Archivos Mensuales: octubre 2013

Semana 5: Día 34: 179,80 km en un mes

Rara vez me quedo conforme con el kilometraje que sumo en un mes. Pero no es ajeno a mi sobreexigencia, porque siempre pienso que pude haber dado más. Creo que por ser este el primer mes de estas nuevas 52 semanas, me voy a flexibilizar un poco y diré: es aceptable.
Octubre fue el mes de la maratón, sin dudas la mejor de mi vida. He tenido meses mejores, pero nunca una carrera mejor. ¿Me puedo dormir en mis laureles? Sí, un poquito.
Quizá podría haber corrido más, pero no quedé al 100% después de los 42 km. No sé si fue que no me recuperé del todo o que se me sumó a mucho trabajo, y al no descansar como debería me cuesta dar más. Pero bueno, tengo meses en donde recorrí distancias mucho menores. Lo que a mí me llama la atención es que tengo muchas ganas de volver a participar de una carrera. La que sea, en lo posible de aventura.
Algo que también puede haber influido en el cuentakilómetros es que en los entrenamientos estamos haciendo mucha musculación. Mientras que a veces hacemos 13 o 15 kilómetros, ahora quizá llegamos a 8 y el resto es “suelo”: flexiones, abdominales, sentadillas… A veces, al final, como “premio”, nos juntamos con los chicos a colgarnos de las barras. De a poco voy durando más tiempo colgado. Encontré en ese ejercicio algo complejo, con muchas posibilidades de explorar y mejorar.
Noviembre, lo adelanto, va a ser un mes magro en cuanto a kilometraje. Voy a correr poco porque el trabajo va a empezar a acumularse con la cercanía del viaje, y allá voy a intentar correr un poco, pero no creo que sume más de cuatro o cinco entrenamientos en suelo europeo. Así que probablemente el índice quede a la baja, y en diciembre repunte con todo, ya descansado y volviendo a los fondos largos para la Espartatlón. Siempre los meses de verano son en los que más corro, y esos detalles estadísticos son los que hacen que el cuentakilómetros valga la pena. Vean si no:

Diciembre 2011: 164,29 km
Enero 2012: 208,25 km
Febrero 2012: 290,93 km
Marzo 2012: 230,27 km
Diciembre 2012: 249,77 km
Enero 2013: 323,03 km
Febrero 2013: 321,88 km
Marzo 2013: 335,60 km

¿Cómo será este verano? Vamos a averiguarlo. ¿Por qué hago fondos largos en la época más calurosa del año? Falta de previsión, más que nada.

Semana 5: Día 33: La fuerza de voluntad

Se supone que tengo fuerza de voluntad. Eso me dicen constantemente. Que me admiran. Que soy un ejemplo. Que no pueden alcanzar mi nivel de compromiso. Pero… ¡esas personas no viven en mi cabeza!
Uno es su peor crítico. Yo soy despiadado. No he llegado al punto de darme azotes, pero mientras recibo comentarios era elogiosos, siento que nunca alcanzo mis estándares. ¿Será que es un círculo vicioso (o virtuoso) y que mi inconformismo me ayuda a seguir esforzándome? ¿O la fuerza de voluntad es no tener ganas de hacer algo y hacerlo igual?
Viajo en menos de tres semanas. Eso hace que me estrese mientras el trabajo se acumula. Y no me queda tiempo para entrenar. Entonces como. Creo que un paquete de galletitas (veganas) me van a dar paz. Y la obtengo, hasta que se acaban (7 minutos después). Entonces me da culpa haber comido solo por las ganas de hacerlo.
Desde que empecé el gimnasio falté algunas veces, pero en promedio fui 3 veces por semana. Mi idea era que fuesen 5, pero a veces me dejé vencer por los fatiga. Otras logré vestirme y salir… y no siempre fue fácil. Las veces en que encontré una excusa para quedarme, me pregunté “¿Dónde quedó esa fuerza de voluntad de la que hablan?” (estados de incertidumbre como estos también pueden ser aplacados con comida).
Si tengo que ser objetivo, cosa que me cuesta serlo conmigo, debería decir que lo que cuenta es el resultado. Si así pude mejorar mis tiempos y cambiar mi físico, no hace falta ser tan duro conmigo mismo. Pero inmediatamente pienso lo que podría haber obtenido si hubiese tenido más constancia. Es ver el vaso medio vacío, o en equivalente en el running, que sería contar cuantos kilómetros faltan en lugar de cuántos hicimos.
Llevo tres meses de gimnasio, que podría ser el lapso de tiempo ininterrumpido más largo de mi vida. Para mí es una novedad. Y me costó mucho. No sé si tener fuerza de voluntad hubiese sido no servir enfrascado en un proyecto laboral y salir la calle.
Lo que me pasa, que es lo que pienso cuando me felicitan, es que a mí me cuesta ser así, y no entiendo si se dan cuenta y eso es lo que destacan, o si la admiración pasara porque creen que esto me resulta “fácil”. Este es el motivo por el que me pregunto “Si a mí me cuesta, y no estoy satisfecho pero intento seguir… ¿por qué no podrías hacerlo vos? También te va a costar y probablemente tampoco estés satisfecho”. Pareciera ser algo grosero para decir. Pero yo no tengo ningún secreto ni nada que a mí me resulte admirable. Creo que lo que yo hago lo puede hacer cualquiera que se lo proponga.
No sé si existe una “fuerza” que hace que doblegues a tu propia voluntad. Me parece que no nos podemos obligar a hacer lo que no queremos. Si deseamos algo, es cuestión de ir a buscarlo y tener paciencia.
Y permítanme disentir si alguna vez me dicen que admiran mi fuerza de voluntad. Yo voy a estar pensando que nada te diferencia de mí, más que el hecho de que yo hago pública esta puja interna mía en un blog.

