Semana 7: Día 44: En solo 10 días…

Hoy me salgo un poco del running y me centro en mi futuro, más precisamente en los próximos 10 días. Justamente porque en ese lapso de tiempo voy a estar instalado en Londres, al comienzo de mis vacaciones. Y a tan poco tiempo, surge la gran pregunta… ¿por qué? No estoy holgado de dinero, tengo muchas responsabilidades en casa e interrumpe mi entrenamiento… así que esa gran duda sobrevuela mi cabeza.
Lo curioso es que nadie me lo ha cuestionado. Ni siquiera Matías, el director de la editorial. Simplemente le pareció que era una buena idea, que me merecía las vacaciones, y hasta me adelanta el aguinaldo para que se me haga más sencillo. Pero todo con la promesa de que no quede nada pendiente y esté todo entregado a la imprenta. Por eso es que estoy internado, trabajando de sol a sol (y más también). Generalmente estos viajes son un golpe durísimo a la producción mensual, y no recuerdo un viaje donde todo haya salido bien. Por ahora, estoy cumpliendo con las entregas… iba a decir “cómodamente”, pero acostarme a las 23 para levantarme a trabajar a las 3 de la mañana no es muy cómodo (un secreto: como tengo el sueño fácil y con la edad me vuelvo mañoso, encontré que me resulta más fácil madrugar que quedarme en vela).
No tengo dinero como para enfrentar el viaje sin endeudarme. Pero existen dos entidades financieras que me ayudan: el banco y mis padres. Uno me dio su tarjeta de crédito y ahí estoy, pagando todo como es debido. El otro… me dio una extensión de su propia tarjeta. Y así, de a poco, voy pagando todo. Tuve que vender mi Mac para hacer frente a la deuda de la Mastercard este mes, me dio gracia que mucha gente creía que por irme de viaje no iba a poder trabajar… me faltó aclarar que hace unos seis meses me compré otra compu y tenía dos, una activa y otra juntando polvo. No la había vendido porque no me urgía… hasta que me urgió.
Respecto al entrenamiento, me preocupa como todo. Vivo haciéndome mala sangre, y Germán, mi entrenador, estuvo intentando que baje a la tierra el sábado pasado. Yo quería rutinas para hacer musculación en casa, y consejos para correr en Europa, y me dijo “¿Para qué querés una rutina si estás durmiendo cuatro horas?”. Supongo que correré un poco allá, pero aunque me cuesta tomármelo con calma, tendré que hacerlo. Tengo una cita con la nutricionista el 17 de diciembre (casualmente el día de mi cumpleaños) y con mi regreso el 4, temo que las mediciones no me den tan bien como podría. Escribo esto y me sorprenden las cosas que me preocupan.
El motivo principal, el “¿por qué?”, es muy sencillo: porque sí. Viajar me gusta, lo suficiente como para ser humillado por AFIP cuando pido comprar moneda extranjera, para trabajar hasta cualquier hora en forma compensatoria, para endeudarme, pedirle plata prestada a mis papás, y alterar el entrenamiento, a 10 meses de la Espartatlón. Me gusta el quilombo, lisa y llanamente. Esto me llena, me ayuda a crecer, y todo el esfuerzo viene acompañado de un enorme disfrute. También me ayuda a reencontrarme, conmigo mismo y con mi pasado, y las cositas que realmente amo. Quizá poca gente lo entienda, sé que a mí me cuesta entenderlo, pero el secreto de mi felicidad es ese: no hacer lo que no quiero, y no dejar pasar la oportunidad de hacer lo que sí quiero.

Publicado el 10 noviembre, 2013 en determinación, Espartatlón III semana 7, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, running, viaje. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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