Semana 11: Día 72: Los 5 km de Felicidad en movimiento

Felicidad_en_movmiento_2013
…que en realidad fueron 3,2 km. Pero no importa.
Mientras estaba de viaje en Europa intentaba estar al tanto de lo que hacía mi grupo, los Puma Runners, a través del whatsapp. Me enteré de un entrenamiento bajo una lluvia torrencial (pero con calor, mientras yo me congelaba en el viejo continente) y de cierta carrera a beneficio en la que podía estar bueno participar. Eso era todo lo que sabía, además del precio de la inscripción, así que pedí por favor que me anotasen. Yo me sumo a todo.
La cita era el sábado a las 16 hs, y el plan era entrenar por la mañana, quedarnos a almorzar, y salir para Vicente López. Una compañera se encargó de pagar y de buscar los kits, que incluía la remera y no tenía idea de qué más. Así que fui a entrenar, y el sol acompañó. Fue un día hermoso. Entonces, recién ahí, me enteré de cómo era la carrera. Te recomendaban llevar ropa no muy nueva, porque te iban a pintar. ¿¿¿Cómo???
Eso me pasa por hacerme el europeo. Me sumé a un evento llamado Felicidad en movimiento, no competitivo, donde nos iban a tirar polvos de colores. De hecho la remera era blanca para poder mancharla y que se note bien. Ya estaba jugado, pero me cambió bastante mis expectativas. Por miedo no llevé los anteojos, que me hubiesen protegido los ojos pero que podían pintarse todos y no salir más. Por similares motivos no llevé mi celular para sacar fotos ni mi reloj Suunto.
Fuimos en manada a la salida, creyendo que empezaba a las 3 de la tarde (y estábamos llegando con demora, deseando que no arrancaran en horario). En el camino nos confirmaron que era a las 16. “¿Y para qué estamos yendo tan temprano?”, dijimos. Pero por suerte ese tiempo “extra” fue uno de los más divertidos. Llegamos y en todo el predio había unos 2 metros cuadrados de sombra. Después era estar al rayo del sol. Nos mojamos un poco en las canillas de la costanera, cerca del Parque de los Niños y del Carrefour. Parte del kit, además de la remera, era una bolista con polvos de colores que teníamos que guardar para el final. Como el clima era festivo, se alentaba ir disfrazado. Germán, nuestro entrenador, abrió su paquetito azul y con un poquito de agua se empezó a pintar todo. El resto, malinfluenciado, empezó a hacer lo mismo. Yo era naranja.
De ahí, pintados casi de cuerpo entero, nos fuimos al precalentamiento, donde había música electrónica, y empezamos a bailar y a hacer payasadas. Faltaban 20 minutos para la largada (que finalmente fue muy puntual). Algún otro, quizá también influenciado por nosotros, abrió su paquetito de polvo de color y empezó a tirarlo al aire, manchándonos con otros tonos. Así estuvimos al rayo del sol, moviéndonos, transpirando y en Technicolor.
La idea no era salir a ganar, sino divertirnos. Por eso en la largada salimos todos juntos y no nos separaron. Alguna vez me pidieron que baje el ritmo porque me sale el instinto competitivo de adentro y empiezo a acelerar. Pero nos fuimos esperando. Cada kilómetro había un grupo de voluntarios con polvo de un color (primero el azul, después fucsia, etc). Nosotros estábamos sacados, así que íbamos a los tachos a robar polvo y tirárselo a los chicos de la organización (nota: estaba prohibido). En uno de esos motines me metieron un kilo de esa cosa asquerosa azul en la boca y me bajó por la garganta. Me secó todo y temí morir teñido de azul. Escupí ese color durante todo el trayecto.
Esos 5 kilómetros en realidad fueron 3,2, como decía al principio de este post. No era importante, lo que valía era divertirnos al aire libre. Igual nos mareó un poco, porque algunos cruzaron el arco de llegada creyendo que todavía faltaba un tramo más. Yo conseguí en el camino una peluca naranja que iba con mi color, aunque durante el trayecto me fueron pintando de todos los tonos.
Cuando pasó un rato de la llegada, nos juntamos junto al arco y ante la cuenta regresiva de la organización, los que conservaban sus bolsitas (o los que conseguimos alguna de las que revoleaban desde la tarima) las tiramos al aire. Estar ahí adentro de esa nube de colores que se mezclaban era un verdadero flash. El sol desaparecía, se oscurecía todo y de a poco se iba dispersando el polvo para ver los diferentes tonos de color. A eso lo combinabas con agua y pintabas cualquier cosa. Un evento que se suponía iba a ser corto terminó siendo una fiesta en la que nadie se quería ir.
Eso sí, la remera blanca jamás se lavó del todo, me saqué todos los colores de la piel, excepto el azul que insiste en quedarse (como una sombra tenue) y la espalda me quedó colorada. No por la pintura, sino por haber estado todo el día sin remera, al sol. Pero… ¿quién me quita lo bailado?

Publicado el 8 diciembre, 2013 en Carrera, Espartatlón III semana 11, Felicidad en movimiento, fotos, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, running. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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