Semana 41: Día 286: Cita con la nutricionista

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Hoy fui a visitar a Romina, mi nutricionista, a quien no veía desde hacía tiempo. La última cita yo vivía en Colegiales, estaba en pareja y me iba a ir a correr una maratón a Rosario. Las cosas cambiaron mucho y vernos sirvió para ponernos al tanto y trazar nuevos objetivos.

Como en todas las sesiones, le conté de mis últimas carreras (en este caso, los 42 k de Río de Janeiro), las cosas que funcionaron y las que no. En la medición antropométrica dio que aumenté 1,5 kg, de los cuales 900 g fueron de grasa. Hablamos de algo que siempre me generó dudas, que fue el tema del consumo de hidratos de carbono. Mi duda era si estaba consumiendo demasiados (de hecho es así), y la solución parece no ser bajar la ingesta, sino agregar más fibra (verduras). Y sinceramente no estuve comiendo bien estos últimos… años. En Río hubo un desbande, ligero, pero igualmente hay un tema en la convivencia donde es muy difícil ser estricto con la alimentación.

Yo voy aprendiendo y experimentando sobre la marcha. Me armé una rutina de ejercicios, me compré exclusivamente las cosas que quería comer, y todo funcionó más o menos bien, hasta que me puse de novio. Y no quiere decir que haya algo de “culpa” de mi ex por no seguir al pie de la letra mis propios lineamientos (todo lo contrario). Yo me fui corriendo de a poco del gimnasio y la comida más sana porque prioricé otras cosas. Preferí encargarme del desayuno antes que ir a las 7 de la mañana a la puerta del gimnasio. También decidí disfrutar de la compañía de mi pareja y hacer lo que hace cualquier ser humano cuando intenta sociabilizar con otro: comer cosas ricas. Creo que ser vegano encierra en gran parte comer sano, pero no quise volverme un maniático en mi casa, y Romina me dio la razón. Le dije que la vida en pareja atentaba contra el entrenamiento (medio en chiste, medio en serio) y ella me respondió: “¡Imaginate si tuvieras hijos!”.

Cualquiera que lea esto pensará que estoy cultivando panza y atacando la heladera cada 15 minutos, pero no es así. Hoy mismo mi prima insistía en que yo no comía, y yo le juraba que mi día tenía 6 comidas diarias (desayuno, colación, almuerzo, colación, merienda, cena), pero el que me ve flaco y vegano cree que soy anoréxico. Estoy dentro de un rango de peso y proporción de grasa y músculo muy saludable, pero ¿por qué no esforzarme para estar mejor? Lo que es innegable es que el trabajo del físico requiere mucho esfuerzo y mucho tiempo, y por más que uno viva en sociedad y se rodee de gente afin a ese estilo de vida, entrenar es una actividad solitaria. Y probablemente este momento sea el mejor para volver a ajustar todas esas cosas que no voy a poder hacer el día que me ponga en pareja nuevamente. Supongo que esta es mi forma de ver el vaso medio lleno.

Así que el 12 me estoy mudando a mi nuevo departamento, y ahí iré haciendo compras más a consciencia. Mi idea es que a partir del lunes le agregue a mi rutina una hora de musculación, preferentemente de lunes a viernes. Y sostenerlo, con paciencia, para ver qué pasa. Quiero que la gente se deje de impresionar y que me diga que estoy demasiado flaco. Solo me falta masa muscular, algo normal en un fondista. Probablemente este sea el mejor momento para volverme riguroso…

Publicado el 11 julio, 2013 en Alimentación, Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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