Semana 13: Día 87: Balance de fin de año: LA COMIDA

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Se acerca fin de año, y es un buen momento para mirar atrás y ver el camino recorrido.
Este va a ser un año muy importante para mí, porque lo voy a cumplir como vegano de punta a punta. Fue una decisión difícil y a la vez fácil. Primero me encargué de paranoiquearme con la proteína animal y sus efectos nocivos en el cuerpo. Después me di cuenta de lo fácil que era para mí, siendo ovolactovegetariano, para dejar el queso y la leche.
El problema vino cuando quise compartir una cena afuera con amigos, o en algún viaje donde no me podía cocinar (como en la Patagonia Run). Esas fueron y serán situaciones complicadas para mí, pero me las pude ingeniar. Las latas terminaron siendo una solución espectacular para el micro de larga distancia. Ya no pude hacer una reunión con pizza, algo que se soluciona tan fácil como levantando un teléfono o de parado en decenas de locales en la Ciudad Autónoma. Sin embargo me encontré en la obligación de cocinar y de aprender, así que supe tener invitados en casa a los que deleitar.
Este año fue también, como quien no quiere la cosa, en el que decidí dejar las harinas blancas, el azúcar, el arroz blanco y la sal de mesa. Esto lo reemplacé con harina y arroz integral, stevia y sal marina. O, en su defecto, sin condimentar las comidas. Realmente ser vegetariano trae consigo un cambio en el paladar, así que uno siente más los sabores. También aprendí a hacer mi propio pan, con semillas y todo, pero las cuentas me dieron que gasto más haciéndolo que comprándolo en una dietética. ¿Cómo es esto posible? No lo sé, probablemente esté haciendo algo mal, como no dejando levar la masa lo suficiente como para que termine saliendo más cantidad. Pero bueno, ser vegano y comer sano es algo un poco oneroso.
Mirando hacia atrás veo que también fue un año donde pude contener las “tentaciones” como las galletitas, budines y otras delicias que aunque veganas, no me aportaban cosas que yo realmente necesitara. Volver a la soltería, a la modesta caja de zapatos que alquilo en el microcentro, me obligó a cuidar los gastos y a no comprar de más. Así fue que terminé organizándome mejor. También me regalaron la juguera, y muchas colaciones pasaron a ser esos exquisitos jugos naturales (pero prefiero explayarme un poco más en el balance de las bebidas, en el día de mañana).
Este año incorporé la espirulina, polvo verde solo para valientes, pero con un altísimo poder nutritivo. También volví a la levadura de cerveza, que a pesar de sus vitaminas y nutrientes, me encanta su sabor y lo terminé utilizando como condimento. Volver al gimnasio, aunque fuese por tres meses, también implicó un regreso a los sándwiches de pan integral y tofu como colación post entrenamiento, y lo incorporé también al post-running. Después de correr, agotados en la noche, vi a varios compañeros míos mirando mi sándwich con baba cayéndole de la boca. No es difícil prepararse algo para cuando terminás de entrenar, y es el momento justo en que tu cuerpo necesita hidratos y proteínas.
Mudarme me trajo otra consecuencia, que fue no tener más microondas. En su lugar tengo un hornito eléctrico con el que resolví todo. La comida queda más rica, se puede tostar el pan, y no sé cómo haré para vivir sin él cuando me mude (me veré en la obligación de comprarme otro). También volví a las ensaladas, en especial cuando descubrí el verdadero valor de las ferias itinerantes, con sus frutas y verduras dos o tres veces más baratas que en el supermercado. Así es más fácil comer sano… aunque se manejan con efectivo, así que fin de mes es acabar con lo que haya en la heladera y las alacenas, o pagar caros los alimentos naturales con tarjeta de crédito en el supermercado. Todo no se puede.
Muchos creen que mi determinación con la comida ha sido una constante, y para mí es un continuo aprendizaje. No siempre tengo la motivación para cocinarme algo sano y nutritivo, y a pesar de estar en casi tres años y medio de blog, sigo esforzándome e incorporando cosas nuevas. Por suerte cada vez hay más ofertas veganas e integrales en la Ciudad, y con toda la experiencia que adquirí en este 2013, el esfuerzo se va haciendo cada vez menos pesado.
(La ensalada que ven en la foto, que no me pude terminar, es de Vita, un restaurante vegano al que me invitó hoy mi amiga Naty. ¡Recomendado!)

Publicado el 23 diciembre, 2013 en Alimentación, Espartatlón III semana 13, nutrición, salud, veganismo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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