Semana 49: Día 340: Manteniendo el orden

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Uno de los grandes cambios en mi vida relacionados con correr ha sido volverme más ordenado. Nunca fui así, por más que los que hoy me conocen no me pueden creer. Paso a explayarme.

Cualquiera puede correr. No es una actividad vedada a nadie. Recordemos al taraumara de 90 años al que le preguntaron por qué corría a su edad y respondió “porque no me dijeron que no podía hacerlo”. En el colegio corríamos nuestra “maratón” de 5 km a fin de año, que después bajaron a 3,5, e igual me parecía una eternidad. Pero lo hacía; corrían los chicos más atléticos, los que lo odiábamos, y todos los que estaban en el medio. Hoy, que el running está tan de moda, se pueden ver a corredores de todas las formas, colores y tamaños.

Yo corría por mi cuenta, en la misma época en que no sabía manejar un lavarropas, donde estaba acostumbrado a apilar los platos sucios en la pileta de la cocina (que ya con eso sentía que estaba colaborando) porque después mágicamente aparecían limpios, secándose en el lavaplatos. También amontonaba la ropa arrugada en una pila, y usaba el mismo par de zapatillas desde hacía cinco años. Y estaba bien, porque no tenía muchas más aspiraciones.

Llegó un momento en que mi cabeza hizo un click, me puse este blog, y empecé a entrenar y a ordenarme. Empecé por la comida, que en mi caso era un desastre. Un vegetariano que comía snacks cada vez que estaba depre (muy seguido), me recompensaba con helado o chocolate si sentía que había hecho algo bien, y me salteaba el desayuno porque creía que eso solo me abría el apetito y me hacía comer más después. Iba desde despertarme directo al almuerzo y de ahí a la cena, picoteando cualquier cosa en el medio (generalmente pan con mayoliva). Ordenarme los horarios y pasar a comer 6 veces al día fue un vuelco terrible en mi rutina. Pero estaba motivado, así que durante casi un año me puse alarmas en el celular para acordarme de cada comida y colación, además de tomar agua. Ese “ordenamiento” me sirvió para bajar rápidamente mucha de la grasa que tenía acumulada y a tener energía para correr más.

También empecé a entrenar más seguido y a anotarme en más carreras. Metí gimnasio, y aunque nunca pude mantener la constancia de la musculación al mismo nivel que el entrenamiento aeróbico, me encontré con otro cambio en mi rutina: empecé a ensuciar mucho la ropa. Soy una persona que transpira mucho, y ya no estaba en casa para hacer un bollo con mi remera, tirarla en un canasto y que aparezca limpia, planchada, perfumada y doblada en un cajón. Hoy no me considero un experto lavador de ropa, pero aprendí a programar la lavadora, esperar el fin del ciclo y después colgarla.

Organizarme mejor mis entrenamientos, mis comidas y la limpieza de los elementos que uso al correr trajo aparejado el orden. Quizá fue el cambio que más tardó en prender, pero de tener todo hecho un bollo en una esquina ahora cada cosa tiene su cajón, y me encuentro más cómodo mentalmente si no tengo la mesa para apoyar cosas que me da fiaca guardar o los pantalones colgados de una silla. Aprendí que esos dos minutos que me toma meter las cosas limpias en su respectivo lugar y las sucias al lavarropas es un ahorro de tiempo después, cuando el caos me desborda, o si estoy por recibir visitas y el departamento parece estallado por una granada. Lo mismo con los elementos de la cocina, en especial ahora que me estoy haciendo jugos dos o tres veces por día. Muchos me dicen que les encantaría tener una juguera, pero que les resultaría muy fastidioso tener que limpiarla. Y a mí me debe tomar tres minutos hacerlo, si no es menos.

Mi amigo Juandy, cuando me visitó en mi nuevo departamento, se quedó asombrado. Esperaba encontrarse con un desastre, y no podía creer que estuviese tan ordenado. Es que él me conocía de antes, cuando para mí ordenar era hacer una pila de platos sucios en la pileta de la cocina. El orden, en el momento, no solo me ahorra tiempo después (sé dónde está todo y sé que está listo para usarse), sino que hace que disfrute de mi espacio y me den ganas de estar ahí. Además parecería una consecuencia lógica; esas rutinas y mejoras que le da el running al cuerpo y a la mente, que se van trasladando a otros aspectos de mi vida. Creo que reflejan los progresos que logré en estos años. De otro modo no me imagino habiendo llegado a correr ultramaratones. Sin dudas eso lo conseguí siendo metódico y ordenado.

Publicado el 3 septiembre, 2013 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. Sin duda ser ordenado con las cosas te ordena la cabeza también!
    celebro el cambio… y es verdad, un día que me quedé solo en tu casa inclusive te lave los platos! jaja.
    Eso es cosa del pasado. Bien ahí.

  2. Si bien sabemos que todo es parte del todo, el orden me parece más una conducta que es consecuencia de tu edad (si, reconocé que con 20 años estás viejo) y no del hecho de hacer running. Obviamente dicha conducta se debe afianzar con el running y el running afianzará de manera gratificante al orden, pero nace de necesidades de la edad. El desorden es para pendejos, nuevamente: reconozcámoslo 😛

    Seguramente no ayude mucho o ya lo sepas, pero van dos tips que pueden servirte:
    – Usá jabón líquido, no en polvo. Lo puedo fundamentar mejor, pero básicamente limpia mejor y no te liquida el lavarropas. Y que sea marca skip…el precio se justifica con el rendimiento y la eficacia.
    – El día que puedas comprate un lavavajillas (en tu caso chico). Yo aún no tengo, pero es la posta. Sé que parecerá un lujo, pero lo que es comodidad accesible no lo es 😛

    • Puede ser que esté en sintonía con un momento de mi vida. Pero el otro día escuché en la radio uno que decía que nunca había usado un lavarropas en su vida, y estaba casado y con hijos. En mi caso el tema de haber hecho ultramaratones me enseñó un poco sobre la autosuficiencia. Y mis progresos atléticos están un poco acompañados a incorporar rutinas y respetarlas, aunque a otros les parezca un tedio. Por eso creo que va de la mano.
      Uso jabón líquido en el lavarropas, así que ahí venimos bien. Y el lavavajillas está bien porque es ecológico y ahorra muchísima agua, pero de momento me la banco lavando a mano, cada vez que uso algo. 😉

      • Comparto lo que decís: Ésto ayuda a programarse rutinas.
        No recuerdo haber estado en la radio contado mi situación con el lavarropas. Pero es solo hasta que necesite usarlo o hasta que mi mujer se rompa las pelotas y me haga lavar mi propia ropa, y por qué no, la de los chicos 😛

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