Archivos Mensuales: junio 2013

Semana 40: Día 275: La dieta de la Maratón

Mañana empieza la semana previa a la Maratón. Y con eso viene la consabida dieta maratonista, pensada para aprovechar al máximo la energía y no morir en el intento. La comparto porque me ayudó en su momento, la fui puliendo un poco en base a la experiencia, y quizá ayude a otros. Incorporarla de una puede ser complicado puntualmente por el tema del agua. Tomar agua es importantísimo, tanto que habría que hacerlo en el día a día y no específicamente para la carrera. La idea es evitar la deshidratación. El día que corramos va a hacer calor, así que vamos a transpirar. Tenemos puestos de hidratación cada 3 km, pero eso no significa que no podamos darle una ayudita al cuerpo.

Lo ideal es tomar como mínimo 2 litros de agua diarios. Si no estamos acostumbrados, al principio vamos a ir a cada rato al baño. Los hombres lo resolvemos escondiéndonos tras algún árbol, ¡pero resulta que está prohibido por ley hacer pis en la calle! Las mujeres no creo que vayan ni aunque se permitiese. El agua lubrica las articulaciones, purifica el cuerpo, ayuda en muchísimos procesos internos. Así que, maratón o no, incorporar el agua es fundamental, en especial para los corredores.
Las recomendaciones son cargarnos de hidratos de carbono. El cuerpo puede acumular 2 mil calorías, NO MÁS, y hay una norma que dice que esta reserva se agota en el kilómetro 30. El cuerpo consume otras fuentes como las grasas, pero cuando se agotan las reservas el cuerpo sufre un trauma al que los corredores llaman “tocar el muro”. Las sensaciones varían en cada uno, en mi caso sentí que los cruádriceps estaban en llamas, y fue de un segundo al otro. NO PASA NADA, hay que mantenerse hidratado y consumiendo alimento durante la carrera (barritas energéticas, gomitas, geles, lo que sea que nos funcione). A mí las pasas me funcionan, es energía que entra rápido y se consume rápido. Pero cada uno ya conoce su cuerpo. Lo importante es no asustarse, es un toque y se pasa de forma muy fácil: corriendo. A los pocos minutos volvemos a estar como antes.
Ahora sí, la dieta:
PARA LA SEMANA PREVIA (LUNES A JUEVES): El objetivo principal es cargar los depósitos de glucógeno muscular, y mantenerse bien hidratado.
  • Mantener un buen estado de hidratación.
  • Chequear color de la orina: ¡cuanto más amarillo más deshidratado!
  • ¡No esperar a tener sed para beber!
  • Bajar el consumo de FIBRAS: Vegetales crudos y cocidos, cereales INTEGRALES/SALVADOS.
  • Evitar exceso de grasas
  • Fraccionar la alimentación en no menos de 4 comidas al día (desayuno, almuerzo, merienda y cena) y agregar colaciones a media mañana y media tarde si van a pasar más de 4-5 hs entre 1 comida y la siguiente. Y que estas sean a base de HIDRATOS: fruta, copos de cereales sin fibra (por ejemplo, copos de maíz), pasas de uva, turrón, etc.
  • Combinar SIEMPRE: HIDRATOS + PROTEINAS, en todas las comidas (los veganos podemos conseguir muchísimas fuentes de proteínas vegetales)
  • HIDRATOS: Pan, cereales, frutas, arroz, choclo, papa, batata, fideos, etc.
  • PROTEÍNAS: sandwich de pan integral y tofu (a gusto otros ingredientes como x ej. albahaca, pimienta, etc.), arroz con leche y canela (los veganos podemos optar por Ades natural, leche de almendras, etc), algun budín o muffin de zanahoria, algarroba, etc., licuado de frutas con “leche” (vegana o no), taco o burrito de quinoa, lentejas o porotos, etc., humus untado en pan.
  • ¡Descansar mucho! Lo que no entrenamos hasta ahora, no lo vamos a poder entrenar. Yo voy a correr un poco por ansiedad, pero en este punto hay que bajar y descansar.
  • NO probar ninguna estrategia en la carrera que no la hayamoss practicado en algún entrenamiento. Confiar en uno mismo, en toda la experiencia previa, y aprender que la mejor experiencia es la que hace uno mismo.
VIERNES y SÁBADO: Igual recomendaciones anteriores; pero NADA de fibras ni verduras.
CENA SÁBADO: Porción generosa de fideos con salsa liviana + queso y dulce (batata o membrillo) de postre (los veganos buscaremos tofu brasileiro).

