Semana 50: Día 349: La batalla de Maratón, 2503 años después

atenas17

Muchos historiadores coinciden en que la batalla de Maratón tuvo lugar el 12 de septiembre del año 490 antes de Cristo. Por supuesto que en aquella época no utilizaban nuestro calendario, y no me pregunten cuál era porque eso no lo estudié.

Como cualquiera puede deducir, la batalla que tuvo lugar en estas playas terminó inspirando la carrera de 42 km conocida como “maratón”. El mito dice que el mensajero Filípides corrió unos 40 km para dar aviso a las mujeres atenienses de que los persas habían sido derrotados. Los invasores iban a convertir a todos en sus esclavos (y probablemente a realizar actos muy crueles sobre ellos), y en Atenas era preferible la muerte, así que las madres iban a dar muerte a todos los niños y a suicidarse si no tenían noticias del frente de batalla.

Probablemente haya mucho de ficción mezclado en este relato, pero hay certeza de que esta batalla sí ocurrió, y que los atenienses ganaron no por su número (que era desmesuradamente inferior, al estilo de los 300 guerreros espartanos), sino por su astucia. En lugar de formar en un bloque con varias filas, se formaron a lo largo de toda la costa. Así atacaron a las formaciones invasoras (conformadas por esclavos, que no luchaban con el mismo entusiasmo que quien defendía sus tierras y su libertad), cerrándose en forma de pinza y atacando de todos los costados. Algo que hoy nos puede parecer muy obvio, en aquella época fue una estrategia novedosa que dio vuelta el trablero. El mundo occidental podría haber sido muy diferente al que conocemos si las fuerzas de Jerjes hubiesen conquistado Atenas.

Como ya comenté otras veces, Heródoto, historiador contemporaneo a esta época, cuenta que el mensajero fue a pedir ayuda a los espartanos para enfrentar a los persas, con quienes aparentemente no tenían buena relación. Ellos pusieron de excusa la fiesta llamada “carnea” para no ir a la batalla, pero prometieron que se unirían en pocos días. Quienes tengan presente la película “300” recordarán que el rey Leonidas tenía prohibido ir a enfrentar a Jerjes por este mismo motivo, por lo cual el líder espartano no fue a la batalla con todo su ejército, sino que dijo que se iba de paseo… con su guardia personal de 300 soldados.

Heródoto dio otro dato, que fue que el mensajero tardó un día y medio. Hay quienes creen que no fue un corredor sino dos, y que alguno de ellos murió al dar la noticia del triunfo en Atenas. Calculando la distancia total entre Atenas y Esparta, y con el límite de 36 horas, nació la Espartatlón, el capricho actual de este blog. Creemos que todas estas cosas tuvieron su origen hace exactamente 2503 años. Hablamos de una época previa al cristianismo… al nacimiento de Jesús inclusive. Nuestra sociedad estaba todavía en pañales, y muchísimas cosas han cambiado desde aquel entonces a nivel político y cultural, pero la palabra “maratón” sigue representando la épica y una lucha que por suerte no es contra otro ser humano, sino contra uno mismo.

La distancia de esta mítica carrera fue variando hasta que se decidió el convencionalismo de los 42 kilómetros con 195 metros. El escritor Murakami fue a recorrer esa distancia, contratado por una revista que quería una crónica suya de la experiencia, y me motivó a intentarlo del mismo modo que él: sin que sea una carrera oficial, corriendo al costado del trayecto oficial (en la banquina de una ruta), en el sentido inverso (Atenas a Maratón). Mi amigo Gerjo me acompañó para sacar fotos, actualizar el twitter y asistirme. Lo hice el último día de Semana 52, el 31 de agosto de 2011.

Tomé unas pocas clases de griego, que me permitieron leer carteles en el trayecto (sin entenderlos) y ocupar mi cabeza. Fue una experiencia muy dura, hacía mucho calor y estaba solo (Gerjo no podía estar todo el tiempo a mi lado, a paso de hombre, ya que los griegos manejan peor que los argentinos). Sobre el final había unas cuestas que me provocaron dolorosos calambres, y el paisaje en gran parte de la carrera era gris, apagado y sin la gloria que yo imaginaba. Murakami narró su experiencia con un dejo de insensibilidad, y yo pensé que iba a estar todo el tiempo alucinando por estar corriendo ahí mismo.

Cualquiera diría que fue una decepción, pero cuando ya estaba oficialmente en Maratón y el sol me quemaba la piel, di una vuelta por el antiguo cementerio (donde descansarán las víctimas de esa histórica batalla) y empecé a sentir algo que solo podría describir como “mística”. Llegué al estadio de Maratón y cuando faltaban pocos metros pegué un pique con todas mis fuerzas, subiendo unos escalones y desplomándome frente a la estatua del dios Hermes, que habían construido para conmemorar los 2500 años de la maratón. Ahí me quedé, recuperando el aire, intentando dimensionar todo eso que acababa de hacer. De fondo flameaba una bandera griega, las letras del edificio confirmaban que estábamos en Maratón, y las piernas se me petrificaron en ese instante. Grité de dolor al querer levantarme, pero pasé de la agonía a una felicidad inmensa. Cuando me pude incorporar, Gerjo me sacó una foto para su campaña por la diversidad afectiva. Me costaba estar de pie, pero el orgullo me sostenía.

Sufrí, mucho. Hablé por teléfono con mi papá, con el llanto atravesado en mi garganta. Eran las 9 de la mañana en Maratón, mientras que en Buenos Aires debían ser como las 3 de la madrugada. ¿Cómo llegué hasta ahí? ¿En qué momento decidí irme hasta ahí, solo para correr, me pagué un pasaje en avión, estadía, y todo el esfuerzo que eso conlleva? No lo sé, pero cada vez que lo recuerdo, que lo cuento o lo escribo, se me acelera el pulso y se me erizan los pelos de los brazos. Esto ocurrió hace tres años, conmemorando aquello que se inició hace 2500, y sigue siendo uno de los recuerdos más felices de toda mi vida.

Y voy a caer en un lugar común. Esto podrá haber empezado hace toda esa pila de años, pero por suerte está lejos de terminar. En la maratón cada uno libra su propia batalla personal, y llega a la meta con lo justo, casi como Filípides. Podríamos decir que nosotros también damos la vida al llegar a destino, solo que, de algún modo, al terminar una maratón todo el sufrimiento cobra sentido. Es ahí que renacemos y nos sentimos verdaderamente vivos.

Publicado el 12 septiembre, 2013 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 9 comentarios.

  1. Muy lindo y emotivo tu relato. El redondeo final una maravilla. Abzo Juanca.

  2. Muy groso eh!. Una locura que seguramente mantengas a lo largo de tu vida como unas de las principales anécdotas para destacar.
    No sé si es o no una locura, no sé si lo haría o no, pero si sé que la gratificación de haberlo realizado es insuperable y es uno de los escalones iniciales a todo lo que vino luego.
    La foto del post al que linkeas es sublime.

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