Semana 34: Día 233: Los 10 km (más o menos) de la Maratón River

maraton_river_2013

No me gusta el fútbol. O sea sí, me pierdo cuando la Selección Nacional juega algún mundial, pero es una vez cada 4 años, así que me apasiono con la misma frecuencia que tenemos un año bisiesto. Da la casualidad de que Colegiales está muy cerca de Núñez, el barrio de River, y que hoy se celebró una carrera de 10 km competitiva y 3 km participativa.

No es lo único casual en esta crónica. En el día de ayer dejé a mi novia encerrada en la casa, sin tener acceso a la cocina ni a su juego de llaves, que le hubiese permitido salir a comprar víveres. Por esto abandoné mi entrenamiento por la mitad y me volví corriendo (no literalmente, sino en remís) para poder abrirle. Me quedé con las ganas de seguir entrenando, ya que cualquier vestigio de lesión en mi tibial ha desaparecido por completo. Resolví levantarme hoy temprano (pero sin despertador), desayunar, meterme unas pasas de uva, un par de caramañolas con agua, y partir hacia la gris y fría mañana.

Tomé un camino alternativo, en lugar de bajar directamente hacia Avenida del Libertador y encarar hacia el lado de Retiro, me quise perder por las bicisendas y aprovechar que había poco tráfico. Me perdí literalmente porque de pronto no sabía dónde estaba. No soy bueno orientándome, ni siquiera en las cercanías de mi barrio, pero me las arreglé para aparecer en la Avenida Santa Fe, por debajo de las vías del tren. Tomé Intentente Bullrich, hice una parada técnica en el baño del Jumbo, y corrí pegado a la mezquita. La intuición me iba llevando para ese lado, y yo quería correr por terreno blando. Fui por Avenida del Libertador y al cruzarla extrañé correr en una carrera. Con nostalgia pensé en las maratones (las de 42K) y otras competencias de calle donde se cortaba el tráfico y podría ir por el asfalto. Como corredor, pocas cosas me hacen sentir tan libre. Una reivindicación para el ser humano por sobre las máquinas (automovilísticas).

Iba pensando en esto, lo juro, mientras corría por uno de los laterales de plaza Holanda. Fui girando, instintivamente, y al llegar a Figueroa Alcorta me percaté de que la policía cortaba el tránsito. A lo lejos, debajo del puente de las vías del tren, vi varias camisetas blancas que iban y venían. Encaré hacia ahí. Al principio pensé que era un grupo de entrenamiento… pero eso de cortar la calle era poco usual. Entonces supuse que era un precalentamiento para una carrera. Me acordé de mi ídolo, Dean Karnazes, que solía correr 100 km y terminar justo antes de la largada de una maratón… para ahí seguir rodeado de gente. Yo, que no me considero ni a la altura de la suela de Karnazes, acababa de correr 8 km, así que bien podía engancharme extraoficialmente en una carrera de calle y divertirme un poco.

Cuando alcancé a estos corredores me di cuenta de que estaban en medio de la competencia. Lo que pasaba era que se trataba de los más rezagados, que a esta altura entregaban toda la energía que les quedaba. Muchas eran chicas, de todas las edades. La remera, blanca y con detalles rojos, me gustó mucho (una de las más lindas que he visto, yo que no estoy influenciado por el fútbol), y soy medio corto de vista, porque me costó darme cuenta de que hacía referencia al club River Plate.

En un principio iba por la vereda, porque me daba vergüenza colarme. Lo hice una sola vez, en mi primera media maratón, y me hicieron ver entonces que estaba mal usar recursos de gente que pagó su inscripción, y mucho más hacerme con una medalla que no me correspondía. Me acordaba de todo esto mientras me debatía entre aprovechar ese asfalto libre de automóviles… me resulta tan gratificante correr por ahí, pasar por debajo de ese puente… Cuando vi el cartel que indicaba 4 km hice un paso disimulado y me enganché. Tenía mi atuendo de corredor (hoy hizo frío), y para mí era demasiado evidente que yo no formaba parte de esa carrera. Hasta intenté bajar mi ritmo para no desentonar con toda la gente que me rodeaba. Ahí venía Emilse, la “Mujer Araña”, que corre a su ritmo, lento pero constante, y dando gritos y saludando a todo el mundo.

