Semana 51: Día 352: Una experiencia de carrera (o “El Método Perelman”)

Pablo Perelman es un corredor aficionado que un día decidió escribir un blog sobre las cosas que lo apasionan. Pueden ver que, de entrada, él y yo tenemos muchas cosas en común. También corrió la Media Maratón de la Ciudad de Buenos Aires hace una semana y tuvo una experiencia de película, con situaciones muy divertidas. Como si fuera poco, su análisis es muy bueno, en especial el método que inventó (que lleva su apellido) para correr una carrera relajado y disfrutando la experiencia (ahí empezamos a distanciarnos, porque yo arranco siempre desesperado y preocupado por el reloj).

Le pedí autorización para compartir en Semana 52 su crónica, que me sacó varias sonrisas y un par de carcajadas. Les recomiendo que visiten su blog Correlatos, porque no tiene desperdicio. Ahora sí, los dejo con su texto:

Método Perelman para mejorar los tiempos en carreras de calle masivas

Llegó la hora de comenzar a utilizar este espacio, así que vamos a intentarlo. Ayer corrí la media maratón de Buenos Aires, que para los que no son corredores, tiene, como todas las medias maratones una extensión de 21 km. Si no son corredores no abandonen la lectura de este post, que quizás algo de lo que se dice les termine interesando. Por otra parte ser no corredor (como también serlo) son estados eventuales, ya que de un día para el otro se comienza a correr y de la misma manera se abandona la actividad.

El Método Perelman para mejorar tiempos en carreras de calle masivas (en adelante el método Perelman) nació por accidente. Sucede que ayer me quedé totalmente dormido y en lugar de despertarme a las 5:30, como tenía previsto, lo hice exactamente una hora después. La alarma del celular la apagué estando dormido, y tampoco escuché la radio del equipo de música que había programado por si fallaba el teléfono. El sábado me había acostado muy tarde, así que no me llamó la atención quedarme dormido. Respiré aliviado al ver que eran las 6:30 y no las 9. Me vestí y desayuné a los piques y a las 7 estaba saliendo de mi casa. Lo primero que pensé era que en el mismo momento que emprendía el camino hacia la largada de la carrera, mis compañeros de running team estaba sacándose la foto grupal. Pero el problema más acuciante era que tenía que encontrarme con una amiga – Gaby Bianchi – para pasarle el kit de otra amiga – Perla – que no podía correr la carrera porque había caído en cama un par de días antes.

Empecé a buscar un taxi mientras trotaba por la Avenida Las Heras rumbo a Plaza Italia, y el panorama se presentaba más que complicado, ya que ni siquiera pasaban vacíos. Pero cuando estaba llegando a Santa Fé ocurrió una especie de milagro. Un taxi que venía ocupado para a mi lado, el taxista me toca bocina y me hace señas para que suba. Enseguida pensé que era algún compañero de mi equipo “Correrayuda”. Tan convencido estaba que salude al flaco que estaba sentado en el asiento de atrás con un beso y percibí en él cierta incomodidad. El taxista me aclaró que la idea de subirme había sido suya (no te hagas problema pibe que vos no pagás nada). El pibe de atrás resultó ser un americano de Boston, Misha, que hacía apenas dos semana que estaba viviendo en Buenos Aires por trabajo. Por su reacción podría afirmar que aun no está muy familiarizado con saludar con un beso a hombres desconocidos que se suben a su taxi. A las pocas cuadras la situación se volvió aun más cosmopolita, porque el taxista volvió a parar para subir a una rubia preciosa que tendría unos 30 años. Nina resultó ser una diplomática dinamarquesa que trabaja en la Embajada de su país, que hace dos años y medio que vive en Buenos Aires, y que está apunto de abandonar la carrera diplomática para casarse con un porteño del que se enamoró hace poco más de un año. Nos contó que pensaba tardar 1:30 (un tiempazo para una mujer) porque no estaba bien entrenada.

Llegamos a destino y el bostoniano se negó firmemente a compartir el costo del viaje. Me despedí de mis compañeros de taxi y comencé a trotar hacia la zona de largada para encontrarme con Gaby, con quién veníamos intercambiando mensajes y llamados. Estábamos a tres o cuatro metros de distancia hablando por teléfono, pero no lográbamos divisarnos.  Hasta que finalmente nos topamos de frente y le entregué el kit de Perla. En ese momento eran las 7:30 pasadas y yo no había entrado en calor, ni dejado en el guardarropas un buzo que no quería cargar durante toda la carrera.

Entonces decidí relajarme. Fui al guardarropas e hice una entrada en calor corta de menos de 10 minutos. Entre una cosa y otra recién traspasé la línea de partida 15 minutos después de la largada oficial. Muchas veces había pensado que largar cuando la carrera ya estuviera empezada podía tener sus ventajas, así que no lo tomé como un problema sino como una oportunidad de experimentar algo distinto.