DÍA DE LA CARRERA: El objetivo es asegurar la disponibilidad de combustible, minimizar la pérdida de fluidos y prevenir malestares gastrointestinales.

SI TENEMOS POSIBILIDAD: ¡¡PESARNOS!! Es un dato que nos va a ser útil si nos volvemos a pesar al finalizar la maratón.

DESAYUNO: Agregar 1-2 panes/frutas al desayuno habitual y más agua
En la carrera:
* Tratar de asegurar NO menos de 1/2 litro de líquidos (entre agua y Gatorade) por hora. Depende del ritmo de cada uno, eso sería entre dos y dos litros y medio. Esto va a estar cubierto por la organización.
* Consumir: 1 gel con AGUA cada 45 minutos aproximadamente o 2 sobres de azúcar cada 15 minutos. Recomiendo, si alguien tiene, llevar caramañolas con el gel ya disuelto en el agua. Baja más rápido al estar líquido y no pica tanto la garganta. Yo le meto todos los geles que pienso consumir durante la carrera y lo voy dosificando en el recorrido.

POST CARRERA: El objetivo primordial es proveer al cuerpo de nutrientes para reparar y fortalecer tejidos y; reponer el agua y electrolitos perdidos por la transpiración.

  • Rehidratarse con agua y bebida deportiva (con hidratos: Gatorade x ejemplo), lo ideal sería que bebieran el 150% del peso perdido en la carrera (para esto es importante pesarnos antes y después). O por lo menos 1 vaso cada 15-20 minutos, durante las 2 horas siguientes…
  • Asegurarse una gran cuota de hidratos (papa, fideos, arroz, pan, frutas) y proteínas magras o de origen vegetal para facilitar la recuperación dentro de las 2 hs siguientes.
  • Se puede salar un poco de más la comida para favorecer la rehidratación.
El hígado queda muy exigido por la carrera, piensen que se la pasa filtrando sangre, y aunque no lo vamos a sentir, va a seguir trabajando después de la maratón. NO LO CASTIGUEMOS. Muchos optan por recompensarse con un “asadito” o alguna comida grasosa. Nuestro hígado no va a filtrar las grasas o el alcohol como hace normalmente. Seamos piadosos con nuestro cuerpo, lo vamos a haber hecho pasar por una de las pruebas más impresionantes y gloriosas de nuestra vida. Tratémoslo con cariño porque la idea es seguir usándolo.
Todas estas cosas las apliqué y me funcionaron, muchas las aprendí de mi nutricionista, por la experiencia, y por consejos de Germán, mi entrenador. Espero que les sea útil, o que por lo menos sea el punto de partida para investigar todos los beneficios que tiene hacer una buena planificación pre-carrera.

Semana 40: Día 274: Mi próximo reloj

Lo vi de lejos hace poco, en la muñeca de una compañera de entrenamiento. Era poco discreto, parecía desproporcionado en esa chica. Pero era un reloj con GPS con un display enorme.

A simple vista, era poco atractivo. Parecía que uno se iría ladeando hacia el lado en que vestiría semejante mastodonte. ¿Cuál era el sentido de hacer un reloj TAN grande? ¿Qué podíamos obtener de esta monstruosidad?

Cincuenta horas seguidas de GPS. Lo voy a poner en números. 50. Fifty. Mi Garmin me duraba ocho horas con suerte. Y como nunca tengo suerte, eran cinco. Estaba perfecto para maratones, para las Adventure Race, pero cuando quería ir a una prueba más compleja como Patagonia Run o la Ultra Buenos Aires, me quedaba cortísimo. Cuando iba a entrenar fondos de más de 40 km me tenía que llevar dos relojes, uno prestado. En los 100 km de Marcos Paz usé tres.

Tener cincuenta horas continuas midiendo la distancia me permitiría hacer La Misión y saber en qué punto estoy. Podría entrenar fondos larguísimos sin estar a ciegas. ¡Podría hacer la Espartatlón y medirla desde Atenas hasta Esparta!

