Semana 4: Día 24: El desánimo

“La diferencia entre lo que sos y lo que querés ser es lo que hacés”. Hace poco leí esa frase y creo que me la tatuaría. Es una de las cosas más poderosas que entraron por mis ojos, tan obvia y a la vez tan cierta. ¿Queda algo más por decir? Me gustan las frases motivacionales, admiro a las personas que vencieron las adversidades y dedican sus vidas a ayudar a otros para que se superen a sí mismos. Este blog empezó con un objetivo experimental pero a la vez narcisista, y después mutó en una vidriera de mi vida que podía ayudar a otras personas.
Cuando me para un desconocido y me saluda, o me dice que lo incentivé a salir a correr, me lleno de orgullo. E intento preguntarme si yo hubiese leído un blog diario de running. Probablemente no, pero porque no me daría el tiempo (no saben lo complicado que es entrenar, comer, trabajar y socializar con el agregado de tener que actualizar Semana 52). Cuando los cambios en mi rutina se empezaron a reflejar en mi cuerpo, empecé a meterme en el desánimo. Faltaba que una persona en una reunión dijese que estaba demasiado flaco para que empezaran los comentarios de obsesión, anorexia y los problemas de salud que “trae” correr.
Al parecer a la gente le da pánico lo desconocido. Eso que altera el status quo es el enemigo. Obvio que no es la mayoría. Pero muchísimas veces escuché lo de “si corrés te crece el corazón y te morís”. Es inevitable enfrentarnos a estas cosas, pero creo que nos afectan en mayor o en menor medida de acuerdo a nuestros propios motivadores. ¿Por qué entrenamos? ¿Para que los demás nos acepten? Entonces con poco nos van a tirar abajo. Lamentablemente entendimos todo al revés, y destacarnos es algo que va a encontrar resistencia en algunas personas. Así como nos agrupamos por intereses comunes (porque somos familia, porque fuimos juntos a la escuela, porque pertenecemos al mismo equipo de fútbol), siempre elegimos la diferencia para etiquetar al otro: gordo, pelado, negro, colo, chino… todos esos rasgos externos que nos diferencian del resto pasan a ser un apodo. Para muchos, que lo que nos destaca sea el deporte, la vida sana o la superación física, también puede convertirse en motivo de burla o de rechazo.
No dudo que fuerzas externas nos pueden servir de ayuda para progresar, pero esos solo son estímulos que sacan a flote lo que ya está adentro nuestro. Si leíste en este blog algo que te hizo dar ganas de hacer algo, fue porque ya estaban las bases. Nadie entra acá por accidente y a los 5 minutos está trotando por el barrio. Si la fuerza motivacional está ahí adentro, bien arraigada, no importa lo que digan los demás. Posiblemente podamos transformarlo en un estímulo más para seguir superando metas. Y así, aunque no podamos escaparle al desánimo, siempre vamos a tener la opción de transformarlo en algo que juegue a nuestro favor…

Publicado el 21 octubre, 2013 en desánimo, determinación, esfuerzo, Espartaltón III semana 4, mente, motivación. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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