Semana 28: Día 191: Los 100 km de la Ultra Buenos Aires

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Esta historia empieza a mediados de 2008. Yo había empezado en un grupo de entrenamiento, los LionX, y después de un par de meses de entrenar con cierta regularidad, llegó la hora de probarse en una carrera. Esta fue la Merrell Adventure Race Pinamar. Me enganché en una posta, e hice los 7 km que me correspondían (el último tramo). Al cruzar la meta Germán, nuestro entrenador, se me acercó y me dio un abrazo. Yo no entendí por qué me felicitaba, si lo que había hecho me parecía bastante poco. Tenía compañeros que habían corrido 27 km, y ellos me parecían más dignos de felicitación que yo. Germán nunca olvidó este detalle, y esta anécdota cobró otra importancia en el día de hoy. Les pido que no se olviden de esto, porque va a tener un poco más de sentido hacia el final del post.

Un día decidí empezar con Semana 52, un blog con un objetivo anual, que era entrenar diariamente y mejorar mi alimentación. Germán me acompañó y pasé de haber tenido una de esas Merrells de 27 km como marca máxima, a correr maratones. De hecho, cerré el año corriendo 42 km en Atenas, estilo “guerrilla”. Ya en ese entonces estaba saliendo con Vicky, quien se había quedado en Buenos Aires. Fue ella la que me habló de la Espartatlón, carrera que si bien conocía, nunca le había prestado mucha atención. Ella, sin quererlo, me metió la idea de enfrentarme a esta durísima prueba de 246 km en 36 horas, uniendo Atenas con Esparta.

Para inscribirse en esta legendaria competencia hay que reunir algunos requisitos. El que me parecía más sencillo era correr 100 km en menos de 10 horas y media. O sea, era el más sencillo, sin que eso signifique que era fácil. Un teléfono descompuesto entre un argentino y un griego hablando en inglés hizo que me durmiera y que, cuando las cosas se aclararon, me diese cuenta de que no estaba inscripto en la Espartatlón 2012. Como último recurso, le propuse a Germán organizar una carrera nosotros, de 100 km, para así reunir los requisitos. De esta manera nació la Ultra Buenos Aires. Fede Lausi, de Salvaje Eventos, aceptó darnos una mano con la fiscalización y propuso hacerlo en Marcos Paz. La competencia, que me tenía a mí como único participante, no salió bien en el sentido de que no llegué (hice 77 km, cometiendo muchos errores por inexperiencia). Pero fue algo muy hermoso y movilizador para mí, porque estaba mi familia y mis amigos apoyándome. En una de las situaciones más emotivas, un par de kilómetros antes de abandonar, se aparecieron unos cuantos a correr a mi lado, algunos con jean y zapatillas de lona. Me quedó el gustito amargo de no haber podido cumplir mi sueño, pero el gustazo de haberme sentido tan querido.

Los sueños no se cancelan, sino que se posponen, me dijo alguien en el blog. Me pareció que tenía razón, así que decidimos repetir la experiencia de la Ultra Buenos Aires. Al principio estaba en duda de si Salvaje iba a poder organizar por todos los compromisos previos con sus propios eventos, pero los planetas se alinearon, y Fede Lausi puso la fecha del 7 de abril para correrla. Le sugerí poner varias distancias para que se enganchen no solo corredores de elite, sino cualquiera con ganas de probarse en largas distancias, y así se decidió que tenga un circuito de 25 km, en el que se podía pasar una, dos o cuatro veces, dependiendo de la distancia a la que uno se hubiese inscripto.

Marzo fue un mes muy malo para mí. Caí en una gran depresión por motivos personales, y eso me afectó mucho mi entrenamiento. Corrí 50 km muy lastimosos, que me hicieron olvidar de la Espartatlón, ya que ni siquiera me parecía que podía alcanzar los 100. Pero seguí haciéndole caso a Germán, entrenando las distancias que me sugería, y cuando me tocó hacer 70 km, Vicky me ayudó con la logística… y llegué muy entero. Ahí me pareció que podía llegar.