Semana 5: Día 32: El descanso

¿Influye el descanso en el rendimiento? No tengo ningún estudio a mano, pero estoy convencido de que sí.
Nunca intenté correr una carrera sin dormir. He hecho grandes esfuerzos, y llegué a la conclusión de que poco tiene que ver con el “tipo” de alimentación, sino con la calidad. Pero hay algo en mí, químico o genético, que hace que me desmaye por la noche, después de cenar. Mis compañeros de grupo en los Puma Runners tienen varias colecciones de fotos mías que me sacaron durante cenas o algún viaje. Qué le encuentran de fascinante a tener una imagen mía babeando, nunca lo voy a entender.
Más allá de esto, tengo días en que me le animo a cualquier desafío, y otros en donde el cuerpo no me responde (y, como aclaré antes, a mi juicio poco tiene que ver con la comida). Llegué a la conclusión de que lo que influye es el descanso. Últimamente no llego a dormir las 8 horas reglamentarias, y a veces ni siquiera llego a 6. Estas últimas semanas han sido difíciles: mucho trabajo y ninguna gana de perder un día de entrenamiento. Así fue que pasé a tener entre 5 y 6 horas de sueño.
Ayer, puntualmente, Germán (nuestro entrenador), nos dio una buena paliza. Abdominales, flexiones, sentadillas. Bastante por encima de lo habitual. Aunque pude hacer todo, me sentía terriblemente cansado. Mal. Pensé que podía llegar a ver el volumen de trabajo, pero me di cuenta de que tenía que ver con dormir poco. No me termino de recuperar. Me duelen los músculos como si acabara de empezar, y me doy cuenta de que las cosas me llevan un esfuerzo superior al que estoy acostumbrado.
No me queda otra que comprobarlo de una forma que sea sana para mí: durmiendo más. Es una resolución que me gustaría respetar. Seguramente el descanso es algo que subestimo, porque creo que así el día me va a rendir más. Pero un gran problema para los atletas es cuando el cuerpo nos pasa factura, y tenemos el extraño don de ignorarlo. Deséenme 8 horas de sueño. Nos vemos del otro lado.