El tema, claro, es que ya tenía un reloj, y cambiarlo me parecía una picardía. Por suerte, lo acabo de perder. Tantos problemas me dio cuando el perro se comió el cable del cargador (terminé haciendo contacto entre los pedazos de cables para poder cargarlo, como hacen los ladrones de autos en las películas), pero igual lo conservaba. A veces se volvía loco, se apagaba solo, se congelaba… y no lo podía cambiar. Un día, después de correr unos 9 km, se desvaneció. No sé dónde está, revisé todas mis cosas, abajo de los muebles, y nada. Quizá los Garmin son tan avanzados que cuando dejan de funcionar del todo se evaporizan.

La cuestión es que ahora no me quedará otra que pasarme a este horroroso modelo de Suunto, tan poco discreto… pero tan útil.

Falta para mi cumpleaños, así que cuando regrese de Brasil, me lo tendré que comprar…

Semana 39: Día 273: El día se aproxima

Faltan pocos días para partir rumbo a Río de Janeiro. Hoy, viernes, muchos aprovecharon para partir hacia Rosario, pensando en la Maratón de la Bandera. Y en casi todos se instala el miedo de… ¿me conviene correr estos días?

En mi caso siempre bajé el nivel del entrenamiento cercano a la carrera. Pero con el tema de los 42 km hay mucho miedo dando vueltas… me acuerdo mi primera maratón, en el año 2010, donde Germán, mi entrenador, me recomendó descansar y no andar caminando demasiado el día previo. El tema fue que la maratón era un domingo y el sábado anterior fui a la acreditación, a buscar mi kit de corredor, y tuve que hacer largas colas… me dio mucho pánico. Sentía las piernas cansadas, había estado mucho tiempo parado… por supuesto que la mañana de la largada me olvidé de todo esto. No sabía en ese momento que ese miedo volvería muchas veces, y las piernas doloridas también (un signo de nervios y tensión).

Estamos partiendo a Brasil el jueves a la madrugada, o sea que el miércoles a la noche, después del entreno, nos juntamos para que a las 2:30 de la mañana nos lleve una combi a Ezeiza. Yo asumí que ese día íbamos a entrenar como siempre, pero noté entre mis compañeros un exagerado respeto por la maratón. Muchos confesaron que no pensaban correr. Me recordaba al plan de Allan Lawrence, autor de “Autoentrenamiento para corredores”, que si bien decía que muchos descansaban el día anterior a correr los 42 km, él prefería hacer un fondo de 10 km. El descanso es importante, pero siendo que los dolores de los esfuerzos llegan con un día de diferencia, ¿qué mejor que entrenar un sábado y competir un domingo? El lunes el cuerpo empezaría a pasar factura y listo.

Yo creo que la mejor forma de lidiar con las ansias y los nervios es ponerles el cuerpo y hacer actividad física. Nada demasiado exigente, lo suficiente como para apaciguar la mente. Y aunque es cierto que no da ir a tomarse el avión todo chivado, de miércoles al domingo (día de la maratón) hay mucho tiempo, y realmente necesito descargar. Quizá me corte solo en algún momento y salga a hacer un fondito por la playa en los días previos. No sé si el destino me volverá a llevar en breve a Brasil, así que mejor aprovecharlo, y ayudar a que la carrera llegue pronto.

Semana 39: Día 272: Monotributista

No puedo comprar reales. Según Afip, mi categoría de monotributo no me lo permite.
Ok, tengo que usar la tarjeta, ¿no? Porque en este blog no avalamos la compra de moneda extranjera en el mercado ilegal. Intenté pedir una al Banco Hipotecario. No soy apto. Al no tener un título con matrícula (estudié diseño gráfico en un terciario) no me consideran profesional, por lo tanto consideran que no voy a poder pagar los resúmenes de cuenta. Hace unas semanas, una dueña no me quiso alquilar un bonito departamento porque no tengo recibo de sueldo, como su esa fuese la diferencia entre afrontar las deudas y hacerse el gil.
Esta es la vida del monotributista. No importa si estoy al día con mis impuestos, ni cuál es mi historial crediticio. Para el sistema financiero yo soy poco solvente y nada confiable.
Por suerte tengo la tarjeta de mi banco, al que yo puteaba por sus servicios deficientes y al que ahora me aferraré con uñas y dientes. A todos los que les consulté si me van a devolver el recargo del 20% que retiene Afip por compras en el exterior, me dijeron que me puedo ir olvidando.
En este contexto estoy viajando a Brasil. Llegamos en una semana, la maratón se corre el domingo 7 por la mañana.
¿Cuánto la quiero correr? ¿De 1 a 10? Eso sería 11. Es lo que respondí hoy cuando me pidieron que no me tome esos días y me quede trabajando (a cambio de una suculenta compensación). Pero realmente quiero hacerlo, aunque el sistema financiero no considere que debería (o que podría).
Me resulta increíble estar hablando de economía en este blog, cuando debería estar escribiendo sobre deporte y alimentación, pero estas son las reglas del juego en Argentina… y hay que saber adaptarse…
Río de Janeiro, monotributista y sin solvencia… igual allá voy.