Pero la tensión no se fue. De hecho, se pasó a mis piernas, y dos días antes de la Ultra los gemelos me dolían terriblemente. El sábado me dio diarrea, me salió una llaga en el labio, y el dolor se pasó a mis tibiales y rodillas. Pensé en abandonar, pero me acordé de Robertito, el nene mendocino con leucemia por el que íbamos a correr. Si él la peleaba todos los días, ¿qué ejemplo le podía dar si renunciaba antes de tiempo?

La salida fue desde la estancia La Mariucha. Originalmente salíamos a las 7, pero unos cuantos rezagados nos demoraron hasta las 7:30. Los de 100 km éramos como siete corredores. Entre los de 25 y 50 superábamos los cincuenta inscriptos. El recorrido eran caminos rurales, y tenía forma de ocho, para que hubiese hidratación en la largada/llegada, al igual que en el km 6,5. Como estaba en el centro, lo volvíamos a pasar en el km 20. La bebida consistía en Powerade en el arco de salida y después agua.

Salí segundo, atrás de Martín Paternó, ídolo cordobés. Mantenía un ritmo imposible de alcanzar. No lo vi en la largada a Germán y me preocupó, pero supuse que solo se había retrasado.

El camino estaba bien marcado, aunque con cansancio encima no veía las flechas. Empecé intentando mantener un ritmo de 5:30 el km. Si podía hacer la mitad así, el resto se podía hacer en 6:30 y así cumplir la marca de las 10 horas y media con holgura. Me preocupaban muchos mis dolores previos, y no estaba seguro de poder correr sin acalambrarme. Pero apreté los dientes y seguí.

Venía escoltado por mis amigos Juandy y El Colo, ambos en bici. Además, mi hermano Matías venía con su auto (igual que el año pasado) y tenía de copiloto a mi papá. Ellos se encargaban de que tuviese comida y agua constantemente. Las ultramaratones son competencias de comer y beber en el que hay lindos paisajes y se hace actividad física.

La primera vuelta de 25 km no tuvo mayores inconvenientes. Casi todo era camino rural, con poco o nada de barro, más un tramo de unos 4 km en asfalto. Como cada vez que salgo a correr al principio del día, hacía mucho pis, muy transparente. Okey, todo bien, es una señal de que los riñones funcionan bien.

Mi sorpresa llegó cuando alcancé el km 21, en el que empezaba la parte crosscountry. Yo imaginé que solo íbamos a cortar camino por campo, pero además de cruzar una cerca de alambre por encima, teníamos que sortear mucho barro y correr por tierra poceada por vacas. Al principio me pareció que iba a jugar en contra de mi objetivo de llegar en menos de 10 horas y media, pero entendí que este tramo iba a hacer el camino menos aburrido.

La meta estaba en un tambo, así que en los últimos metros tuve que esquivar a unas cuantas vacas. Me intimidaban bastante, porque pesan más o menos igual que un auto compacto. Por suerte, cuando me acerqué corriendo se hicieron a un lado. Crucé el arco de llegada a las 2 horas 19 minutos. Ahí, no había nadie para recibirme. Busqué con la vista a Germán, y no lo vi. Dudaba de que hubiese ido y eso me angustiaba mucho.

Empezando la segunda vuelta, llegó mi mamá y mi amigo Javi. Se subieron al auto de Matías y mi papá y me acompañaron esos otros 25 km. Me sentía cansado pero entero. A diferencia del año anterior, fui mucho más conservador con mi ritmo, oscilando entre 5:30 y 5:40 el kilómetro. Juandy intentaba mantener el ritmo, y se sorprendía de lo que le costaba alcanzarnos cuando frenábamos.

