Semana 33: Día 230: Los 60 km de la Aurora del Palmar

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Hoy, después de mi insistencia, vuelvo a cederle el puesto de redacción del blog a Vanessa, quien reseñará una ultramaratón a la que no pude acudir por mis compromisos con la Feria del Libro y por mi (ya curada) lesión en el tibial. Fue una carrera a la que asistieron varios de mis compañeros de los Puma Runners (a los que también se los conoce como los LionX, tal como lo describe ella en su crónica), así que, desde la lejanía, sentí que acompañaba en cada tramo:

Dado que el blog de MartAn –quien cariñosamente siempre me deja lugar para invadirle el blog con pequeños relatos– es de running, me limitaré a describir brevemente las noches previas a la carrera, para luego pasar a describir mis primeros 60 km. De antemano me disculpo por cómo voy a escribir… lo culpo a Kerouac, y su narración, dado que distintas novelas suyas me han acompañado esta última semana en el tren.

La Previa
Salimos el jueves rumbo al norte. No sabíamos muy bien dónde íbamos a ir, sabíamos que el destino era llegar a la Aurora del Palmar para el sábado, que es cuando teníamos la reserva, pero el jueves no tenía destino todavía. En algún momento de la Panamericana, Germán (nuestro entrenador) sugiere la idea “¿y si vamos a Rosario?”. Enseguida Lean y yo (los otros 2 viajeros del auto del jueves) asentimos a esa idea. ¡¡Rosario!! ¡Qué buena idea había tenido! Pasamos todo el día en esa ciudad, y tras una cena en el tradicional Cairo, seguida por unos tragos en Rock & Feller’s (altamente recomendados), volvimos para el hotel a dormir.

Yo había sido responsable de activar el despertador (en una de las 234 vueltas que doy antes de dormir) para llegar al desayuno al día siguiente, y partir hacia Colón. Por supuesto sonó el despertador, y me levanté para apagarlo y dormir 5 minutos más… Eran las 11 menos 20 y teníamos que entregar la habitación en 20 minutos. Chau idea del desayuno, y de la ducha tranquila a la mañana. Aproveché a entrar a ducharme velozmente, y mientras los chicos terminaban de empacar hice el checkout, y volvimos a la ruta.
El camino más directo y menos repetitivo hacia Colón era por Victoria. Aprovechamos a cruzar el siempre majestuoso puente Rosario–Victoria, con sus vistas a la ciudad del Monumento a la Bandera, y descubrir nuevas ciudades. Obviamente, que con nuestros desvíos, turismo, escalas de comida, y escalas de baño mías (siempre frecuentes en los viajes); llegaron a Colón antes los chicos.

Nos encontramos con ellos en el Sótano de los Quesos, los chicos pidieron una gran gran picada con cerveza, y yo los acompañe en espíritu y cuerpo, mientras comía mi choclo con agua. Tras este festín, nos quedaba tiempo para recorrer la ciudad, realizar la tradicional escala por los fichines (en este caso con torneo de tejo y Daytona – creo que Germán gano el tejo, y el Daytona terminó en empate por una mala maniobra mía en los últimos 3 segundos de la carrera… ahora se cómo se sienten los jugadores de fútbol a los que les dan vuelta el partido sobre el final del partido). Ya mas tranquilos después de la maratónica sesión de fichines, jugamos un truco en la plaza, fuimos al boliche y llegamos, tras muchos desvíos, al reservado hotel para la carrera.

La Competencia
La Aurora del Palmar es un lugar sin desperdicio, aprovechamos el sábado para relajarnos, descansar en equipo, jugar un poco al truco (nuevamente), a pasar la pelota de rugby (algún día aprenderé como es que se pasa correctamente), tomar te, y dormir.

Eran las 4 de la mañana, el pelado nos contaba su odisea nocturna tras una noche de ronquidos de Marcelo en la habitación, por mi parte yo sometí a lean a una noche hablada (si… hablo mientras duermo). Habíamos cenado en el pueblo cerca de la aurora del palmar la noche anterior –en una parada de colectivo para ser más precisa, lo cual era el único restaurante a la vista– Marce me recordaría del sabor de los fideos en distintas instancias de la carrera, pero ese no es el objetivo del presente relato.

