Semana 12: Día 79: Los 8 km de la Demolition Race

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La excusa del viaje a Pinamar con el grupo fue esta Demolition Race en Pinamar, la cuarta edición (aunque las dos anteriores fueron en Pilar). Estos días fueron muy calurosos en Buenos Aires, y la Costa Atlántica no fue excepción. Al parecer ese fue el principal motivo por el que la largada se retrasó de las 17:30 a las 18:30, así no sufríamos tanto del calor.
Llegamos a las 4 de la tarde y nos acreditamos. Las remeras eran una mejora respecto a las anteriores, pero seguían siendo de un material caluroso y con un cuello muy cerrado. Aproveché el filo de algunos caracoles de la playa para usar de cuchillo (al mejor estilo Robinson Crusoe) y le corté las mangas. Varios chicos del grupo siguieron el ejemplo y se armaron un atuendo un poco más fresco (y hasta reciclaron esas mangas en pulseras o vinchas). Yo no tenía ni idea de cómo era el circuito ni los obstáculos. Sabía que era en la arena y que el anteúltimo desafío era trepar una soga en una pared casi vertical. Parecía divertido.
Con los Puma Runners nos habíamos inscripto hacía tiempo. Éramos un equipo compuesto por Germán (nuestro entrenador), Lean, Paco, Marcelo, Nico y yo. El resto eran individuales. Alguien me sugirió, momentos antes de salir, que le cambiara mi número a alguien que corriera solo, porque me creían con chances de hacer podio… pero, ¿cuál era la gracia? Yo quería correr en grupo, sentir la unidad y la responsabilidad hacia tu compañero. Me negué rotundamente. Hicimos una entrada en calor, intentando preparar a las piernas para la arena.
La salida fue unos minutos antes de las 18:30. El sol pegaba fuerte a pesar de la hora. Se vivía un clima de fiesta, quizá porque no éramos tantos participantes y el espíritu de la carrera era la superación personal. Los obstáculos estaban bastante bien: una tranquera donde teníamos que pasar por el medio, cubos de botellas recicladas que había que sortear, construcciones de madera para trepar… transpiramos como locos, intentando no separarnos y permanecer unidos. Fue un alivio tirarse cuerpo a tierra para pasar por debajo de una red… que estaba ubicada en un enorme charco de agua fría. No solo nos refrescó, sino que comprobé que mi reloj Suunto era sumergible (se supone que sirve para hacer buceo, pero nunca me había animado a probarlo).
El obstáculo más divertido vino más adelante, después de sortear arena suelta y médanos: un tobogán de agua jabonosa. ¿Cómo lo hicieron? Con una larga lona y una manguera. Terminaba en una pileta improvisada en el suelo, después de un viaje a supervelocidad. ¡Muy divertido!
Hasta que el sol no empezó a bajar, el calor nos hizo transpirar a litros. El agua de los puestos de hidratación inevitablemente se calentó, casi al punto de hacernos un matecito. Ya sobre el final llegó la prueba más dura: trepar una pared de cuatro metros con una soga, haciendo la gran Batman. La tabla de madera vertical tenía buen agarre, así que era cuestión de pisar firme y utilizar fuerza de brazos para llegar al otro lado. Terminamos todos juntos, abrazados, y fue un momento muy emocionante.
Pero la carrera no terminó ahí. Sí la nuestra, pero quedaba mucha gente del grupo. Volvimos unos metros y acompañamos a cada uno que veíamos llegar. Fuimos a ese último obstáculo, que era el más complicado para cualquiera, y dimos una mano ya sea empujando de abajo o tirando desde arriba. La organización no tuvo ningún problema con esto. Y se convirtió en uno de los momentos más lindos, porque la aventura tiene un poco de camaradería hacia el otro. Alentábamos y acompañábamos, y solo dábamos ese empujoncito si era absolutamente necesario, ya sea a un amigo o un desconocido.
Cada llegada se festejó como un gran triunfo, a pesar de que a mí la carrera se me hizo muy corta (el GPS me dio 7.5 km en lugat de los 8 “oficiales”). Hubo risas, llantos… lo tuvo todo.
Al final, cuando los Puma Runners que habíamos invadido Pinamar estábamos completos, nos abrazamos y nos fuimos corriendo al mar. Nos metimos así como estábamos, vestidos y en zapatillas. La sensación refrescante duró aproximadamente 9 segundos, hasta que nos dimos cuenta que estábamos chapoteando entre miles de aguas vivas que picaban como un enchufe a 220. Salimos corriendo, a los gritos, y desde afuera debió parecer una escena muy graciosa. Me saqué esos bichos de la piel irritada y en cada pliegue de la ropa se escondían más. Del bolsillo me saqué no menos de veinte.
No hubo premiación para los equipos, sí para los individuales. Creo que salimos segundos, pero no importó. Estábamos contentísimos con nuestra carrera, con habernos ayudado mutuamente y haber disfrutado de ese día espectacular. Siempre subestimé las competencias cortas, y no me di cuenta de todo lo divertidas y emotivas que podían ser. A veces ayuda el terreno, a veces la gente con la que corrés. Pero siempre influye la buena predisposición. Fui a divertirme con mis amigos, y obtuve exactamente eso.

Publicado el 15 diciembre, 2013 en aventura, correr, Demolition Race, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, Pinamar, running. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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