En el km 30 me empezó a doler el canto del pie derecho, así que me tomé un calmante sublingual. Como siempre, apreté los dientes y seguí. Por suerte no “toqué el muro”, aunque el ritmo me parecía que bajaba de vez en cuando. Aproveché el asfalto de la colectora para aumentar la velocidad y especular con eso para después. Llegué a la parte de crosscountry (donde ni el auto ni las bicis me podían acompañar), trepé el alambrado y cuando llegué al primer barrial me fui de boca al piso. Las manos me quedaron hundidas, al igual que las rodillas y las zapatillas. Lancé mi característico “¡La puta que me parió!”, me levanté y seguí corriendo.

En la meta, que crucé a las 4 horas 21 minutos, me esperaban mis amigos y mi familia. Pero Germán, mi entrenador, no estaba. No dejaba de pensar en que necesitaba que estuviese ahí, acompañándome en ese día tan importante.

Aproveché para ponerme medias limpias y sacarme las embarradas. Me embadurné con Voltaren, tomé agua y salí.A los pocos kilómetros me crucé con Paternó, el puntero, que estaba sentado en el piso. Le pregunté qué le pasaba y resultó que tenía mal su tobillo. Quise ayudarlo y lo mandé de vuelta a la meta con el auto de mi hermano. Me pareció que no se podía dejar a nadie tirado, y que yo era capaz de arreglármelas solo unos kilómetros. Así pasé a la delantera, pero con la conciencia tranquila.

Esta tercera vuelta, sin dudas, fue un desastre. Estando solo, me di cuenta de que mi pis tenía el color Tang de naranja, incluso cuando estaba tomando puramente agua cada 15 minutos. Estaba agotado y me empecé a hacer la idea de que no iba a llegar. Tomar constantemente agua no me ayudaba, y de pronto las ganas de orinar se repetían y solo salían cinco gotitas oscuras.

Intenté relajarme y beber, pero la situación era frustrante. Se me ocurrió, ya que contaba con un equipo que me cuidaba, de llamar por teléfono a Romina, mi nutricionista. Le pregunté si podía ser hiponatremia, un trastorno causado por tomar agua baja en sodio, algo que puede ser fatal para un atleta. Era plausible. Su consejo: abandonar la carrera y ver a un médico. Le confesé que estaba buscando una excusa para abandonar… y que por eso no quería hacerlo. Me dijo que no tome más agua, solo Powerade, y que la mantenga al tanto.

Ajustamos la estrategia y el auto de mi hermano salió disparado a buscar más bebidas isotónicas. Estaba asustado, porque el pis (que salía en gotitas) era muy turbio y las ganas de orinar me impedían correr. Caminé, maldecí, y pensé en la posibilidad de abandonar la carrera por motivos médicos. Pero de alguna forma decidí seguir avanzando y beber mucho, mucho Gatorade y Powerade. Milagrosamente me volvieron las fuerzas y mantuve un ritmo bastante bueno. Haber frenado había causado que mi ritmo bajase estrepitosamente, pero cuando alcancé nuevamente la colectora de la ruta, aproveché el asfalto para aumentar la velocidad.

Cuando llegué a la parte de crosscountry, habiendo acumulado 70 km (mi marca más reciente), me pareció que podía terminar la carrera. Tenía buen tiempo, encontré con Mak, mi compañero de los LionX que estaba terminando sus 50 km. Me dio mucho aliento y lo pasé. Cuando levanté la pierna izquierda para trepar el alambrado, me dio un terrible tirón en la nalga. Pensé que no iba a poder seguir, así que me tomé otro calmante. Pero por suerte los músculos se fueron aflojando y pude seguir.

Crucé la meta en 7 horas 28 minutos. Busqué con la vista a Germán, mi entrenador, y no lo vi. Aunque no estaba, no perdía las esperanzas de que se asomase de atrás de un árbol. Cuando me crucé con Mak no tuve el coraje de preguntarle si había venido, por miedo a que me confirme que se había quedado. Estaba confiado en terminar, sentía que tenía la carrera en el bolsillo, pero el triunfo iba a tener un gusto amargo. De todos modos, no podía asegurarme de poder terminar aún.

