Semana 43: Día 298: Las mujeres y yo

Me han llamado la atención en varias oportunidades respecto a mis comentarios sobre mujeres, o puntualmente sobre mi última relación. En realidad, más que por las cosas que escribí, fue por lo que se podía interpretar. Quizás haga falta hacer algo más directo para despejar dudas (o por ahí no hacía falta y la embarro más, veremos…).

Durante la mayor parte de mi vida creí que ser feliz era estar en pareja. Todavía tengo una sensación de que por ahí pasa la cosa, pero después de mucho tropezar con la misma piedra, empecé a considerar la posibilidad de que la felicidad está en encontrar el equilibrio interior, sin depender de otra persona. Sin embargo, nunca me pude salir del todo de ese esquema. Mi psicóloga, a quien no veo desde que me separé, decía que yo no tenía un tema con tal o cual chica, sino con el ideal de mujer. Varias veces me dijo que yo estaba “enamorado del amor”.

Cualquiera que lea este blog va a ver en mí a una persona que cree en la autosuperación. Bueno, eso tiene un costado poco sano, y es que durante mucho tiempo, mientras tenía la autoestima en niveles muy bajos, creía que yo era el mejor novio que podía existir. Ahí estaba, atrás de mujeres que no me daban bola, poniéndolas en un pedestal, metiéndome en la “zona de la amistad”, escuchando sus historias de los hombres que las maltrataban y no las escuchaban. Yo creía que tenía todas las cualidades para ser el novio ideal. ¿Y lo era? Claramente no, porque las relaciones que tuve, eventualmente, terminaron. Sería un necio si le echara la culpa a la otra persona; es probable que uno solo no pueda ponerse a una pareja al hombro, pero definitivamente mis historias terminaron por mérito compartido.

Mi relación con Vicky no terminó bien. Tuvimos un último mes de mucha tristeza. Yo me quería separar, pero no se lo dije nunca. Lo charlaba en terapia, lo charlé con un par de personas, pero no con la persona que tenía que saberlo. No fue un final que le haya hecho justicia a una relación que tuvo momentos maravillosos, donde compartimos carreras y muchas risas. Aprendí mucho de esa relación, cosas que pueden parecer poco trascendentes para algunos, como mantener el orden en mi propio departamento, cocinar… digamos, ser responsable. También tengo una cuestión, que es mantener el contacto con algunas ex. No es en todos los casos, y tampoco tiene tintes románticos. Simplemente que algunas veces he tenido rupturas consensuadas, o el paso del tiempo limó cualquier aspereza y esa relación se transformó en amistad. Me encantaría que así sea con Vicky, pero por ahí ahora es demasiado pronto para planteárselo.

Si encarara una relación nueva, intentaría aplicar lo que aprendí. El hombre es el único animal en tropezarse dos veces con la misma piedra. No hay límite, yo ya me he tropezado unas veintisiete veces, pero creo que lentamente algo estoy incorporando. Empezaría por intentar ser yo. Ya estoy cansado de jugar el papel de “novio perfecto”, creo que me inventé estándares que no voy a poder cumplir. Toda esa presión autoimpuesta no sirve de nada. Intentaría no resignar las cosas que me gustan, como entrenar. Esto se desprende de lo anterior, cosas que hago para que el otro me acepte o agradarle más. ¿Con qué sentido? Ni yo lo sé. Cuando uno no actúa como realmente es, decepciona al otro y a sí mismo. Es lo que siempre hice, y que estaría bueno dejar de hacer. No intentar ser “el mejor”, sino ser yo. Otra cosa que quisiera haber aprendido (pero no sé si estoy listo) es a no ser tan ansioso. Cada vez que conozco a una chica mis amigos me preguntan (en broma): “¿Cuándo te mudás con ella?”. Y es lo que siempre hice. Compromiso, planes de casamiento, mudanza… me gustaría conservar mi espacio, y no querer compartirlo de entrada. Tampoco meterme en el espacio de otra persona. Siempre que lo hice lo sentí sincero, pero la verdad es que cada vez me pesa más la edad. No puedo dejar de pensar que a mi edad mis padres tenían cuatro hijos, los menores (Santiago y yo) de 5 años y medio. Parece una tontería, uno cree que nunca va a querer vivir en la sombra de su padre y su madre, pero yo no puedo evitar compararme. Además también me pesa ser el único de la familia que no está en pareja. Sé que es una tontería y probablemente sea la primera vez en mi vida que no me estoy presionando con eso.

La vida es esta, y no hay que dejarla pasar. Por primera vez en mucho tiempo (quizá en toda mi vida) me siento bien. Cómodo donde estoy. ¿Qué me falta? Un caloventor, lámparas en el baño y una alacena para guardar platos y comida. Cosas materiales. No me siento solo, ni que el reloj avanza. Tengo mis proyectos, y por supuesto que consideraría “sumar” a alguien en mi vida, pero no me quita el sueño. No sé si salí de ese karma de estar en la sombra de las mujeres. Ojalá que sí. Pero no reniego de mi pasado, no me arrepiento de haberlo intentado, tuve momentos feos pero muchas veces sentí verdadera felicidad, y ahora me siento en control de mi vida. No quiero ponerle a otro la responsabilidad de hacerme feliz. Es algo de lo que me tengo que hacer cargo… y estoy en eso.

Publicado el 23 julio, 2013 en Reflexiones y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Suerte!!! en esta nueva etapa. Y si!! la felicidad tiene que ver con nuestro equilibrio interior, una vez logrado, puede ser que lo puedas compartir y si vos estas en ese equilibrio interior problablemente te encuentres con alguien en ese mismo estado DE PAZ Y FELICIDAD con uno mismo……………..

  2. A lo mejor y deberias salir con un chico, dijo, nunca esta de mas “probar” cosas nuevas.

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