muchacho qué me recomendaba para hacer fondos largos en mi talle. Se puso a revisar el sector de saldos y me dio unas… Puma Nightfox (que era el modelo que estaba calzando en ese mismo instante). La diferencia era que venían en otro color… y costaban la mitad de lo que las había pagado 8 meses antes. Así que… las compré. Por eso son zapatillas más o menos nuevas. Al menos estos colores combinan perfecto con las camperas que llevamos.
Mañana me toca un fondo de 50 km… y creo que sería demasiado para este par nuevo. Voy a seguir con las Nightfox que ya tengo, sobre todo porque me las recomendaron para entrenamientos largos. Y si sigo con el kilometraje actual, quizá les meta 1000 kilómetros hasta llegar a abril, cuando se corran los 100 km de la Patagonia Run. Supongo que mi calzado actual no va a llegar en buenas condiciones a la carrera, pero al menos ya tengo un par de repuesto.

Publicado el 25 enero, 2014 en Entrenamiento, Espartatlón III semana 18, fondo, Patagonia Run, zapatillas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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