Semana 2: Día 10: El click

A veces me pregunto si debería hacer más marketing con el blog y meter términos como anzuelo. Cuando me entrevistaron del programa Lado B, co-conducido por Úrsula Vargués, lo comenté en el post y cayó mucha gente porque buscaba info de esa bella mujer. Hoy quizás alguno caiga creyendo que vamos a hablar de El Click, la obra mega erótica de Milo Manara, sobre un dispositivo que suelta toda la lujuria de las mujeres. Pero a ellos los voy a desilusionar.
El click no se refiere a esta historieta europea, sino al instante en que algo se quiebra en nuestra cabeza y se planta la semilla de un cambio. Yo tengo varios recuerdos de situaciones que después entendí como cruciales para estar donde estoy hoy (blogueando en el tren). Pero hay uno que es clave y me resulta muy ilustrativo.
Yo trabajaba en una oficina, de traje. Lo odiaba con todo mi ser. Tenía 20 años, me acababa de separar de mi novia de la adolescencia y McDonald’s era mi fuente de felicidad. Con mi grupo de amigos nos juntábamos una vez por semana para charlar, comer porquerías y jugar las cartas. Yo, al igual que ahora, siempre me quedaba dormido (para los que creen que es algo relacionado con el vegetarianismo).
En el grupo estaba Fito, un asombroso dibujante, que además del cine tiene al fitness como hobby. En una reunión en particular, en su casa, vi uno de esos cinturones que se ponen los profesionales para levantar mucho peso. Es como un cinto de cuero, que me remite a los forzudos de la lucha libre. Y como todo amigo que revisa y prueba todo, me lo quise poner… y no me entraba. Metí panza, hice fuerza, pero era físicamente imposible. Yo sabía que Fito estaba en forma… ¡pero no que yo estaba tan fuera de estado!
Esa tontería me deprimió mucho. Sentía que ese cinturón representaba todas las cosas a las que nunca iba a llegar. Pero la connotación negativa se la estaba dando yo. No lo entendí en ese momento, pero empezó cambio de mentalidad en mí. Poco después tuve gastritis, seguramente ayudado por la porquerías que comía. Empecé una dieta líquida (por orden médica), y de ahí seguí cuidándome. Me armé una vieja máquina para hacer ejercicios que estaba en desuso y comencé UBS rutina diaria de una hora. Los domingos descansaba. Casi inmediatamente después me hice vegetariano. El entrenamiento con pesas y el running aparecieron y desaparecieron de mi vida intermitentemente, pero esa experiencia de ejercitarme y modificar mi alimentación, nació de una decepción.
De eso pasaron como 15 años. Me junté hace poco con Fito y recordamos esa anécdota del cinturón. Él creía que ahora mi cintura era más delgada que la suya (sigue entrenando y dibujando como los dioses), y lo remarcable era que hablábamos de lo que antes había sido un trauma para mí como algo divertido.
La moraleja de esta historia podría ser que por más que pasemos por algo que nos bajonea, podemos usarlo de disparador para el cambio. No importa si nos deprimimos, lo que cuenta es cómo lo vamos a ver el día de mañana. Ese fue mi click, no lo vi tan claro en aquel entonces, pero hoy me alegra haberlo sentido y no haberlo dejado pasar.

Publicado el 7 octubre, 2013 en determinación, Entrenamiento, http://schemas.google.com/blogger/2008/kind#post, motivación, musculación, nutrición. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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