Semana 5: Día 31: El don del tiempo

Hoy tuve mi momento narcisista en el vestuario del gimnasio, que es cuando paso delante del espejo y me miro el físico: lo suficiente como para captar detalles, pero lo bastante rápido para que nadie se dé cuenta.
Me trasladé no mucho tiempo atrás, sino cuando retomé hace tres meses. Noté una diferencia respecto a aquel entonces y es que ahora se me marcan las abdominales sin que las esté trabando. Es un objetivo cumplido para mí y me pone contento, por más que la humildad me haga disimularlo.
Y me puse a pensar que tres meses es poco tiempo. Pasó relativamente rápido, y quizá ayudó haber ido al gimnasio con mucha frecuencia para tener esta sensación. A algunos 90 días les puede parecer mucho… y quizá lo sea. Pero se consigue mucho con un único secreto (ahí viene, y gratis): la paciencia.
Todos tenemos el don del tiempo. Pero pocos somos pacientes para planificar y esperar. Ahora, en primavera, las plazas y el gimnasio se llenan de gente, a quienes el almanaque les mete presión. Ok, una gran cantidad se acordó ahora de que se viene el verano, pero, ¿por qué no planificar hoy tener el cuerpo deseado para 2014/2015? Un año (o… ejem… 52 semanas) es muchísimo tiempo, pero es razonable para buscar resultados duraderos. Los cambios inmediatos no existen. No hay dietas mágicas, ni suplementos, ni ese “secreto” para tener un físico escultural que nos quieren vender en la Internet.
¿Por qué buscar todo para mañana? Tenemos el don del tiempo. Usémoslo y en unos meses (o en 52 semanas) todo eso que hayamos logrado dejará de ser un cambio instantáneo y pasará a ser parte permanente nuestra.

Semana 5: Día 30: Un fondo en día de elecciones

Para los siete lectores extranjeros de este blog, les cuento que hoy hubo elecciones legislativas en la Argentina. La gran novedad fue que se votaron primarias y ahora eran las elecciones definitivas. Es pronto para saberlo, pero al parecer en dos meses hubo algunas personas que cambiaron su voto. No fue mi caso, aunque esta vez elegí al Partido de la Red para la Legislatura Porteña, y no tengo idea si entró aunque sea uno.
Estas elecciones legislativas me agarran recién mudado, por lo que la escuela que me asignaron para el sufragio está lejos de casa. No demasiado, en tren o subte, en las primarias, tardé media hora en llegar. Pero como me hice el banana y fui al mediodía, creyendo que todos se quedaban almorzando, me comí una cola de más de una hora. El colegio estaba repleto de gente, y mi turno no llegaba más.
Hoy me tocaba volver, en la votación ya definitiva, y como todavía no me acostumbro a este sistema nuevo, me fastidiaba un poco tener que volver a elegir a los mismos candidatos. Pero de pronto me surgió una idea, que podía hacer más interesante el trajín: ¿y si iba a esta escuela corriendo? En un principio pensé que me iba a dar vergüenza llegar a mi mesa todo transpirado… pero, ¿por qué me tiene que avergonzar hacer lo que me gusta? El día había amanecido soleado, y tenía la panza llena con mi avena del desayuno. Era cuestión de calzarse las zapatillas, ponerse el cinturón hidratador, y salir.
Pero ayer entrenamos muy duro, haciendo cuestas con peso, así que eso me hacía dudar. Además estoy adelantando trabajo por el tema del viaje… con tantas dudas, resolví hacer algo que siempre me funciona a la hora de decidir si entrenar o no… lo hice igual.
La ciudad estaba prácticamente vacía. ¿Es así todos los domingos por la mañana y yo no lo sabía? En medio del concreto, el Garmin tardó en encontrar señal de GPS, pero cuando enganchó, salí. El tobillo izquierdo me dolía, como si me hubiese torcido el pie. No me había pasado, solo tenía la fatiga del día anterior.  Pensé que en cualquier momento podía tomarme el tren, porque iba a correr por Libertador y eso es paralelo a las vías (aunque solo dos estaciones me separaban del destino). No tenía idea de la distancia, ni tampoco sentía la presión del tiempo. Era solo hacer un fondo para sumar kilómetros y hacer la excursión hasta la mesa de votación a pie.
MI técnica con los dolores, que quizá no sea la mejor, es esperar y ver qué pasa. Muchas molestias desaparecen corriendo, y esa vez no fue la excepción. Lo venía controlando, y a los 3 km y medio ya no dolía más. Como dije antes, la ciudad parecía vacía, y solo estaba activa en las cercanías de alguna escuela. El sol estaba alto, radiante. Un día espectacular para entrenar.
Intenté no mirar el reloj más que para ver el kilometraje. Nada de tiempos ni de velocidades. Llegué al colegio donde estaba asignado y si tuve que esperar 5 minutos, es mucho. Felizmente pude salir y retomar mi fondo. Terminé llegando a casa después de hacer 20 km (entre ida y vuelta) en menos de 2 horas, contando el voto y las veces en que me tenía que detener por un semáforo. Al finalizar sentí que había aprovechado mucho el día, votando temprano y corriendo. Descubrí que los fondos improvisados son de los que más me gustan. Levantarse a la mañana, con un día espectacular, sin tener nada planeado, y resolverlo en el momento, me hace sentir verdaderamente vivo.