Para variar, y por más que la cabaña estaba a menos de 200 metros de la largada (!!!!), largamos tarde (la largada era a las 5:00 am, y largamos 5:03). A poco más de  300 metros de la largada, y con 60 km por delante (59,7 para ser exacta), nos hicieron cruzar el primer arroyo. El Pelado se tiró al arroyo delante del grupo de los que largamos tarde (+2 personas que habíamos alcanzado). El agua le llegaba a mitad del pecho. Nos gritaba a Marce y a mi “¡Vamos! ¡Vengan al agua! Que alguien cruce adelante mío…”. Nosotros mirábamos como gatos que no queríamos mojarnos con agua. Vimos que uno de los otros corredores (de ese grupito de 2) cruzo a menos de 3 metros de donde había entrado el pelado al agua, y que el agua solamente le llegaba a la cintura… sin pensar en el espíritu de equipo, y priorizando egoístamente nuestro instinto de mantenernos fuera del agua por un tiempito más, cruzamos por donde había cruzado ese otro corredor… por esos 3 metros de distancia, del punto desde donde se había tirado el pelado.
Antes de decir cómo fue la salida del arroyo, debo mencionar brevemente, que tras una larga decisión filosófica entre nuestros pies y nosotros, todos optamos por correr con las zapatillas livianas, por lo que salir del agua patinando por el barro fue poco glamoroso. Ahora si.. ya sin miedo al agua, empezamos a recorrer los 59,7 km que nos quedaban de carrera, a un poco más de las 5 de la mañana, con las zapatillas mojadas y el espíritu de aventura finalmente activado.

Los próximos 6 km fueron tranquilos, por calle interna del palmar, siguiendo huella de camionetas. Había ocasionalmente agua, arena, pastito, agua, arena, los famosos “hidrátense” del pelado, y los “chicos.. en serio, vayan a su ritmo, no se tienen que quedar al ritmo pedorro mío, despéguense cuando quieran” (debo mencionar en este momento que Marcelo, por más que podría haber terminado cómodamente en poco tiempo la carrera jamás jamás se separó más de 10m de mi lado en la carrera, por lo que le estaré eternamente agradecida).

Cruzamos un arroyo, seguimos corriendo por distintas superficies, arena, agua, pasto, etc etc… y el sol lentamente y tímidamente comenzaba a subir. Al pelado lo perdimos a los 8 km de la largada aproximadamente (poco después del arroyo), él debía mantener un ritmo alto para poder correr con su hijo 15 km, después de completar la carrera de 60 km, y yo mantenía un ritmo inferior al que debía mantener él.

Pasó el primer puesto de hidratación, lentamente comenzaban a circular autos por las calles, y nos acercamos al segundo puesto de hidratación (alrededor del km 32). Mi cabeza ya estaba en las charlas con Marcelo, y los paisaje – Si, la corredora de calle, que frecuentemente corre con su ipod, estaba corriendo en aventura, con zapatillas embarradas y enarenadas, sin usar el ipod –… Volviendo al relato de la carrera, llegamos al segundo puesto de hidratación. Acá nos reencontramos con el Pelado. Su rodilla tenia del lado de atrás una pelota del tamaño de una pequeña, y levemente deforme, pelota de golf. Tras consultarle si quería seguir o volver (obviamente el pelado iba a terminar la carrera), comenzamos los 8 km por las vías. La mayoría de este circuito era por piedras (como suele haber a los costados de los durmientes).  Decidimos caminar por este circuito a modo de no lesionarnos los tobillos (¡y una caminata ligera ayudaba a recuperarnos!).

Hubo un punto donde nos perdimos porque no entendimos bien la señalización. Bajamos de las vías a la izquierda, y a la derecha… miramos un buen rato, hasta que un señor de aproximadamente 70 años, que estaba tomando mate sobre un puente del tren, dijo que los otros corredores habían seguido derecho.
Ya con el camino nuevamente indicado, continuamos hacia nuestro destino: los 60 km.