Semana 39: Día 271: Conocer el objetivo

En el tercer año del blog, es lógico volver sobre temas pasados, pero esto es algo que me define: conocer mi objetivo.
Todo cambia cuando sé a dónde me dirijo. Tanto sea si corro 5 km como 30, necesito saber antes mi meta. Si me mentalizo en que tengo que correr 25 km, hasta el 20 no me voy a sentir cansado. Y esa proporción se mantiene si hago una maratón, hasta el 30 o 35 es un relajo.
Por supuesto que esto es algo que afecta tanto al running como a otros aspectos de mi vida. Supongamos que conozco una chica (es un ejemplo, má). Por diversos motivos que desconoceré, ella no puede verme todos los días. De hecho, con gentileza y argumentos sólidos, me dirá que hoy no puede, ni el martes. Ahí es cuando empiezo a marearme y me pregunto “¿Me está rechazando?”, “¿No le intereso?”. Pero si me dice “En una semana nos vemos” yo espero paciente, tejiendo y destejiendo.
El tener objetivos claros, sin importar cuán lejanos o imposibles parezcan, es lo que hace la diferencia. No es malo esperar. Desarrollar la paciencia en un mundo acelerado es lo que diferencia a exitosos de los que nunca le pegan al budín en el horno porque lo sacan antes de tiempo.
Y acá hago la aclaración para parecer humilde: yo no me considero exitoso. He llevado muchas costumbres del running a mi vida cotidiana, pero todavía me queda mucho por aprender y aplicar. Me resulta más fácil estar 4 horas corriendo una maratón que haciendo media hora de cola en el banco (quizás en una carrera sé lo que me espera y nunca sé qué esperar de las entidades financieras).
Pude correr 100 km porque sabía qué me esperaba, y cuando lo logré (en mi segundo intento) fue porque ya sabía que no solo tenía que llegar, sino que tenía que hacerlo de una forma donde no me consumiera en el camino.
Conocer los objetivos es un buen punto de partida. Es el paso correcto para empezar y organizar las ideas. Esto es lo que a mí me resulta y se me hace fácil. El siguiente paso, que me cuesta mucho más, es no querer apurarme (contradictorio, para un corredor). Hacer las cosas a su tiempo… es mi verdadero desafío.

Semana 39: Día 270: Crisis en Río de Janeiro

Todos hemos visto las noticias. Los indignados de Brasil. Las manifestaciones. El policía rociándole gas pimienta a una inofensiva señora. Las marchas contra los aumentos y la corrupción. Justo ahora que estamos por ir a correr la maratón en Río de Janeiro.

Ya me han preguntado si se hace igual. Se comentaban que se iba a cancelar un partido de fútbol (no me pregunten cuál es, saben que no domino absolutamente ninguna información de este deporte). Parte de las protestas tenían que ver con el dinero que se va a invertir para los Juegos Olímpicos de 2014. Entonces, sería lógico que la gente proteste por una de las maratones más multitudinarias del mundo, aunque claramente sea un evento realizado por provados y no por un comité olímpico con lazos gubernamentales. *

La próxima protesta está programada pra el 11, y nuestro viaje va a ser entre el 4 y el 9 de julio. Dudo que tengamos algún problema, y no sé cuánto es algo exagerado por los medios. Pero sinceramente es algo de lo que vamos a poder tomar real dimensión cuando estemos allá. Lo mismo me preocupaba cuando estaba por viajar a Atenas, y viniendo de Argentina, con tantas crisis, marchas y protestas (ahora mismo está la vigilia en el puente Pueyrredón por el asesinato de Kosteki, y Santillán) siento que nada me sorprende.