Antes de salir le pedí a Vicky que se suba al auto de Matías y corriese conmigo esos últimos 4 km crosscountry. Debería aclarar aquí que Matías se iba a quedar la mitad de la carrera, para volverse a casa y cumplir su rol de padre y esposo. Pero se dio cuenta de que lo necesitaba, y que sin él se hubiesen dificultado mucho las cosas. Yo sospechaba que no se iba a querer volver.

Esta última vuelta, teniendo 3 horas de margen, la podía hacer en un ritmo de 7 minutos el kilómetro. Empezaba a entrar en terreno desconocido, siendo que mi única referencia eran los pésimos 77 km que hice en Marcos Paz el año pasado. Juandy iba y venía con su bici, consciente de la importancia de que tomase bebidas isotónicas todo el tiempo. Mi papá y Vicky, copilotos de mi hermano, me alcanzaban también bebida, comida y Voltaren para cada dolor nuevo. Tuve las molestias más inusuales de mi vida. Por ejemplo, en un momento se me acalambró el cuello, debajo de la mandíbula, y la lengua me quedó dura. ¿Cómo puede ser tan traumático hacer algo tan maravilloso como hacer actividad física?

Mi papá, viéndome sufrir esos últimos kilómetros, me dijo “Tengo ganas de bajarme y correr con vos”. Le dije que bueno, que venga, así que compartimos un recontra emotivo trote entre padre e hijo.

Llegamos a la ruta y, como las vueltas anteriores, aceleré. Me preguntaron si no estaba yendo demasiado rápido, y confesé que necesitaba ese margen. No estaba seguro de cuánto me iba a tomar la parte de crosscountry, que parecía un pantano. Yo, mientras tanto, hacía cinco gotitas de pis cada 10 minutos, y puteaba.

Vicky se bajó del auto faltando 4 km, lista para encarar conmigo la parte más complicada de la carrera. Una pareja de amigos que estaba terminando la tercera vuelta de los 100 km me alentó y me aseguró que llegaba cómodo. No quise cantar victoria. En el maldito alambrado nos esperaba Mak, quien en lugar de ayudarnos a pasar por arriba lo levantó y cruzamos en cuatro patas (igual me dio un tirón en las piernas terrible). Él nos guió por el terreno dificultoso, esquivando el barro y las partes más complicadas. ¡Cuantos atajos que conocía! Me hubiese hecho una carrera muy distinta si yo los hubiese captado. Como un padre, Mak nos cuidaba y decía “cuidado con la rama”, “miren al suelo”, “vengan por acá”, “no hables, guardá fuerzas”. Como si fuera poco, además me daba aliento.

Vicky me decía que no afloje, que atrás venían las chicas y que me iban a alcanzar. Es un chiste interno, el modo en que lo presionaba su mejor amigo a Scott Jurek (mi ídolo, ultramaratonista vegano). Cruzamos nuevamente por el tambo, las vacas, y más amigos (El Colo, la Morocha, Julio) se acercaban para correr conmigo los últimos metros. Sentía que se me salían las lágrimas al ver tanta muestra de cariño.

Mak, que se comportó como todo un caballero, frenó faltando 10 metros para la llegada, así la cruzaba yo solo. Por instinto, apenas crucé, fui derecho a abrazar a mi mamá y me largué a llorar. Ni siquiera me detuve a mirar el reloj, que marcaba que mis 100 km se terminaron en 10 horas 14 minutos, holgado para pode clasificar para la Espartatlón. Empecé a abrazar y a besar a todos los que estaban ahí para verme, y entre tantas caras apareció Germán, mi entrenador. La alegría de ver que sí había estado (resultó que no nos habíamos cruzado las dos vueltas anteriores) me emocionó tanto que nos fundimos en un abrazo y también lloré sobre su hombro. Mucho cambió en estos cinco años en que me abrazó después de esos 7 km de Pinamar y los 100 km que acababa de terminar. Hubo mucho trabajo, mucho crecimiento, y pasamos de ser profesor y alumno a ser amigos.

