Semana 7: Día 45: El running y otras adicciones

Drogas. La sola palabra intimida. A menos que te gusten las drogas, por lo que la sola palabra tienta.
No he sido un gran consumidor de sustancias ilegales, algo que a esta altura no va a depender a nadie. No puedo decir que fumé crack como el alcalde de Toronto ni que tuve una “intoxicación alimenticia” como Justin Bieber. Pero sí probé marihuana, puntualmente la primera vez que estuve en Barcelona. Mi impresión fue como emborracharme en un instante. Pero no me volví adicto a esa sensación. Entiendo a los que no pueden dejar el alcohol, el cigarrillo y las drogas… Bueno, imagino que entiendo, como también me hago una idea de qué siente un fanático de fútbol y un adicto a la comida.
Probablemente todos tengamos algún tipo de adicción. Algo de este mundo terrenal que nos llene algún vacío.
Muchos decimos que cuando empezamos a correr cambiamos una adicción por otra. Yo entiendo que en mi caso vivo esto con tal intensidad que me hace una especie de adicto. Estoy mal si no corro (puedo llegar a deprimirme bastante) y el running roza los niveles de la autodestrucción. No me imagino sin correr, y creo que es de las adicciones más sanas y con menores consecuencias nefastas que existen.
Nunca me compararía con un adicto a las drogas, principalmente porque correr, ejercitarse y comer sano prolongan la vida. Además, hacer deporte está permitido por la ley. Ese porro debe ser la única cosa ilegal que hice en mi vida, dejando de lado colarme en el tren y el robo a la sucursal del Banco Ciudad, delito por el que aún no me atraparon (¿eso lo escribí o solo lo pensé?).
Una vez un amigo me regaló dos porros y los guardé en el placard para fumarlos en alguna ocasión especial. Creo que cuando pasaron seis años los terminé tirando.
El alcohol, aunque es legal, es la cosa nociva de la que me costó despegarme. No podía concebir otro modo de seducir a una mujer si no era emborrachándonos, por más que no disfrutaba de beber. Para bailar primero tenía que tomar (¿de qué otro modo me iba a animar a hacerlo?) y el día que me dio pánico fue cuando me encontré en mi casa, solo, tomando una lata de cerveza. Si no me gustaba… ¿para qué la estaba bebiendo? Es más, ¿para qué la había comprado?
Semana 52 (este blog) fue la excusa para no seguir tomando, y eso me sirvió para comprobar que podía hablar con una mujer estando los dos sobrios, y que podía bailar sin que medie el alcohol. Las pocas veces que tomé fue para socializar, a sabiendas de que no lo necesito.
Muchos de los que corremos convertimos a esto en nuestra nueva adicción. Sirve para reemplazar a las viejas (las de los químicos y venenos que arruinan nuestro organismo), y creo que es el cambio más maravilloso que una persona puede hacer.

Publicado el 11 noviembre, 2013 en adicciones, alcohol, cigarrillo, drogas, Espartatlón III semana 7, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, running, salud. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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