Por ahora, esta crisis es algo que le agrega algo anecdótico, una mínima preocupación a esta aventura de la maratón en otro país.

Veremos qué pasa.

* Me avisaron, después de decir esta bestialidad, que no se hacen los Juegos Olímpicos, sino el Mundial de Fútbol. ¡Otra muestra de lo poco que me interesa este deporte!

Semana 39: Día 269: Mi lugar en el mundo

Cuando empecé terapia, hace ocho mil años, el tema que llevé era que no encontraba mi lugar en el mundo. Vivía en la casa de mis padres, no tenía trabajo ni estudiaba. Ni siquiera mi pieza se sentía mía.
Mi otro gran tema de terapia eran las mujeres. No porque ellas fueran malas ni nada por el estilo, sino porque yo no sabía cómo tratarlas. Vivía creyéndome el mejor partido, pero que nadie parecía notar. Era un cóctel de depresión de un adolescente tardío. Y mi psicóloga me dijo algo que me quedó grabado: “Estás atravesado por tu apellido” (Casanova, para los que recién se enteran).
En ese momento creía que el equilibrio estaba en tener mi propio espacio, una novia y hacer esas cosas que hacen los adultos (conducir un automóvil, tener una caja de ahorro). Esto fue promediando el 2000. Hoy, por suerte, veo las cosas diferente. En el camino encontré mi vocación y descubrí que algo que odiaba como el running me iba a gustar mucho. Aprendí que el lugar en el mundo que buscaba no era un espacio físico, y si bien dejé terapia, las mujeres siguen siendo un misterio para mí. Pero estoy bien, conforme con mis decisiones y con proyectos. Creo que lo que no tenía antes, que me angustiaba, era eso: me faltaban metas, perspectivas. Todo me parecía chato y que nunca iba a cambiar (claro, era yo el que tenía que cambiar).
Hoy estoy viviendo temporalmente en lo de mi prima Vero. Me costó, pero me sentí cómodo. Estaba cerca del entrenamiento, con espacio para trabajar. Y casualmente, cuando me relajé y no seguí considerando un problema no tener un lugar propio donde vivir, la mamá de Vero me consiguió un departamento. Chico, pero bien ubicado. Cerca de Retiro, para tomar el tren al entrenamiento con los Puma Runners, y a pocas cuadras de la Reserva Ecológica. Un lugar que podría funcionar.
Creo que las cosas se terminan de acomodar si uno tiene paciencia (y colabora). Está podría ser mi oportunidad.
Y si no lo es, ya habrá otras. Porque mi lugar en el mundo ya lo encontré. Solo necesito cuatro paredes para guardar mis cosas y tirarme todas las noches a dormir.

Semana 39: Día 267: Pensando en la maratón

Entonces, en 14 días estaré en Río de Janeiro. Playa, sol, zunga. Pero me tendré que recordar que fui para correr la maratón de Río de Janeiro.

Correr 42 km es algo que no se puede improvisar. Es producto de un entrenamiento largo y sostenido. ¿Hay gente que termina una maratón en el primer intento, sin haber corrido nunca antes? Suena más imposible que prender un fósforo abajo del agua, pero si hay criaturas de otro planeta que la terminan en 2 horas 15 minutos… ¿por qué no?

Hasta hoy el tema de Río me estaba empezando a preocupar. Estoy corriendo asiduamente, no debería hacerme problema, pero hace rato dejé esos fondos de 45 km… temía estar achanchándome, no manteniendo el nivel. Hoy, en el entrenamiento de los Puma Runners, nos tocó hacer un fondo. Mi consigna era darle entre 3 y 6 vueltas al Hipódromo, que como tiene 5 km estaríamos hablando de algo entre 15 y 30 km. Siempre intento ir por el máximo, y esa distancia es la ideal para prepararse para una maratón (uno nunca corre la distancia total de una carrera para la que uno entrena, siempre se busca llegar hasta el 70 u 80%).