Vicky me decía que me amaba, que estaba orgullosa de mí, y también lloré con ella. Es la primera vez que me emociono tanto con una carrera. Realmente fue muy difícil para mí, y en todo momento me sentí contenido por mi familia y mis amigos. Que todos ellos se hayan venido desde tan lejos a correr o a venir a alentarme. Sufrí mucho. Dudé bastante. Pero el estar tan contenido por todo ese afecto, hace que todas esas cosas negativas pasen a un plano muy secundario. Hice fuerza por mí, por Vicky, por mi familia y amigos, y por Robertito. Y todo eso dio sus frutos. Poco importó si salí primero (de hecho, fui el único que logró terminar los 100 km). Lo que para mí vale es que, aunque la ultramaratón es una actividad muy solitaria, yo la terminé gracias al trabajo en equipo.

Ahora dejo el espacio para la demagogia, porque tengo que agradecer a todos los que me ayudaron a cumplir mi sueño. A Vicky, por confiar en mí y estar siempre a mi lado. A Germán, mi entrenador… por los mismos motivos (pero sin el tinte romántico). A Romina, por sus consejos y por tranquilizarme en un momento desesperante de la carrera. A mis papás y mis hermanos Lucas y Santiago, representados en el imprescindible Matías. A Juandy y el Colo, que se bancaron casi 100 km de bici y terminaron hechos una piltrafa. A Javi, que vino a verme aunque era su cumpleaños (¡un grosso!). A la morocha y Julio, por acompañarme y sacar unas fotos espectaculares. A los chicos de los LionX que pudieron acercarse: el Gato, Gloria, Vane, Lean, y en especial a nuestro patrono protector Mak. Todos ellos son parte de la elite espartana. A Fede Lausi, que se sumó a mi sueño y me dio una mano enorme para hacerlo realidad. La Ultra Buenos Aires es ahora toda suya. A todos los voluntarios y corredores que me dieron aliento y ofrecieron su ayuda en todo momento. A todos los que no pudieron venir e igual se preocuparon por el resultado de la carrera y me contactaron por teléfono, whatsapp o mensaje de texto (demasiados para nombrarlos a todos). Y a todos los lectores de este blog que no dudaron de mí ni un instante. Gracias, de corazón.

Publicado el 7 abril, 2013 en Carrera y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 44 comentarios.

  1. Que emoción que emoción que emoción y alegría y todo así kdjfhsjkdf . Perdón jaja
    Que lindo, que linda experiencia Martín!! Te felicito! Que genialidad la gente que te apoya y toda la fuerza que le ponés, sos admirable! Gracias por compartir todo eso, me encanta! A seguir por más y más!! Besos!!

  2. Simplemente SOS UN GROSO MAN !! Felcitaciones !!

  3. Sabe que tu cronica de los 100 k va compartida a mi sencillo blog, http://diariodeuncorredorcomun.blogspot.com.ar/

    Abrazo

  4. Tantas veces chequé ayer domingo el blog para ver novedades!!. Feliz, por vos y por todos nosotros, sabemos que es posible, gracias por demostrarlo!

  5. Martín, que tal!!!! Me da mucho gusto saber que lo lograste. Felicidades!!! Estuvo cardíaco!!! Pero que bueno que todo salió bien. Luego cuentas que paso con los otros corredores de 100Ks.

    • ¡Gracias, Adal! No sé si llegué a ponerlo en la crónica (me dormía mientras la escribía), pero al final fui el único de los 100K que llegó. El puntero abandonó por su lesión (venía muy bien) y el resto no llegó más allá de la tercera vuelta. Estaba por anochecer y no podían salir a correr a oscuras. El que más lejos llegó fue uno que hizo 84 km y también cortó por falta de iluminación. El reloj se detuvo a las 11 horas y 11 minutos.