En las carreras masivas de calle elegir el lugar desde el cual se larga es un tema complicado, por lo menos para el 70% de los corredores. Los que tienen una cantidad apreciable de carreras creo que saben de que estoy hablando. Ubicarse muy cerca de la línea de largada, en el medio o al fondo, con todos sus gradientes, tiene sus ventajas y sus desventajas.

Si uno no pertenece al grupo privilegiado de los más rápidos que pelean por los podios o al menos por lograr una muy buena performance en su categoría, colocarse muy cerca de la meta tiene sus inconvenientes. En primer lugar hay un primero que podríamos definir como ético. Si no somos corredores muy rápidos, ponerse cerca de la línea de largada lo que hace es molestar a los más rápidos que se colocaron detrás de uno. Es sumamente molesto sentirse un obstáculo y que para pasarnos nos hagan a un costado a los codazos, mientras nos claven una mirada de desprecio y alguna que otra puteada. Por otra parte, como durante por lo menos los dos primeros kilómetros casi todos te pasan, desde el punto de vista anímico es un golpe a la autoestima y uno corre el riesgo de desanimarse.

Entonces, una vez que nos dimos cuenta que ponerse demasiado adelante no sirve, en la próxima carrera tratamos de colocarnos en un lugar acorde a nuestro ritmo. Incluso, en algunos casos (recuerdo por ejemplo algunas ediciones de la Nike) cuando el corredor se inscribe le preguntan por su tiempo estimado, y le dan una pulserita para que se ubique en el lugar que le corresponde a su ritmo de carrera. Esto funcionaría muy bien si la gente fuera honesta en el tiempo declarado y además se ubicara en el espacio asignado (cosa que por otra  parte nadie controla). Pero en la práctica, son muchos los que no respetan la consigna, y se cuelan con la ilusión de mejorar un par de minutos su tiempo en la competencia. Entonces lo que ocurre es que en la largada se produce el efecto congestionamiento. Salvando las distancias, es algo parecido a salir durante un cambio de temporada rumbo a la costa: la salida de Buenos Aires suele ser un infierno y por momentos no hay otra solución que ir a paso de hombre. Entonces, ahora que largamos en el lugar que teóricamente nos correspondía, somos nosotros los que estamos tratando de abrirnos paso a los codazos y puteadas, o los que buscamos encontrar espacios alternativos, de la misma manera que los automovilistas se meten en la banquina. El congestionamiento suele prolongarse por lo menos hasta los dos primeros kilómetros, y a veces vuelve a producirse más adelante cuando el sendero se estrecha. Si bien es una situación frustrante, de tan acostumbrados que estamos lo tomamos como un inconveniente casi inevitable de estas carreras multitudinarias. Ni hablar si llegamos a ultimo momento y debemos colocarnos al final de la gran hilera: en este caso el efecto congestionamiento se potenciará al máximo. En conclusión, si uno se anotó en una carrera para buscar su plusmarca individual u obtener un buen tiempo, el congestionamiento es un enemigo que seguramente conspirará contra ese objetivo. En una competencia muy larga como el maratón ese problema se diluye, pero en una de diez kilómretros puede significar que hasta la tercera parte de la carrera no se pueda realmente despegar. En un medio maratón se da una situación intermedia, pero el problema no es desdeñable. El congestionamiento siempre trae aparejado que el tiempo final sea mayor al que potencialmente se podría haber logrado. Ni hablar si el corredor una vez que el panorama finalmente se abre intenta compensar el tiempo perdido, porque corre el riesgo de fundirse y terminar muy mal los últimos kilómetros.

¿Y qué pasa si decidimos largar una vez que la carrera ya empezó hace una buena cantidad de minutos? Para los corredores de elite y los amateurs que buscan podios, este método claramente no les sirve, debido a que los podios se entregan según el tiempo oficial, que contabiliza cuánto tarda el corredor en transponer la línea de llegada, tomando como punto de partida la largada oficial. En otras palabras, la carrera la gana el primero en cruzar la meta, por más que el segundo haya tardado un segundo menos de acuerdo al llamado tiempo neto (que comienza a computarse cuando el corredor efectivamente pasa por la línea de largada, lo cual es registrado por el chip que provee el organizador del evento). Pero decíamos que estos corredores tienen solucionado el problema ya que se colocan muy cerca de la línea de partida. Es más, en muchas carreras los corredores de elite largan unos metros adelante que el resto, justamente para evitarles que algunos desubicados les provoquen un “efecto tapón”.