El recorrido era muy lindo, y me encantaba estar entre tanta gente. La carrera nos llevó adentro de los Lagos de Palermo, y como la calle es libre, muchísima gente que no estaba inscripta en esta competencia iba a un costado… yo no inventé nada, éramos muchos yendo a la par. Pasé junto a un puesto de hidratación, por el kilómetro 5, y me pareció indigno tomar agua, así que negué la asistencia y seguí. Cada vez nos acercábamos más a la cancha de River, y obviamente que si llegaba a la meta me iba a hacer al costado. Pero yo no tenía ni siquiera idea de cuánto era la distancia total. El cálculo me daba que iba a ser unos 8 kilómetros, porque ya podía ver el arco de llegada… y mientras me acercaba a la cancha, escuché que me gritaron “¡Martíiiin!”. Me frené y vi a Silvia, la mejor amiga de Vicky, que iba con su novio y sus hermanos caminando. Acababan de terminar la carrera. Cuando me saludaron me preguntan “¿Sos de River?”. Ahí confesé que no, que me había enganchado de casualidad. “Tenés que entrar a la cancha, está buenísimo”. No tenía idea, faltaban como unos 200 metros para llegar hasta la puerta de entrada. Silvia le sacó su número dorsal a su hermano y me lo abrochó en el pecho. Me negué un poco, pero me insistieron.

Partí hacia el Monumental, custodiado por 20 patovicas, cada uno del tamaño de un ropero mediano. Pasé infiltrado y aunque no me gusta el fútbol y es un fanatismo que no entiendo, entrar a la cancha fue muy emocionante. Mientras corría los primeros metros escuchaba a la gente gritar emocionada, alentar a su equipo, y de algún modo sentirse parte de todo eso. Llegamos al circuito de atletismo que rodea el césped de juego, y muchos se paraban para sacarse fotos. Arriba, el cartel electrónico mostraba a los corredores, y solo tenías que levantar la vista para verte en pantalla gigante.

Tengo que hacer una confesión. Además de que no me gusta el fútbol también soy un amargo que no va a recitales. Así que esta era la primera vez en mi vida que entraba a la cancha de River. Creo que de muy chiquito, como en el jardín de infantes, fui a la de Banfield, y mi recuerdo es que era monstruosamente gigante. Por eso, cuando entré al Monumental, me pareció muy chiquita. Tengo una teoría, además de la comparación con mi recuerdo infantil, y es que al estar acostumbrado a correr distancias grandes, el área que separa un arco del otro me pareció corto. Pero esta debería ser la cancha más grande de Argentina (digo, desde mi total ignorancia), así que no deben haber campos de juego más grandes que eso. Acabo de dejar en evidencia toda mi ignorancia futbolística.

Salí del Monumental, con algunas fotos rápidas y mal sacadas con mi celular, y crucé el arco de llegada, que estaba ahí nomás. No me animé a hacerme a un costado. No tenía chip, así que esquivé a los asistentes que los quitaban con su pinza. Me podrían haber dado una medalla, pero me pareció incorrecto llevarme una, así que pasé disimuladamente, y por suerte nadie vino corriendo a dármela.

La salida era un mercado persa. Estaba atestado de gente. Unos cuantos vendedores ofrecían de todo, desde ropa hasta comida, pasando por recuerdos como mates tallados y souvenirs. Supongo que esto también pasa a la salida de los recitales. Acabo de dejar en evidencia toda mi ignorancia recitalística.

Había completado un poco más de 12 kilómetros, y mi objetivo para esa mañana era hacer 20. Me puso muy contento cómo todas esas casualidades me fueron llevando hasta esa carrera, y cómo cruzarme con una amiga, a la que ni siquiera había visto, me ayudó a entrar y darle una vuelta a la cancha de River. Cosas que ni me imaginaba cuando me levanté esta mañana.

Volví sobre Figueroa Alcorta, doblé en La Pampa y rodeé el club de golf. Así fui llegando por circuitos más conocidos y tradicionales, hasta llegar a casa. Fue un día peculiar e inesperado. Y lo mejor era que ni siquiera eran las 11 de la mañana… todavía me quedaba mucho por delante.

Publicado el 19 mayo, 2013 en Carrera, Reflexiones y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. Martín:

    Ahí estuve corriendo. Sabés que me pareció verte y dije “no… imposible que haya venido a correr 10k” así que no me acerqué por miedo a quedar como un boludo.

    ¡Quedará para la próxima!

    Saludos,
    Mauro

  2. iamafuckingrunner

    Que entretenido! Debe estar buenisimo estar corriendo y por el final del entrenamiento cruzarte asi con un peloton de gente y correr los ultimos kms acompañado… Dicen que no hay vida mas solitaria que la del corredor de fondo, y cuanta verdad no?

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