Semana 5: Día 29: La primera maratón

primera_maratón
Hace muchos años, Pierre de Coubertín, principal impulsor de la Educación Física en Francia, decidió crear los Juegos Olímpicos Modernos y así recuperar los ideales deportivos de la Grecia Clásica. Entre el 6 y el 15 de abril de 1896 en Atenas. Coubertín, además de presidir el Comité Olímpico Internacional y crear esta tradición cada cuatro años, fue el que acuñó una famosa frase que decimos con frecuencia: “Lo importante no es ganar, sino competir”.

A pesar de muchas dificultades, los primeros Juegos Olímpicos fueron un éxito. A la fecha, fue el evento deportivo de mayor participación internacional. El Estadio Panathinaikó, el primer gran estadio del mundo moderno, vio rebasada su capacidad.
Cuando se acercaban los primeros juegos, el francés Michel Bréal le sugirió a Coubertín hacer una gran prueba de fondo con el nombre de la legendaria batalla de Maratón. Debatieron qué distancia hacer, si la que unía Atenas con Esparta, de 240 km (hoy la mítica Espartatlón) o la de los 39 km que unen la capital con la ciudad de Maratón. Optaron por la segunda, y esta prueba se convirtió en la favorita y la más esperada por el público.
Recién a cuatro kilómetros del final, el local Spyridon Louis tomó la delantera y le sacó siete minutos de ventaja al segundo. Cruzó la meta a las 2 hs 58 minutos y 50 segundos, aunque solo había corrido esa distancia una vez anteriormente, para la preselección. Había llegado en quinto lugar, con 3 horas 18 minutos. Este humilde pastor griego sorprendió a todos al llegar en primer lugar. Más de 100 mil espectadores hicieron temblar el Panatheinakó cuando se alzó con la gloria. La carrera se inició el 10 de abril a las 14:00 con un disparo de pistola del Coronel Papadiamantopoulos. Compitieron 17 corredores de los cuales 12 eran griegos. El segundo fue Kharilaos Vasilakos y el tercero Spiridon Belokas, quien fuera descalificado cuando se descubrió que hizo parte del recorrido subido en un carro (el broncepasó al húngaro Gyula Kellner). Muchos tuvieron que abandonar en el camino, exhaustos.
Cuenta la leyenda que Spyridon Louis, todavía más rezagado, llegó a Pikermi, se detuvo en una taberna, tomó un vaso de vino y aseguró a los presentes que no se preocuparan, que iba a ganar la carrera. Obviamente que el griego se convirtió en un héroe nacional. El rey de Grecia le propuso aceptar cualquier regalo que se le ocurriera, y el campeón pidió un carruaje con asno para su negocio de transporte de agua. Los regalos le llovieron por todas partes, como por ejemplo el afeitado y corte de pelo durante un año en una barbería. Curiosamente, Spyridon no volvió a competir nunca más. Falleció siendo un hombre acaudalado, el día 24 de marzo de 1940, a la edad de 66 años.
Como podemos ver en la foto que ilustra esta entrada, los primeros maratonistas no corrían con musculosa, ni las últimas zapatillas Asics. Ni siquiera tenían pantalón corto. Parece difícil imaginarse esa época, en la que mensajeros en bicicleta y a caballo iban desde la delantera hasta el palco real en el estadio para informar cómo venía la maratón. Mientras nosotros nos preparamos durante meses, ellos solo corrieron una vez para preclasificar. Las mujeres tenían vedadas las competencias, los caminos eran de tierra, y no necesitaban geles ni vaselina para llegar a la meta. Pero una cosa se mantiene, inmutable: el coraje de los atletas y la determinación para avanzar hasta alcanzar los propios límites.