Con bastante frío largamos. Yo me llevé a un amigo que hice en estos días, Hugo, para el entrenamiento. Él es francés, musulmán de ascendencia marroquí, estudia en los Estados Unidos y habla muy bien inglés y castellano. Y algo de chino. Ah, su novia es rusa. Lo que se dice, un chico globalizado. ¿Para qué vino a Argentina? Entre otras cosas para mejorar su español, así que él me puede hablar en el idioma que quiera, pero yo le tengo que responder en criollo. Le gusta el fútbol y busca hacerlo profesionalmente, repartiéndose su tiempo entre la preparación física y el estudio (cuando le preguntás qué estudia, dice “Business Management”, nunca en español). Además de enseñarle conceptos muy abstractos como “quilombo” o “guita”, lo llevé a conocer a los Puma Runners y por afinidad decidió correr a la par mía. Yo estaba con muchas pilas: como mencioné en el post anterior tuve muchas satisfacciones laborales que si bien me quitaron el sueño, me llenaron de mucha energía positiva. Así que ahí estaba yo, corriendo a destajo, y Hugo siguiéndome el paso. Creo que hicimos la primera vuelta de 5 kilómetros en 23 minutos, y como él estaba distraído cuando el entrenador dio la consigna del día, abrió los ojos como dos platos cuando le dije que yo iba a seguir 5 vueltas más.

Dejé a Hugo haciendo dominadas (pull ups) y flexiones de brazos (push ups), me desabrigué (fue un acto de fe, porque todavía hacía frío), y seguí dando mis vueltas. Sigo sin mi reloj, así que no podía medir mi velocidad, pero como tengo el Hipódromo bastante estudiado, sabía la distancia que iba a hacer. Hay una cuestión mental cuando decidimos dónde está nuestra meta. Si me hubiese decidido a hacer 15 km, los últimos 5 los hubiese padecido. Pero como el límite era 30, una vez entrado en calor fue cuestión de poner velocidad crucero y sufrir más adelante.

Como decía, tengo bastante aprendido el Hipódromo. La primera parte es fácil, porque paso junto a mis compañeros y mi entrenador, entonces es una buena referencia. Uno además intenta parecer que está más entero de lo real, levanta la cabeza, abre la zancada… finge un estado impecable, pero por alguna razón uno se la termina creyendo. Después viene la cuadra del hospital, que es el costado “corto” del Hipódromo. Se pasa fácil, esquivando algo de gente. La siguiente cuadra, la de Márquez, es la más dura. Es larga, siempre en sombra por los árboles (en invierno no está tan bueno), y aunque tiene la estación de micros para ir al baño en un caso de “emergencia”, es un poco desmoralizante. Aunque es en línea recta, no se ve el final (o yo no lo veo porque nunca admitiré mis problemas de vista), no tiene tramos de pasto o tierra para no exponer a las piernas tanto tiempo al asfalto, y no hay nada que entretenga la vista. Solo vereda y el alambrado que cerca el Hipódromo. Lo único que me motiva es ver el final, saber que voy a doblrar y abandonar esa cuadra larga y tediosa. La que sigue, Fleming, tiene árboles más bajos, lo que para mí la hace más agradable, además de que tiene algo de pasto. Siempre me mando por ahí. Tiene faroles… me resulta más atractiva. La contra es que hay una entrada y salida de autos a los que les importa poco que se les cruce gente corriendo. Por último llega el final, en Rocha, que no tiene ningún atractivo salvo saber que estás a punto de terminar la vuelta.

Es curioso porque en las carreras me llevo geles, pasas de uva… de todo para tener energía. Pero como no sabía qué íbamos a hacer hasta que llegué al entrenamiento, no fui tan preparado. Y me dio la impresión de que estaba bien de energía. Quizá lo motivacional me ayudó, pero por las dudas me llevé una banana que tenía en la mochila y le daba un pequeño mordisco cada kilómetro y medio. Así me aseguré de tener hidratos de carbono constantemente. No me cuesta digerir esta fruta (quizá a otros le cae pesada), así que anduve bien. La ola de frío polar cedió un poco, y más cerca del mediodía se estaba muy bien en musculosa y pantalón corto.

Incluso con paradas en el bebedero para hidratarme, en el baño de la estación de ómnibus y para comer algo de mi mochila, creo que hice un buen tiempo. Remarco el “creo” porque no tengo reloj. Debo haber estado en las dos horas y media para los 30 km, que terminé bien, con pilas como para seguir 12 km más. Así que siento que tengo la maratón en el bolsillo. No creo que haga marca, pero confirmé que con una banana pude bancarme el 70% de la distancia a correr. Me parecen buenas señales de que en Río la voy a pasar bien…

Semana 38: Día 266: Acomodando la agenda

A 13 días de volar a Río de Janeiro y 15 de correr mi próxima maratón, me acuerdo de que no estoy corriendo lo que me gustaría. Por supuesto que me lo tomo con calma. Con todos los cambios recientes en mi vida, no me quiero desesperar si no estoy haciendo 50 km cada fin de semana. Ya habrá tiempo para volver a eso.

