Semana 37: Día 259: Correr es mi terapia

“Menos drama, más running”, me dijo un asiduo lector de este blog. Me justifiqué, pensando qué podía esperarse, si no tengo control sobre mi propia vida.

Bueno, quizá eso no sea del todo correcto. Por supuesto que tengo control, no estoy en mi posición actual por mala suerte o por un designio de los dioses. Cada uno hace su propia suerte. Pero puede pasar que uno esté inmerso en una situación en la que no se siente realizado. Y esa sensación de frustración empieza a tirar hacia abajo.

Fueron semanas difíciles, pero podrían haber sido peor. Tuve contención de mucha gente, pasé una primera estadía genial con mi hermano y su novio, y ahora estoy en el barrio top de Recoleta. Estos días me sirvieron para pensar, y mi prima me pidió que me relaje, que podía quedarme acá el tiempo que quisiera. La separación, el ir y venir, y unos niveles de energía emocional bastante bajos hicieron mella en mi trabajo. Me la pasaba mirando departamentos en la web, yendo a conocer a dueños e inmobiliarias que o no me cerraban o yo no les cerraba a ellos. Mientras tanto, corrí con mis amigos de Puma Runners, e hice algo que estando en pareja había dejado de lado: juntarme a cenar después del entrenamiento. Me anoté improvisadamente en carreras, e intenté afianzar vínculos con la gente a la que había visto poco en los últimos tiempos.

Con todas esas preocupaciones, correr era mi terapia, me daba balance, y me ayudaba a poner las cosas en perspectiva. Lo pongo en pasado, porque todo ese retraso por andar con más drama que running hizo que me atrasara mucho con el trabajo. Toda esta semana estuve trabajando en una revista infantil, un número uno, en jornadas maratónicas. Había días en que me acostaba a las 4 de la mañana y me levantaba a las 8 para seguir. También tenía que mechar con otros compromisos laborales, como los cómics de OVNI Press que edito, así que casi no veía el mundo exterior. La meta era terminar todo el lunes, después lo pasamos al miércoles y finalmente la entrega fue el jueves. Fue durísimo, tuve que sacrificar entrenamientos, aquello que me ayudaba emocionalmente. Pero entregamos la primera edición, el número 1 que iba a salir en julio. Y ese mismo día me enteré que esta revista no va a salir. Al menos el mes que viene, y quizá se retrase a febrero.

Fue un golpe tremendo. Tanto sacrificio para nada. Me quedé mirando la pantalla, mudo, si saber qué hacer. Ni siquiera el Candy Crush, que tenía abandonado desde hacía mucho tiempo, me servía para sacarme todo este tema de la cabeza. Correr… no era una opción. Estaba realmente rendido físicamente. Solo me dio para sentarme a escribir la reseña de la nueva película de Superman. Me fui a dormir a la medianoche… y me desperté ocho horas después. El sueño más largo que tuve el último mes.

Uno creería que me levanté, me puse las zapatillas y salí a la calle a entrenar. Pero no. Seguía muy cansado. Afuera parecía fresco, y todavía tenía trabajo atrasado. Consideré que lo mejor era seguir adelantando y esperar. El fin de semana tengo que trabajar en una convención de cómics, así que la mejor perspectiva era correr el lunes. Quizá algo bien temprano, si estaba descansado, el domingo.

Dudé mucho, y apliqué una técnica que aprendí durante estos años de blog. Mientras pensaba montones de motivos para quedarme entre estas cuatro paredes, empecé a vestirme con mi ropa deportiva. Las medias de running, el pantalón corto, la remera, el reloj con GPS. En mi cabeza se repetía la misma cantinela: “Mejor me quedo y aprovecho el tiempo trabajando”. Desayuné, fui al baño, y busqué en internet el destino a donde tenía que ir: la baulera, que tenía cosas que empezaba a necesitar.

