Semana 42: Día 290: ¡Mudado!

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Me tomé el fin de semana para mudarme y acomodar. Empecé el sábado; a las 9 estaba en el depósito, listo para recuperar mis cosas. Sacar todo eso, afortunadamente, tomó menos tiempo y esfuerzo que guardarlo un mes y medio atrás.
La siguiente parada fue en pleno Belgrano, para retirar un freezer bajo mesada que compré por Mercado Libre. Después a Palermo, a mi antiguo departamento (visto en la primera temporada de Semana 52) donde me esperaban mi viejo lavarropas, una heladera que no me entra y me quiero sacar de encima, una mesa y seis sillas de madera. La anteúltima parada fue en el falso Recoleta, en lo de mi prima Vero, donde levanté mi computadora y dos valijas con ropa y algunas cosas que fui recolectando en este tiempo (libros, regalos de Brasil, etc).
El destino final fue en mi nuevo departamento, un monoambiente en el microcentro que fue tomando color a medida que iba acomodando mi cama, escritorio, cajoneras… El freezer, como no podía ser de otra manera, no entraba debajo de la mesada por dos míseros centímetros, pero con los muchachos de la mudanza le encontramos un lugar en el sector de la cocina.
Cuando terminamos de acomodar (pero con 16 cajas grandes sin abrir) me tiré en el colchón y me puse a contemplar ese espacio que ahora era mío… y realmente sentí que me pertenecía.
Después de contemplar mi nueva morada y dormir una hermosa siesta, me puse a acomodar mi ropa, con tanto espacio que pude dedicarle un cajón a las medias, otro a los calzoncillos, otro a los buffs y otro a los gorros (anteriormente era uno solo para todo lo recién mencionado).
La mudanza liquida a cualquiera. Me tomé con calma el tema de abrir las cajas y hoy terminé. Aparecieron cosas que creía perdidas, como tazas, ciertos libros y el cargador del celular. Estuve tentado de tirar mucho de lo que iba apareciendo, pero al final encontré lugar para todo. Lo que sí me está faltando es un mueble para la comida y los platos y cubiertos. Por ahora es lo pendiente. La biblioteca está repleta, y le encontré espacio a muchos muñecos, como atestigua la foto que publiqué en esta misma entrada.
El domingo compré platos, vasos y cubiertos. Muy caro. Ahora entiendo por qué se hacen listas de casamiento: mudarte es todo  un presupuesto. Nunca lo había notado porque siempre me manejé en bazares donde había platos y utensilios baratos de plástico, pero estoy intentando dejar eso de lado por una cuestión de salud. También voy a resistir la tentación de conseguir un microondas. No estoy muy seguro de que estas tecnologías sean inocuas para los alimentos.
Aunque estoy muy contento con mi nuevo departamento, no pude encontrar verdulerías, o un supermercado donde vendan frutas y verduras. Además la zona en donde estoy, bien céntrica, está en obra, y pasear por sus calles es adentrarse en un laberinto de vallas y escombros del que no es fácil salir. Terminé recurriendo al Google Maps, que me tiró verdulerías, dietéticas y gimnasios. A ellos los que visitaré bien temprano, el día de mañana…

Publicado el 15 julio, 2013 en Reflexiones y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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