No es fácil acomodar la agenda, en especial estando recién separado y sin un lugar fijo para vivir. Pero intento arreglármelas como pueda. Por ejemplo, sabía que el jueves iba a trabajar hasta tarde y que iba a dormir poco. El viernes iba a estar hecho una piltrafa y no iba a poder dormir, así que me acomodé para tomarme un rato del jueves y correr 14 km. Parece poco, más siendo que en dos semanas me esperan 42, pero el corazón queda satisfecho por estar haciendo algo. Y yo logré algo muy importante, que es anticiparme y no darme cuenta a último momento que el cuerpo no me iba a rendir ni para hacer dos cuadras.

Es un tema porque estoy por encarar un viaje y no organicé nada. No me caben dudas de que lo voy a disfrutar mucho. Brasil es un país que no conozco y que no estaba en mis planes conocer, pero hay momentos en los que necesito improvisar y no estar cuestionando demasiado las cosas. Pero me faltan resolver un montón de cosas, como qué voy a llevar, qué cosas necesito… ayer perdí mi reloj GPS, así que ni siquiera sé si voy a poder seguir midiendo mi distancia, mucho menos en la maratón.

Parte de acomodar mi agenda es dormir las horas necesarias para entrenar, así que voy a cerrar este breve post y me voy a ir a la cama, por primera vez antes de las 12 de la noche en mucho tiempo. Pero no me quejo. Parte de haberme quedado hasta altas horas de la noche tuvo que ver con relajarme y hacer lo que me gusta. Y en la agenda no hay que acomodar solo las responsabilidades. También podemos hacerle un lugar a aquellas cosas que nos hacen felices.

Semana 38: Día 264: Entrenar con frío

Nuevamente estoy camino a mi entrenamiento, en el tren ramal Tigre. Otra vez estoy esperando esa revolución en el transporte que nos prometió Randazzo. Pero se sigue atrasando, los carteles electrónicos anuncian servicios midiéndolos con minutos de 90 segundos, y a veces las pantallas directamente no arriesgan ningún horario.
No me gusta llegar tarde, sin embargo nunca hago a tiempo. Tengo que empezar a salir más temprano.
Estamos a pasos del invierno,y después de un otoño con bastante buen clima, esta semana salir a entrenar de noche fue un acto de conmovedor coraje. Volvimos a correr con abrigo, los ojos llorosos por el viento frío y las veredas más vacías que nunca.
Yo vivo estos días con una mezcla de alegría, porque gay más espacio para entrenar, con sufrimiento. El frío me cala los huesos, algo que cuando estaba por encima de los 75 kg no me afectaba. El haber pedido masa adiposa me disminuyó mi aislante natural. No sé si quejarme, sé de gente que disfruta este clima y lo recibe con sus ventanas abiertas. No es mi caso.
El ver las veredas vacías me hace pensar en la cantidad de gente que desaprovecha estos meses gélidos. Por supuesto, correr en primavera es hermoso, pero ¿para qué interrumpir el entrenamiento? El cuerpo se desacostumbra rápido a la falta de ejercicio, y después habrá que empezar de cero.
Leí por ahí (o sea, en internet) una frase que decía “Los cuerpos del verano se construyen en el invierno” (o algo muy parecido). Esta época no hay que desaprovecharla. Basta con tener un abrigo adecuado, en especial para el final del entreno. Yo suelo salir en pantalón corto porque en seguida entro en calor. Hoy, que hace 9 grados (quizá menos en Acassuso), me puse la calza, que es mi límite de mariconeo. En casos de frío extremo (más en montaña que en ciudad) opto por un par de guantes. Rara vez uso un cuello todo el tiempo. Como decía, el cuerpo entra en calor, y prefiero buscar un equilibrio que correr con frío y mojado de transpiración.
No recuerdo unas vez en que entrenar con frío me haya hecho mal. En todo caso, lo peor vino cuando llegó el momento de detenerme…

A %d blogueros les gusta esto: