Semana 49: Día 339: La verdad sobre los pies de los corredores

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Hay gente que corre por cuestiones estéticas. La salud está ahí de la mano. La superación personal (y física) también. Pero probablemente una inmensa mayoría lo haga para tener un mejor cuerpo, estar más delgado o, por qué no, tener una cola más firme. Si usted entra en esta categoría, quizá quiera enterarse de algunas cosas.

Yo corro con cierta regularidad desde hace unos años. Sí, yo ya corría antes de tener un blog. Pero me tomaba las cosas con mucha liviandad. Entonces decidí empezar con esto de las maratones, las carreras de aventura, el aire libre, las plantillas, zapatillas especiales para determinado terreno, toneladas de remeras, nutricionista, gimnasio. Y por más que invierto en accesorios e intento cuidar mi cuerpo, tengo unos pies lamentables.

Al doloroso callo que me está saliendo en el dedo chiquito del pie izquierdo hay que sumarle las dos costras que están ahí, firmes junto al pueblo. No hay imagen más triste que mis pies descalzos luego de una ultramaratón de montaña, con la piel arrugada, blanda y sucia. Las ampollas son moneda corriente, y las uñas… ¿qué podemos decir de las uñas? Primero, ¿para qué sirven? Para nada, solo para sostener a una sospechosa industria de fabricantes de alicates. Puede que hace cientos de miles de años fueran tan útiles como las de las manos, ya que las usábamos mientras nos balanceábamos entre los árboles, ¿pero y ahora? Juntan mugre, y a los corredores SE NOS CAEN.

Primero se ponen negras y luego dejan de crecer. Podemos matarlas con la ignorancia, pero por debajo crecen nuevas que van a ir empujando a la vieja que ya murió. Eventualmente la presión hará que esa cosa dura, amarillenta y morada, salga disparada. Los ansiosos como yo iremos cortando con el alicate, cada vez más abajo, y más, y más, hasta darnos cuenta que no queda nada. O con las uñas de nuestras propias manos intentaremos cortarlas para terminar arrancándolas. Nos quedarán heridas ínfimas, que gotearán una cantidad despreciable de sangre… pero duelen como si nos hubiesen clavado un flechazo envenenado.

Por más que he cuidado siempre mi cuerpo y he tomado todos los recaudos a mi alcance (doble media, zapatillas medio número más grande, vaselina) mis pies siguen siendo la parte menos estética de mi cuerpo. Y es curioso porque juegan un papel importantísimo en el acto de correr (casi diría que son imprescindibles). Yo no hago bíceps en el gimnasio y se me agrietan o se me caen (gracias a Dios). ¿Por qué mientras más corro, peor tengo los pies?

Por lo que pude investigar, esto no me pasa a mí solo, sino a todos. Por eso esta advertencia. Las mujeres pueden disimular muchas de estas cuestiones con esmalte para uñas (algunos hombres también, por qué no). Pero si quiere y adora sus pies… olvídese de correr fondos largos o en montaña. O despídase de esas bonitas y delicadas uñas que posee…

Publicado el 2 septiembre, 2013 en Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Macril. Abrazo Juanca.

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