Semana 4: Día 28: Cómo correr (realmente) en una cinta

Esta es una práctica guía que escribí en mi cabeza el día de hoy, mientras hacía 10 minutos de cinta a 12 km por hora. La “distancia”, “calorías” y “ritmo cardíaco” que indica la máquina son absolutamente falsos, así que no se guíe por números azarosos y sí por lo que le dice un desconocido en un blog.
1. Busque la mejor máquina del gimnasio, según su antojo. Esta puede ser la que esté más cerca de la tele o más lejos, dependiendo del volumen de la misma y de su capacidad para no distraerse.
2. En verano, colóquese debajo o junto al ventilador. Correr en cinta, sin la brisa que se produce al avanzar, es muy caluroso, y va a transpirar más de la cuenta.
3. En invierno, colóquese lejos de la estufa. Correr en cinta, sin la brisa que se produce al avanzar, es muy caluroso, y va a transpirar más de la cuenta, aunque afuera hagan 3 grados.
4. En primavera, colóquese debajo o junto al ventilador y/o lejos de la estufa. Correr en cinta, sin la brisa que se produce al avanzar, es muy caluroso, y va a transpirar más de la cuenta, y en primavera hay días que se muere de calor y días que hace un frío de aquellos.
5. En otoño… ídem anterior.
6. Para simular la resistencia de correr en la calle, ponga una inclinación de un grado. Usted creerá que todo este post está escrito en tono de broma, pero le estoy hablando en serio.
7. Ajuste la velocidad a su antojo. Las máquinas tienen programaciones para ejercitar resistencia, pero en este blog corremos en cinta emular la calle, y si queremos hacer que entrenamos en montaña, nos vamos a la montaña.
8. Mire de reojo la velocidad de la máquina del compañero que tenga a su lado, y corra siempre a 1 km por hora más que él.
9. Si tiene a otra persona a su lado, elija la más fácil de vencer. No importa que sea una cinta, usted siempre está compitiendo con su par.
10. Las máquinas tienen que romper la inercia y hacerlo con usted parado encima las puede averiar. Lo ideal es que arranque sola, sin su peso, y que se suba cuando esté en movimiento. En serio. No intente subirse si está a gran velocidad, a menos que alguien lo esté filmando y después lo suba a Youtube para que nos riamos todos.
11. Asegúrese de tener una toallita cerca, preferentemente colgada en la misma máquina. Va a transpirar como un marrano y pasarán cosas bochornosas como hacer una fuerte exhalación mientras las gotas de sudor caen sobre su rostro, y salpicar todo el panel. La toallita es para secarse la frente, y si fracasó en esto, para secar la máquina.
12. Si se va a subir a la cinta para caminar y afuera hace un lindo día, usted no entendió nada. La cinta es para entrar en calor o para no perder el entrenamiento si afuera llueven meteoritos. Para caminar 20 minutos, lo puede hacer afuera mientras produce vitamina D gracias a la exposición al sol.
13. Si es de los que se distrae con la televisión, procure colocarse en un ángulo cómodo, en el que no tenga que girar o darse vuelta cada vez que Gimnasia hace un gol. Puede perder el equilibrio, caer y salir disparado.
14. Aproveche las ventajas de correr en cinta. ¿A cuántos kilómetros por hora máximo puede correr? ¿Por cuánto tiempo? Haga cambios de ritmo. Póngase metas, como sostener una velocidad por tantos metros o minutos. El tablero electrónico, además de recordarle al DeLorean de Volver al Futuro, puede servirle de marco de referencia.
15. Ignore todos los puntos anteriores y haga lo que sienta (pero lo de poner la inclinación a 1 grado es en serio).