No quería salir, me parecía que estaba todavía agotado de estas sesiones durísimas de trabajo y ese sueño que no alcanzaba. Pero ahí estaba, en la calle, buscando señal del GPS, con un fresco que no me esperaba. Así fue que empecé a correr. Tosía de vez en cuando, las piernas me pesaban más que nunca. Pero corría. Ya a la primera cuadra me había olvidado por completo todo ese drama que me impedía salir. Es más, me pregunté por qué había buscado retrasar esto. Poco importaba el agotamiento físico, había algo muy poderoso en ponerle el cuerpo al bajón.

La baulera estaba a poquito más de 6 kilómetros. Me anuncié así como había llegado, transpirado (pero relajado). Busqué mis cosas (ropa interior, remeras que no sean para correr, unos papeles que necesitaba, cous cous, vaselina sólida, levadura de cerveza) y volví al departamento de mi prima. Me dolieron muchas cosas, como la cadera del lado izquierdo, un poco la planta de los pies… y me pregunté qué pasaría si, corriendo la maratón en Río de Janeiro, sentía lo mismo. Pero no me preocupé. Sabía que no es tan difícil sobreponerse a las inseguridades. Basta con empezar. Salir a la calle, sin pensar demasiado, y poner un pie delante del otro.

Cuando llegué, después de casi 13 km, era otra persona. Ya sé que la próxima vez que salga a correr va a ser más fácil. Posiblemente me levante temprano el domingo y aproveche lo cerca que estoy de Avenida del Libertador para tirar algunos kilómetros. Cuesta arrancar, pero una vez que lo hacés, todo se hace cuesta abajo.

Publicado el 14 junio, 2013 en Entrenamiento y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 13 comentarios.

  1. Te quiero hijo. Me encantó: “Sabía que no es tan difícil sobreponerse a las inseguridades. Basta con empezar.” Muchos besos

  2. Genial, Martín! A seguir poniéndole el cuerpo… Yo hace poco dejé de entrenar por varias situaciones familiares. Cuesta retomar, pero voy a creer en tus palabras… que es cuesta abajo una vez que empezás. Me voy a dormir ya, para salir a correr mañana temprano!

  3. Vamos campeón…levanta la cabeza, saca pecho, mira el horizonte y a fondo. No hay curvas fáciles, pero una vez que la dobles todo brillará de nuevo. Animo y claro que si…correr es tu terapia. Y la de todos los que pueden correr. Abrazo y aquí mi mano amiga. Juanca.

  4. Amigo Casanova, comprendo lo que le pasa… Pero seguramente hay mas de autoexigencia que de culpa propia. Hay que luchar y creer (o al reves) pero es así la vida. Sé que “mal de muchos…”, pero somos mas los que nos sentimos “tontos” por las situaciones de la vida y el contexto, que no ayuda.

    Ahora, a correr en busca de esa lucecita que nos guíe. Y que sospecho que la llevamos dentro. Mucha suerte, y ojalá que nos crucemos para fundirnos en un abrazo de gol.

    Daniel

  5. Excelente, nuevamente rodando!. Es lo que necesitabas. Es lo que queríamos.

    La pregunta que nadie te hace: ¿Te volviste corriendo con un bolso lleno de cosas?

    • Sí, todo lo que me entró en la mochila… fue más cómodo a la vuelta que a la ida. Llevar una mochila liviana te baila en la espalda y es muy incómodo. Tener más peso hace que quede todo en su lugar…

  6. creo que yo también podría haber escrito este mismo post… pero yo no pude, no fui a nadar, aunque me levanté y me puse la malla, pero me derrumbé en el sillón… desilusionada, desalentada… esperando el peor desenlace… como si hubiese sabido… mil disculpas por lo que me toca y gracias, de verdad… fue un placer…

  7. ya volví… ya volví… pero ese viernes del que hablábamos, fue tan aplastante que solo sentía que me estaba ahogando y no tenía fuerzas para bracear… pero tampoco para dormir… el lunes me descargué en el gimnasio y ayer en el agua… tendría que haber imaginado una baulera para rescatar algunas cosas… 🙂

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