Semana 49: Día 338: Fondeando en la Reserva Ecológica

Ayer, cuando escribí el post de la fecha, dije que iba a ir a correr a la Reserva Ecológica, ese hermoso parque al que iba cuando vivía a 13 km, y ahora que estoy a 10 cuadras no estaba yendo nunca. Me quedé trabajando hasta tarde (sacrificando un sábado a la noche) y cuando hoy me desperté… estaba destruido. Me costaba despegar los ojos, mucho menos pensar en salir a correr.

Desde la cama intentaba mirar el reloj, en la penumbra, a ver si valía la pena levantarse. En el entrenamiento del sábado con los Puma Runners hicimos 21 km y me molestó al costado de la rodilla (creo que un tendón). Empecé a justificarme mentalmente que no convenía forzarme si quería estar entero para la media maratón, dentro de una semana. Pero en el fondo sabía que eran excusas. Me incorporé, me hice el desayuno y me vestí. Pasadas las 8 y media, en un arrebato de fuerza de voluntad indescriptible, salí a la calle. El GPS, que lo encendí por primera vez entre los edificios del microcentro, no tenía señal. Me quedé buscando algún pedazo de cielo en una esquina, hasta que finalmente enganchó. Así fue que, a diez minutos de las nueva de la mañana, salí.

La rodilla me molestó un poco, no demasiado, y lo mejor fue que a los dos kilómetros ese dolor había desaparecido. Ya en ese entonces estaba adentro de la Reserva, la cual me parece que están remodelando profundamente. Mi impresión fue que estaban armando una especie de fosa donde arrojar los cocodrilos y protegernos así de los bárbaros. Pero para correr por el costado queda genial. Quizá me equivoque y eso haya estado desde siempre, tapado por una frondosa vegetación. Yo creo que no estaba y vi cómo lo llenaban con agua. Me gustó todavía más de lo que me venía gustando este lugar. Una especie de oasis para los que disfrutamos de las carreras de aventura y tenemos que vivir entre el concreto.

No me quise exigir, aunque tengo que admitir que este fondo personal se me hizo corto. Le di una vuelta larga al circuito, de 8 kilómetros, y a medida que avanzaba me iba sintiendo más cómodo y aumentando la velocidad. El inusual sol de verano calentaba, y mucha gente se había levantado temprano para disfrutarlo.

Algo que me llamó la atención, mientras estaba corriendo los primeros metros en la Reserva, escuché un altoparlante en donde animaban una carrera de calle. Ahí nomás, a 100 metros de donde estaba, tenía lugar Dale Vida, competencia de 8 km que presencié el año pasado. A lo lejos podía ver cómo la gente iba corriendo en sentido contrario. Pensé por un segundo en sumarme, no por querer competir, sino porque me fascinan esas casualidades. ¡Justo que estoy ahí es la largada! Pero preferí quedarme en la tierra y el pasto que salir a patear el asfalto. Así estuve unos 40 minutos, más la distancia que separa mi departamento de la Reserva, lo que me dió un para nada despreciable fondo de 10,73 km.

¿Por qué corrí, si ayer me quedé un poco preocupado por esta molestia y hoy a la mañana no me podía levantar? No sé, supongo que extrañaba ir a la Reserva y, habiendo sacrificado gran parte del fin de semana para trabajar, correr fue la mejor recompensa que me pude dar. Y comprobé una vez más que uno nunca se arrepiente de entrenar. A veces cuesta salir, pero el esfuerzo siempre vale la pena.

Publicado el 1 septiembre, 2013 en Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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