Semana 4: Día 27: La mini-corredora

¿Cuál es la edad para empezar a correr? Básicamente, cuando obtenemos el uso de nuestras piernas. Aunque a muchas madres les horrorizará esta historia como si se tratase de apología del delito, incluso los niños ponen sus propios límites en cuanto a la cantidad de ejercicio que realizan. Keelan Glass, de seis años, acaba de convertirse en la corredora de media maratón más joven del mundo, con seis años.
Existen otros casos de infantes que completan los 21 km, pero no estaban nomenclados por la ARRS (Asociación de Estadísticos de Carreras de Calle, por sus siglas en inglés). Lo cierto es que esta nena completó la distancia en 2 horas 47 minutos, y llegó en el quinto puesto de diez corredores en la categoría menores de 14 años. Era para la Showdown Half Marathon en Fairview, Texas, cuya finalidad era recaudar fondos para un centro de embarazo de la ciudad. La hazaña cobra más dimensión cuando nos enteramos de que el resto de los niños tenía de 12 años para arriba.
Hija de padres triatletas, es lógico entender su entusiasmo. Su mamá aseguró que nunca la forzaron a seguir, y aseguran que ni siquiera estaba agitada al cruzar la meta. De hecho, Keelan ni siquiera entiende lo que hizo. Al principio acompañaba a sus papás en un carrito, hasta que se volvió tan ansiosa que empezó a andar en bicicleta a su lado. En un momento pidió correr con ellos. Consultaron a médicos que le dieron el visto bueno, y corrió 5 km a los 4, 10 al año siguiente, y ahora la media maratón. Su próxima meta es terminar los 42 k a los 10 (aunque su mamá se encargó de aclarar que le parece demasiado pronto).
¿El momento favorito de la nena? Cuando anunciaron su nombre en la llegada, y dieron a conocer el monto que había recuadado: 3 mil dólares. Ella encuentra divertido correr y así ayudar a otros. Pero, por supuesto, hubo voces de protesta. William Moore, pediatra de Dallas, dijo al diario The Morning News que “hay muchas posibilidades de que pasen cosas malas, y pocas de que pasen cosas excepcionalmente buenas”, ya que sus huesos y músculos no terminaron de desarrollarse.
El tiempo dirá cómo sigue la vida de esta jovencísima atleta. Sería genial seguirle el rastro en los próximos años, y comprobar quiénes tuvieron razón: los médicos que la dejaron correr o los fatalistas que encuentran horroroso que un infante haga deportes de fondo.

Semana 4: Día 26: El regreso del muerto vivo

Nunca estuve en una situación de vida o muerte. Las carreras me han llevado al límite, a sentir que las fuerzas me abandonaban, y alguna vez me pregunté cómo iba a salir de ahí. Pero jamás tuve la sensación de que no contaba el cuento.
Hago esta aclaración porque me encantan las aclaraciones innecesarias. Soy de los que usa la muerte como metáfora constantemente, de la forma liviana que lo hace alguien que nunca tuvo una enfermedad grave y que su peor accidente fue quemarse la yema del dedo índice con el encendedor de un auto.
Dicho todo esto, esta semana tuve el cierre del catálogo del LesGaiCineMad, el festival de cine lésbico-gay-transexual de Madrid, que año a año me da euros para malgastar. Y me dejo la vida en ese laburo, durmiendo dos horas por día, trabajando hasta desmayarme frente al teclado… uno se preguntaría para qué hacer eso… después de nueve años encargándome de la imagen de uno de los festivales madrileños más prestigiosos, podríamos organizarnos mejor… pero es así. Gajes del oficio. Esta semana fue fatal, y terminé muerto (en la acepción explicada al principio de esta entrada). Pueden imaginarse la imagen patética, yo sentado en maratónicas sesiones de 16 horas seguidas, viendo el sol salir por la ventana y después ver cómo cae la noche… y yo todavía sentado, diseñando. El blog se vio muy afectado por este ritmo, y también mi vida, ya que no entrenar impide que libere mis tensiones. Solo trabajaba hasta que me daba cuenta que me había quedado dormido, con una terrible tortícolis.
¿Y qué hace uno que está todo el día sentado frente a la computadora? Come. Me puse a pensar por qué, cuando no puedo hacer actividad al aire libre, como más que lo habitual. Y me di cuenta: es una de las pocas actividades que no impide que siga trabajando. Creo que igual como cosas sanas, pero si tengo una mano en el mouse, la otra puede ir picoteando. ¿Qué otra cosa se podría hacer? No puedo levantar pesas, o fortalecer los cuádriceps. Solo puedo estar ahí, quemándome los ojos, con música o la radio de fondo… y no mucho más.
Pero eso no es todo. Mientras armaba el catálogo, maquetaba un libro de historietas de 128 páginas, lleno de diálogos (lo cual aumenta su dificultad). Mientras pasaba material del festival para que corrigiesen, plantaba globitos y corregía textos. Un infierno. Trabajos monumentales que consumen mucha energía por sí solos. Combinados, son fatales.
Hoy a la mañana había terminado el trabajo para el festival y me quedaba todavía pendiente el tomo de historietas. Mentalmente calculé cuánto me quedaba de trabajo por delante para finalizarlo, y ya venía de no correr desde el sábado ni ir al gimnasio desde el viernes. Me dolía la cabeza y no tenía más energía. Pensar en correr o levantar peso me parecía imposible. En mi cabeza seguía repitiéndome esa macabra metáfora: “estoy muerto”. Me pareció que hacer musculación así, mal dormido cansado y quemado era una tontería.  Eran las 9 de la mañana y ya llevaba 3 horas trabajando. Dije “Ma’ sí…”, me calcé y salí para el gimnasio.
En el camino pensaba si correr en la cinta o no. Quizá era demasiado… por ahí podía levantar pesas más livianas que de costumbre… hacer algo tranqui, porque estaba volviendo. Pero cuando estaba corriendo, me sentí espectacular. Como si hubiese estado contenido y me hubiese liberado. Después de esa entrada en calor de 10 minutos a 12 km por hora, me fui a levantar la barra de pecho. Quise empezar con un peso moderado, pero me resultó poco y le tuve que agregar más. Hice tríceps, dorsales, hombros, abdominales… hasta me colgué un rato para hacer espalda, solo por capricho. Me resultó increíble la energía que tenía. Me duché (después de comerme mi sándwich de tofu) y mientras iba caminando por la calle, con el sol del mediodía calentándome, pensé “esto es lo que se siente estar vivo”. Realmente entrenar me revivió. Ya venía de maratónicas sesiones frente a la computadora, muerto de cansancio… y hacer algo que básicamente es desgaste físico me devolvió a la vida.
¿Cuántas veces dejé pasar cosas así porque me sentía cansado? Esta experiencia se suma a una larga lista que confirma que uno nunca se arrepiente de entrenar. No importa la circunstancia, si estoy cansado o deprimido. Levantarme de esta silla y salir a la calle para entrenar se termina convirtiendo, siempre, en mi momento favorito del día.