Si uno larga 15 minutos después, como me sucedió a mi ayer, el efecto congestionamiento desaparece. No solamente al inicio, sino durante toda la carrera. Por supuesto que nuestro tiempo oficial va a ser muy malo, pero si lo que nos interesa es el tiempo neto (como a casi todos los corredores que conozco) con esta modalidad de largada se tienen muchos segundos y hasta minutos para ganar. Así como el congestionamiento genera malhumor y frustración, tener despejado el camino durante los primeros kilómetros nos permite rápidamente colocarnos en el ritmo de carrera que nos propusimos. Además, otra cosa que sucede y que ayer me encantó, es que durante toda la carrera uno pasa a todos los corredores que vienen adelante. Eso me ocurrió de manera muy notoria durante la primera mitad de la carrera, cuando dejaba atrás a centenares de competidores como si fueran postes. Pero también, aunque ahora me costaba un poquito más pasarlos, a los que rebasé en la segunda mitad y así fue hasta el final de la competencia.

Así como cuando te pasan no te gusta nada, para mi pasar es un placer que me genera un efecto psicológico tremendamente positivo. Correr es precioso, pasar es divino. En síntesis el método puede servirnos para lograr un mejor tiempo en carreras multitudinarias, que por otra parte son la más importantes del calendario.Y si lo que nos interesa es ver como salimos en la general, por sexo y en nuestra categoría, siempre es posible recomponer la información en función del tiempo neto.

Algo que no dije pero que está implícito, es que el método también nos permite dormir hasta una hora más, como lo demuestra mi experiencia de ayer (aunque claro; no siempre pasará un taxi que mágicamente nos invita a subirnos y encima gratis).

Pero como sucede con casi todo, no solo en el running sino también en la vida, también hay desventajas, que es bueno conocer para llegado el momento sopesarlas con los beneficios.

En mi caso, aunque esto no se aplica a todos los corredores, la principal es que me perdí la foto con mi running team, foto que está al final de este post. De todas maneras, bien se puede llegar a tiempo para quedar retratado con los compañeros, empezar la entrada en calor unos minutos antes de la largada y comenzar a correr 10 o 15 minutos después de producida la misma. Aunque en este caso, claro, adiós a la hora extra en la camita.

La segunda desventaja es que uno corre casi toda la carrera acompañado de corredores más lentos y eso puede inconscientemente quitarnos el incentivo que produce la competencia. En mi caso, claramente ayer me pasó eso, agravado porque no llevaba ni un reloj con GPS ni un monitor de frecuencia cardíaca. Y como me olvidaba de controlar los tiempos de cada kilómetro, corrí más de la mitad de la carrera sintiendo que iba a un ritmo mucho más rápido del que cumplí en la realidad. De todas maneras, creo que esto es fácilmente corregible si uno dispone de la tecnología que permite monitorear permanentemente el ritmo al cual estamos corriendo. De hecho, esto no hubiera ocurrido si el viernes en la expo no hubieran vendido cinco minutos antes el Garmin que quería comprarme. La última desventaja ya la mencioné arriba, pero la reitero: este método no le sirve a los que buscan podios. Aunque, ciertamente, en las carreras masivas conquistar un podio es muy difícil si uno no es un corredor de elite.

Bueno. Hasta aquí mis reflexiones sobre el “Método Perelman para mejorar tiempos en carreras de calle masivas”. Se los recomiendo fervientemente. No sólo porque pueden conseguir a igual condición de entrenamiento un tiempo neto mucho mejor, sino fundamentalmente porque sin congestionamiento – tanto arriba de un auto como conduciendo nuestro propio cuerpo – el viaje es mucho más placentero.

Publicado el 15 septiembre, 2013 en Carrera, Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 8 comentarios.

  1. Gracias Martín! Un orgullo enorme aparecer en tu blog. Acabo de temminar mi fondo y estoy corriendo (otra vez) a un almuerzo familiar. Después vuelvo a escribir. Abrazo!

  2. Nuevamente gracias.Mañana te agradezco en mi blogy voy a hablar del tuyo. Todavía no logre (soy de madera) poner que te sigo. Te adelanto lo que voy a decir, mas o menos. “Imaginen que uno se recibe en la carrera de periodismo, y a la semana el New York Times te ofrece sacarte una nota. El sueño del pibe, ¿no? Bueno, así mas o menos me siento yo porque Martín Casanovas haya compartido mi relato de la media maratón de Buenos Aires en Semana 52. Muy feliz.” Un abrazo grande y por tercera vez gracias.

  3. Muy buen relato!
    Me quedo, y seguramente sea mi primer tatoo, la frase “Correr es precioso, pasar es divino.”.

      • Si, y totalmente cierta. Uno se siente Usain Bolt aún sabiendo que es una babosa sobre unas buenas zapas.

        Me olvidé de preguntar. Existe una razón fundamentada para que las mediciones de tiempos se realicen de esta manera? Lo único que veo a favor del ganador es que sabe en el momento cuanto apretar con solo mirar para atrás.
        Si en cambio se hicieran en base a la salida individual (con un margen lógico) no sería tan trágica la largada, y seguramente los segundos en el podio tengan hasta más chances.

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