Semana 30: Día 205: La maratón de Boston

La Patagonia Run y mi lesión en el tibial hicieron que no me pudiese dedicar a escribir sobre la tragedia de Boston. Pero eso no quiere decir que no estuviese pendiente del tema. Ahora que las aguas se aquietaron y que hay más confirmaciones que rumores, me pareció el momento para hacer una o dos reflexiones.

Creo que ningún corredor aficionado desconoce la importancia que tiene una maratón. La distancia perfecta de 42 km con 195 metros ha sido la meta para muchos. El esfuerzo al que uno se somete es grandísimo, y en el proceso sentimos morir al tocar el muro y renacer al cruzar la meta. Desconozco si alguien ha terminado una maratón y ha decidido a no volverla a hacer… me suena a que cuando uno la finaliza y los dolores posteriores desaparecen, quiere reiniciar todo el proceso y repetir la experiencia. Al menos eso es lo que me pasó a mí, y creo que sin importar el sexo, país de origen, nivel de entrenamiento o nivel económico, todos podemos hermanarnos con la sensación de gloria de ser maratonistas.

La Maratón de Boston, que tiene más de 100 años, es una de las más prestigiosas. Casi 25 mil corredores la enfrentaron este año, el 15 de abril. Ninguno sabía que, a poco más de 4 horas de su inicio, dos bombas caseras iban a estallar al ras del piso, matando a tres personas (una un niñito de 8 años) e hiriendo a 183 personas. Tampoco que esto iniciaría una cacería de dos sospechosos en el que un policía terminaría gravemente herido y otro oficial acabaría muerto. Los explosivos contenían clavos, perdigones y otros materiales de metralla para hacer el mayor daño posible a los presentes, pero al estar al nivel del suelo, las heridas fueron en su mayoría no letales. A excepción de las tres muertes, las víctimas se llevaron lo peor de la cintura para abajo, lo que no quitó que varios sufrieran amputaciones.

Dejemos de lado el trauma horroroso de estar en medio de un atentado terrorista. ¿Hay algo más espantoso para un atleta aficionado que terminar o estar a punto de finalizar una maratón y que una explosión inesperada te incapacite para correr por el resto de tu vida? Se me hiela la sangre al pensar en las bombas estallando 4 horas y 9 minutos después de la largada, un tiempo que tanto mi primera maratón (Buenos Aires 2010) como la última (Rosario 2012) me hubiesen situado en la zona de mayor peligro. Pienso también en Vicky, en mis amigos, y me doy cuenta de que la peor parte se la llevaron gente común y corriente, que tuvo la pésima suerte de estar en el lugar equivocado, a la hora equivocada.

Quizá sea una irresponsabilidad meterme en política en una situación así. Los sospechosos son hermanos chechenos (uno falleció en un tiroteo posterior, el otro actualmente está gravemente herido). Aparentemente nacieron en Rusia y son musulmanes. Lo cual, por supuesto, no implica nada. Creer que son culpables por su religión es tan necio como decir que las víctimas norteamericanas se lo buscaron por la política exterior de su país. Estos atentados cobardes no miden su nivel de destrucción; buscan hacer el mayor daño posible. No persiguen objetivos militares ni tampoco buscan hacer un daño en objetivos políticos o financieros. Aquí se buscó generar terror en aficionados al deporte. ¿Qué pasa por la mente de un terrorista que setea su bomba para que estalle cuando llega a la meta el tipo común? No sé, me cuesta pensarlo y dudo que encuentre una respuesta.

Me gusta Obama porque creo que quiere cambiar las cosas, aunque me decepcionó muchísimo cuando prometió sacar a las tropas de Irak y no lo cumplió. Me da la imagen de un tipo de grandes valores que terminó jugando el juego de la industria de la guerra. Creo que podría haber pasado a la historia como un revolucionario, pero terminará siendo recordado como el primer presidente afroamericano. Sin embargo me parece un excelente orador, y me conmovió en el discurso que dio poco tiempo después del atentado. Dijo “Seguiremos corriendo”, y me parece que es un mensaje poderoso que tenemos que aplicar en nuestra vida. El equivalente atlético a “El show debe continuar”.

La maratón de Boston no es considerada “oficial”, porque no cumple ciertos requisitos en cuanto a la altura acumulada. Por eso no se han reconocido récords mundiales que se dieron lugar en su recorrido. Sin embargo, integra mi lista de carreras soñadas (junto a la de la Muralla China, la Espartatlón, la de New York, la de Londres y la de Disney). Quizá sea un poco egoísta sentirse tocado por un atentado que tiene lugar en el ámbito que a uno le gusta, como si un acto terrorista en otra ciudad, en otro país, en otro contexto, no fuese igual de grave. O peor. Pero es inevitable, uno se compadece más cuando se identifica con el otro. Y, poniéndome a intentar meterme en la cabeza de un asesino, quizá buscaron eso. Que muchos que se sentían seguros, que podía disfrutar de una actividad, empezaran a asustarse. A creer que a cualquiera le puede tocar. Es algo horrible, pero plausible. De ahí debe venir el término terrorismo: de generar terror. Y lo generaron en mí, a miles de kilómetros de distancia.

Pero seguiremos corriendo. Si hay algo tan ilógico como el que mata y hace daño a distancia, podría ser dejar de hacer lo que uno ama por miedo. Ojalá que nadie les dé esa satisfacción.

Publicado el 21 abril, 2013 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Carla Grisolia

    Según lo que leí en una nota de un diario español, estos hermanos eran seguidos por el FBI… parece q no los siguieron muy bien

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