Semana 4: Día 24: El desánimo

“La diferencia entre lo que sos y lo que querés ser es lo que hacés”. Hace poco leí esa frase y creo que me la tatuaría. Es una de las cosas más poderosas que entraron por mis ojos, tan obvia y a la vez tan cierta. ¿Queda algo más por decir? Me gustan las frases motivacionales, admiro a las personas que vencieron las adversidades y dedican sus vidas a ayudar a otros para que se superen a sí mismos. Este blog empezó con un objetivo experimental pero a la vez narcisista, y después mutó en una vidriera de mi vida que podía ayudar a otras personas.
Cuando me para un desconocido y me saluda, o me dice que lo incentivé a salir a correr, me lleno de orgullo. E intento preguntarme si yo hubiese leído un blog diario de running. Probablemente no, pero porque no me daría el tiempo (no saben lo complicado que es entrenar, comer, trabajar y socializar con el agregado de tener que actualizar Semana 52). Cuando los cambios en mi rutina se empezaron a reflejar en mi cuerpo, empecé a meterme en el desánimo. Faltaba que una persona en una reunión dijese que estaba demasiado flaco para que empezaran los comentarios de obsesión, anorexia y los problemas de salud que “trae” correr.
Al parecer a la gente le da pánico lo desconocido. Eso que altera el status quo es el enemigo. Obvio que no es la mayoría. Pero muchísimas veces escuché lo de “si corrés te crece el corazón y te morís”. Es inevitable enfrentarnos a estas cosas, pero creo que nos afectan en mayor o en menor medida de acuerdo a nuestros propios motivadores. ¿Por qué entrenamos? ¿Para que los demás nos acepten? Entonces con poco nos van a tirar abajo. Lamentablemente entendimos todo al revés, y destacarnos es algo que va a encontrar resistencia en algunas personas. Así como nos agrupamos por intereses comunes (porque somos familia, porque fuimos juntos a la escuela, porque pertenecemos al mismo equipo de fútbol), siempre elegimos la diferencia para etiquetar al otro: gordo, pelado, negro, colo, chino… todos esos rasgos externos que nos diferencian del resto pasan a ser un apodo. Para muchos, que lo que nos destaca sea el deporte, la vida sana o la superación física, también puede convertirse en motivo de burla o de rechazo.
No dudo que fuerzas externas nos pueden servir de ayuda para progresar, pero esos solo son estímulos que sacan a flote lo que ya está adentro nuestro. Si leíste en este blog algo que te hizo dar ganas de hacer algo, fue porque ya estaban las bases. Nadie entra acá por accidente y a los 5 minutos está trotando por el barrio. Si la fuerza motivacional está ahí adentro, bien arraigada, no importa lo que digan los demás. Posiblemente podamos transformarlo en un estímulo más para seguir superando metas. Y así, aunque no podamos escaparle al desánimo, siempre vamos a tener la opción de transformarlo en algo que juegue a nuestro favor…

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