Pasaron los kilómetros con vías, agua, barro, arena, puestos de hidratación, ¡y llegamos –finalmente– a la parte de las palmeras! ¡¡¡Qué lindo Paisaje!!! Estar corriendo entre las palmeras era surrealista. Ahora entendía porque es que Lucas Bylo había elegido ese circuito y ese  momento para llegar a las palmeras.
Tras un encuentro con una vaca que miraba al pela con muy mala cara (se ve que sabía que el pelado ya estaba pensando en comer una hamburguesa, o una milanesa), llegamos a los bosques.

Ya se le estaba pasando el efecto del diclofenac al Pelado, y se notó en el descenso de ritmo, y la complicación que tuvo el bosque. Esta parte fue muy dura para él ya que no podía doblar la rodilla. Con Marce sacábamos las ramas (alambres, y otras cosas) del camino, y buscábamos entre las ramas algo que sirva de bastón, para alivianarle un poco los 8km restantes al pelado. Cada vez que pasábamos una tranquera, o un alambrado veíamos en su rostro el aumento del dolor para poder pasar los obstáculos.
A los 2 km de la llegada nos despegamos del Pela. Él nos pidió que buscáramos a Germán (el Conejo – nuestro entrenador) para que lo ayude a cruzar el arroyo del final. A medida que nos acercábamos a la línea de llegada, y al arroyo, veíamos que nuestros amigos se acercaban a nosotros para recibirnos. Fue una llegada sumamente emotiva!. Cruzamos la línea, nos abrazamos con todos, y volvimos hacia el arroyo para recibirlo al Pelado, y volver a cruzar con él la llegada.

“I felt like lying down by the side of the trail and remembering it all” ― Jack Kerouac, The Dharma Bums
Fue una gran carrera, llena de emociones, donde los vínculos humanos pasaron a primer plano. Sin importar si hay 4, 8, 10, 21, 42, o más km en una carrera; cada vez más estoy notando que la motivación para llegar es ver la cara de mis amigos, esperando en la llegada, con una sonrisa y un abrazo. Cada uno de ellos me acompaño a su manera los 60 km… pensábamos en los consejos que nos darían Lorena y Dany si estuviesen ahí con nosotros; pensamos en Lean –y su familia– a lo largo de toda la carrera (por más que él no pudo correr los 60 km por motivos familiares, nos acompañó en cada uno de los kilómetros), pensábamos en nuestros amigos, con quienes habíamos compartido el partido de truco la noche anterior; y en todos los LionX (y ex–LionX) que nos enviaban mensajes de whatsapp desde Buenos Aires, para alentarnos en el camino, y ver cómo estábamos.

Como cereza sobre el helado, cuando fuimos a lavar las zapatillas estaba la entrega de premios, y me enteré de casualidad, cuando llamaron mi nombre, que había logrado podio entre las Damas.  Estoy eternamente agradecida a todos los que me ayudaron a esto, y en esta carrera en especial a mis amigos y compañeros de auto, y a Marce quien, como dije anteriormente, no se separó de mi lado en la carrera (por más que tuve mis muchas escalas técnicas).

¡¡¡¡Vamos por más!!!!

Publicado el 16 mayo, 2013 en Carrera, Reflexiones y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. Vanessa, pues felicidades!!! Si no es indiscreción, cuanto tiempo te llevo la carrera??? Saludos!!!!

    • segun el gps 9:48, a partir del ultimo 1/3 bajamos el ritmo bastante. cualquier cosa avisame y te exporto la info del gps.

      • No es necesario, así esta bien. Felicidades nuevamente. Yo aún no he experimentado los ultras y ando queriendo pero quiero ir viendo tiempos para ver más menos que me espera, aunque obviamente los tiempos son muy diferentes pues a diferencia de las carreras de calle, estas carreras son con terrenos muy distintos.

        • Adal, es imposible saberlo, porque cada carrera de aventura es única…

          • es como dice martin. por mas que soy de las pocas amantes tanto de las carreras de calle como de aventura, en aventura no puede calcularse el tiempo. Eso lo vi desde pinamar y Tandil tambien. En calle sabes muy bien tus ritmos, aunque también cada carrera cambia (clima, cambios de cada uno, contracturas, bailar en el medio de la carrera, alimentacion etc). Tanto para calle como aventura, es disfrutar la carrera.Olvidate de los tiempos 😉

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