Semana 2: Día 14: La Expo Maratón 2013

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Pasa con estas carreras multitudinarias… hay que hacer una logística monstruosa para que todos los corredores tengan su número, su chip y los miles de folletos de publicidad. Si esto fuese en formato virtual, nos quejaríamos de que nos llenaron la casilla de spam… pero como son propagandas en papel ilustración a cuatro colores, los agarramos sin filtro.
En el caso de la Maratón de la Ciudad de Buenos Aires, al igual que con la Media Maratón, los organizadores arman cada año la Expo Maratón, donde retirar el kit y hacer algunas compras. Yo, muy iluso, fui sin mucho efectivo y con la esperanza de poder pagar con tarjeta de crédito. Estoy con ganas de comprarme un cinto hidratador ya que el que tenía lo perdí y el que compré en Brasil no me sirve para usarlo en una carrera (se me sube y siento que estoy bailando el hula hula).
Yo tenía la pésima experiencia de la Media Maratón, en la que perdí todo el día ahí adentro, haciendo cola y corrigiendo mi remera mal estampada. Así que, después del gimnasio, me fui derecho al Centro Municipal de Exposiciones. Cuando llegué, a quince minutos de que abrieran las puertas, había una cola de 150 personas para ingresar. Me coloqué en el puesto 151, mientras los voluntarios iban ofreciendo deslindes impresos, lapiceras y remeras para probar el talle. Nuevamente soy un “S”, lo que significa que este año las prendas vinieron más grandes que de costumbre, o soy yo el que se está encogiendo. Si bien terminaron abriendo en horario, la tensión por entrar se palpaba.
Mientras la fila avanzaba, no faltó el vivo que se mandó sin hacer la cola. Ante el reclamo de “andá al final”… ¡se hizo el ofendido! Y, por supuesto, siguió como si nada. Nadie obligaba a ponernos en fila, es un convencionalismo social que tiene que ver con el respeto del perejil que se quedó parado esperando… Una vez adentro, nuevos voluntarios se acercaban para ofrecer deslindes, talles de remera y ayudar en algo, pero todos veníamos acelerados, buscando dónde hacer otra fila para obtener el kit. Esos pobres jóvenes se jugaban la vida, porque uno podría haberles pasado por encima, luego de unos golpes certeros de tawkwon do.
Como llegué temprano y tengo un paso largo, me ubiqué rápidamente en la fila que me correspondía. Estaban separadas por rangos de números, y yo soy el 3638, que era más o menos por la mitad. Con unas diez personas adelante mío, en 15 minutos tenía mi bolsita con el spam impreso, la remera, mi número y el chip. Huelga aclarar que esta vez no son descartables, como en la media, algo que fue enormemente criticado. Evidentemente no quieren repetir sus errores. No me pidieron el apto médico, solo mi DNI y el deslinde.
Me decepcionó que este año no dieran pulseras de goma para personalizar. Estoy 100% convencido de que en la radio dijeron que iba a haber, y me ilusionaba que me graben mi tiempo de llegada (cosa que disfruté en la edición de 2011… esa pulsera desapareció en el limbo, quizá se haya fugado junto con mi cinturón hidratador).
De ahí, obviamente, fui al sector donde le estampan tu nombre. Encontré un error muy tonto de parte de la organización, y era que habían ploteado en las paredes del stand remeras de ejemplo, con textos largos, en dos líneas. En realidad solo estampan una línea, pero es increíble que confundan a la gente en lugar de ejemplificar concretamente con las cosas que se pueden estampar. Yo pedí “SEMANA52” (sin espacio) y mientras esperaba 20 minutos a que me la entreguen, me fui a pasear. Me saqué una foto, que pueden ver encabezando este post, donde aventuré que mi tiempo iba a ser 3 horas 23 minutos (o sea, buscando marca). Es un deseo más que un pronóstico. Veremos el domingo.
Tenía ganas de comprarme ese bendito cinturón. Primero me hice de unos geles, y después me puse a buscar los puestos que tenían posnet. El que encontré (eran poquísimos) tenía un cinto exactamente como el que yo quería, con espacio para dos caramañolas, un compartimiento para el celular, las llaves o unas pasas de uva, y se sujetaba con abrojo. El precio no era caro, $280, que me parecían razonables. Pero (siempre hay un pero) no tenían Mastercard. Probamos con la American Express, que jamás en mi vida la usé, y pasó. Puso el precio, y cuando me iba a preguntar si lo quería en cuotas, la vendedora se dio cuenta de que tenía recargo. Desilusionado pregunté de cuánto era, sacó la calculadora, negó con la cabeza y me dijo “No, son como 100 pesos más”. Después de decirle que era un disparate, me fui, cabizbajo y en un mar de llantos, buscando meterme en el barril de la vecindad.
Por suerte terminé todo el trámite muy rápidamente. Todavía no sé cómo me voy a llevar toda la maratón mi caramañola con los geles diluídos… podría ser en la mano, o en un pantalón con bolsillos… podría reconciliarme con el cinto que me compré en Brasil y que solo llevé puesto unos 5 km hasta que me lo saqué. Veremos, estoy evaluando mis opciones. Lo que sí sé es que esta, mi tercera Maratón en la Ciudad, la quiero hacer sin mochila, tal como hice en Atenas y en Río de Janeiro. ¡Este año quiero disfrutar de Buenos Aires y no morir de calor con eso en la espalda!

Publicado el 11 octubre, 2013 en Buenos Aires, Expo Maratón, fotos, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, maratón. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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