Semana 11: Día 73: El vegano y las fiestas

Si usted ha decidido dejar la proteína animal o si tiene uno de esos parientes raritos que no comen carne, esto puede serle de su interés. O puede ser información útil para burlarse de un vegano. Uno nunca sabe.
En Argentina, por una extraña costumbre que tenemos, festejamos Navidad y Año Nuevo como si no hicieran 35 grados a las diez de la noche. Nos atestamos de comida y le damos a alimentos y bebidas super calóricas: vitel toné, turrón de maní, garrapiñadas, chocolate, champagne y un digestivo etcétera.
A todos los argentinos, menos a mí, les encantan los asados. No importa la temperatura, el clima ni la ocasión. Por eso no es extraño que la palabra mágica para la reunión de fin de año sea “¿Nos juntamos a comer un asadito?”. Y como en el fondo me aprecian y disfrutarían mucho de mi presencia, ofrecen “A vos te ponemos unas ensaladas”, a lo que con toda sinceridad respondemos “Soy vegano, no anoréxico”. La oferta pasa a ser “Ok, ponemos unas verduras a la parrilla”. Aquí entra la parte obse a hacer de las suyas:
– Pero me da asco si la verdura toca la grasa de la carne.
– Las pongo a un costado.
– Nunca limpiarías esa parrilla como para que yo coma.
– Te pongo unas papas o ajíes en las brasas.
– Les chorrea la grasa de arriba.
– Las envolvemos en aluminio.
– Alto. Alto, alto, alto. Agradezco tu interés, pero las verduras tostadas en aluminio no son el equivalente del manjar que te resulta el vacío y los chorizos. Si nos vamos a juntar para pasarla bien, me llevo un tupper con comida.
– O quedate en tu casa.
Yo sé que es difícil para la familia y amigos congeniar esta decisión alimenticia. Por eso me acostumbré a llevar lo mío. En un asado o en esos grandes banquetes en los que al arroz le ponen mayonesa y huevo, hay días opciones: amargarse (y pasar hambre) o ser previsor. El vegano no puede esperar que el resto lo atienda (y estoy dejando de lado cuestiones más profundas, como no querer comer alimentos refinados como arroz blanco, harinas, etc… les haría explotar la cabeza).
Comer es un placer. Uno creería que dejar los animales afuera de la dieta es igual a sufrir, pero no es así. A mí me encantan mis comidas y no me salteo ninguna (mi favorita es el desayuno y la merienda, en las que como exactamente lo mismo).
Lo bueno de ser vegano es que uno puede ir a una de esas grandes cenas en las que todos llevan algo y llegar con su plato favorito. Hay una posibilidad en diez millones de que alguien más quiera probarlo. Pero ojo… si empezamos a compartir y el resto descubre lo rico que es el pastel de banana, podemos quedarnos sin nada (lo que no estaría tan mal porque sería acorde al espíritu navideño).
Por eso, mi querido vegano, en estas fiestas tu mejor amigo será tu tupper. Y para todos: uidado con el alcohol (el único animal involucrado en el vino, la sidra y el champagne es quien lo bebe), y no olvides que estos almuerzos y cenas no son para comer, sino para socializar.

Publicado el 9 diciembre, 2013 en Alimentación, Espartatlón III semana 11, fiestas, nutrición, veganismo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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