  6. Sabes Martín que las mayúsculas en internet significan gritar ? FELICITACIONES MAESTRO. Abrazo fraterno. Juanca.

  7. Carla Grisolia

    Felicitaciones Martín! Sos un groso. La Espartarlon te espera!!!

  8. Ya no alcanzan las palabras
    hay que inventar adjetivos…
    por todo lo recorrido
    por tu entrega y corazón
    por este sueño cumplido:
    ¡¡ sos “Martín_Fierro_Campeón” !!

    Gracias Martín ! Un abrazo fuerte.

    Eduardo Pá

  9. Ayer corrí mi primer Ultra (50 km) gracias a tu entusiasmo y a la gente de Salvaje que la hicieron posible, ¡¡¡MUCHAS GRACIAS y FELICITACIONES!!!

  10. Tincho, un abrazo de corazón! Una historia de garra y pasión sin igual! Se necesita mucho fuego interior para tan tremenda hazaña. Te felicito, mil veces te felicito. Fue un honor poder compartir esos últimos kms con vos. Y te digo que me costó bastante porque a pesar de tener vos en ese momento ya casi 100 kms encima venías con un ritmo infernal. Me alegró mucho que lo lograras y mucho más poder haber sido una parte chiquitita de toda esa epopeya. Felicitaciones campeón!

  11. Moira García Poultier

    De corazón te felicito y me da mucha alegría que lo hayas logrado.
    Te deseo lo mejor a vos y a toda la gente que te acompañó.
    Moira.

  12. Martín, me alegro muchísmo por tu objetivo cumplido y el emocionante relato que nos regalaste… hace mas de un año te escribia contando que tu blog me inspiro a largarme a correr.. y con mucho miedo habia alcanzado mis primeros 5km… Hoy entreno para el 28/04 la media maraton!!! mil gracias y felicitaciones!!!

  13. Felicitaciones Campeón!!

  14. Que alegria leer esto! Sos un crack!!!! Felicitaciones Martinnnnn!!!

  15. Felicitaciones Martín! Sos una inspiración para todos los que seguimos tu blog. Es increíble lo que lograste en estos años con tu paciencia y tu constancia.

  16. Martin!!! Alegria enorme!!!Me hiciste llorar desde el principio al fin de tu relato!!! Te felicito tantisimo lo tuyo francamente demuestra que no se trata tan solo de correr…

    • ¡Gracias, Nani! Me dormía mientras lo escribía (lo hice entre las 12 y las 2 de la mañana), así que no sabía si se llegaba a transmitir lo emotivo que fue todo este descomunal esfuerzo…

  17. iamafuckingrunner

    Esto es como el final de Evangelion y todos te aplaudimos! Felicitaciones!

  18. MARTIN FELICITACIONES !!! para vos y a todas la familia y amigos, que te ayudaron en esto. te rodea gente que valen oro, estuve por ay dando vueltas y lo aprecie, yo corrí los 25 km y me fue de diez . El quilmeño de san silvestre ,

  19. algo de razon tenia cuando te dije que el señor te iba a ayudar,vos mismo dijiste en tu relato milagrosamente me volvieron las fuerzas…….te lo merecias por vos y por todos los que te apoyaron.un abrazo y a seguir hasta el objetivo final.mucha suerte.

  20. matutemorales

    FELICITACIONES MARTIN, SOS UN MUY BUEN EJEMPLO. ABRAZO Y A SEGUIR CRECIENDO.

  21. Sabia que lo ibas a lograr!!!!!! perdon por la tardanza en felicitarte, ABRAZO Y VAMOS QUE LA ESPARTA ES TUYA|||||

  22. Te felicito Martín por tanta entereza y fuerza de voluntad para alcanzar tu objetivo!!…. cuando empece a leer esta nota ..pensé en cualquier persona..pero al terminar ..me di cuenta que eras el hermano de Maty… te felicito nuevamente!! tenés una familia hermosa!! …la tía de Naty

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