Archivos Mensuales: abril 2013

Semana 31: Día 214: 163 km en un mes

Durante abril corrí 163 km. Es una distancia que no es despreciable, aunque se trató de dos carreras solas, separadas por seis días. No entrené la semana previa a la Ultra Buenos Aires, y quedé bastante roto después de la Patagonia Run como para sumar kilómetros.

Cuando me diagnosticaron (errónemente) una tendinitis, me di cuenta de que el cuentakilómetros se iba a detener, quién sabría por cuánto tiempo. Después de que confirmé que en realidad se trataba de una periostitis, supe por experiencia de otros que iba a tener entre uno y tres meses de rehabilitación. Me hubiese gustado volver a correr durante este mes, antes de que se venga el frío, pero le quise hacer caso a la kinesióloga, y ella dijo que todavía no podía hacerlo.

Así que abril quedó en 163 km, una marca caprichosa, porque me fue imposible tomarla con certeza. Era tanto el tiempo corriendo que la batería de mi reloj no iba a aguantar. De hecho, la Ultra Buenos Aires la hice con tres Garmin distintos, y nos fuimos turnando con Vicky para medir ciertos tramos importantes en la Patagonia Run. Nos divertimos mucho, y la incertidumbre de las distancias se convirtió en un condimento más de ese ultra trail de montaña. Pero supongo que para dedicarse a las ultramaratones hay que pasar a relojes que duren más de cinco horas.

La Feria del Libro se ha convertido en la excusa para no tener que entrenar, aunque en verdad no puedo. Tampoco me dejan hacer pilates, así que ahí ando, sin la posibilidad de descargar energía y mantener mi estado físico. Sé que en breve voy a volver, pero por ahora es solo un deseo y no es la realidad.

La maratón de Rosario sigue ahí, esperándome. El camino que recorra de acá hasta esa fecha, dentro de dos meses, será el que determine si la haré corriendo o si solo iré a hacer turismo…

Semana 31: Día 213: Días de Feria

Bueno, como era de esperarse, la Feria del Libro me consumió absolutamente mi tiempo. El sábado tuvimos la maratónica jornada hasta la 1 de la mañana y el domingo, aunque fue un día normal, fue otra paliza que me dejó sin energías. Tanto que hoy lunes tuve que hacer un gran esfuerzo motivacional para poder sentarme en la computadora a ponerme a trabajar.

Es irónico que las cosas que más me agoten sean las que menos requieren un esfuerzo “físico”. Estar parado o sentado es algo que me quema más que estar corriendo o haciendo ejercicio. De hecho hasta tengo más necesidad de comer ahora que estoy parado, a la espera de que se recupere mi tibial. Obviamente es ansiedad, pero me doy cuenta que mi única actividad es levantarme a la cocina a ver qué puedo picotear.

Hoy la kinesióloga me dijo que todavía no podía entrenar… algo que me sorprendió, porque el jueves me dijo que el fin de semana iba a poder volver. Aunque le comenté que todavía siento algunos dolores, siento que me estoy recuperando muchísimo. Antes no podía ni caminar, y ahora solo me duele cuendo doblo mucho el pie hacia abajo. Pero a pesar de todo y de que se desdice a ella misma, ahora tengo que seguir en el banco, esperando mi turno. Obviamente eso me golpeó anímicamente, pero no me queda otra que armarme de paciencia y seguir las instrucciones de una especialista. Sé que voy a correr pronto, pero no saber cuándo es lo que me mata.

La Feria es un evento agotador, aunque encuentro mucha satisfacción estando ahí. Tuve que interrumpir muchas cosas que me gustan, como actualizar diariamente el blog (había retomado el ritmo con una asistencia casi perfecta), o seguir con mis clases online de narrativa. Pero como dije, vuelvo absolutamente desgastado, tanto que ayer me quedé dormido en la cama, vestido, ante las inútiles insistencias de Vicky de que me desvista y me meta adentro de las sábanas. Dice que le dije que todavía no me podía dormir, que primero tenía que actualizar el blog. Y ahí me tienen. Me enternezco a veces.

Más allá de la Feria y el desgaste que conlleva, no quiere decir que uno tenga que alimentarse mal o interrumpir sus rutinas. A veces es inevitable picar algo no tan sano, pero ya que voy a estar todo el día de casa (y lejos de esas cosas que normalmente picotearía) me preparo todo lo que vaya a necesitar: frutas, agua, una merienda… el viernes a la noche cocinamos con Vicky empanadas de tofu marinado en salsa al curry (una delicia), así que tuve almuerzo y cena asegurado, y el domingo me llevé un tupper con arroz, salchichas de soja y perejil. También me compré Quinoa inflada para picotear (¿o creen que picoteo comida chatarra?) y galletas de arroz. El miércoles (feriado) es otro día de paliza, así que mañana martes me voy a preparar las cosas que voy a llevar. Es dificilísimo comer sano ahí adentro, y es más barato y menos complicado llevarme las cosas desde casa.

Me sorprende que mucha gente considere un incordio tener que preparar la comida del día antes de salir, meterla en bolsas o en un tupper y después guardar todo adentro de la mochila. ¿No es eso mejor que comprar lo “menos peor” que ofrezcan los stans de comida o conformarse con golosinas o snacks grasosos? Los esfuerzos son mínimos y los beneficios muy grandes…

Semana 30: Día 210: Volviendo a correr… más o menos

Supuestamente puedo volver a correr. La kinesióloga me sorprendió con esta revelación, pero yo desconfié. Suelo caminar mucho, y eso me provoca dolor, así que tengo motivos para desconfiar.

Por la mañana acompaño a Vicky al tren. Vamos con nuestro perro, y me toca limpiar la popó, mientras ella (que está con los minutos contados) sigue avanzando. Entonces tengo que hacer un trotecito para alcanzarla. Esto pasa siempre, con la salvedad de que últimamente no podía correr, así que daba largos y acelerados pasos, que por supuesto me hacían doler. Esta mañana pude hacer un trote muy conservador y contenido, y las molestias eran mucho menores.

Al mediodía fui a ver a Giroldi, especialista en pisada, con quien me hice mis plantillas. Ya que estoy medio convaleciente y tengo en vista jubilar mis zapatillas, me pareció un buen momento para irlo a visitar. Cuando llegué al consultorio, la secretaria buscó mi ficha y comprobamos que mi anterior visita había sido en Noviembre de 2011. Lo bueno de ir siempre al mismo especialista es que él guarda un registro de mi evolución, con una breve historia de mis dolencias. Le comenté de mi Periostitis (¡no tuve que explicarle qué era!) y del tratamiento kinesiológico que estaba haciendo.

La medición de la pisada la hace con un lector que tiene en el suelo. Primero solo estar parado, descalzo, encima. Después caminar, de un lado al otro, siempre apoyando un pie distinto en el lector, en un sentido el izquierdo, al regreso el derecho, y así. Entonces me preguntó si podía trotar. Sin hacerme el loco, empecé a dar pasitos cortos. Encontré que no me dolía nada, salvo cuando llegaba al final, frenaba y volvía a arrancar. Ahí no sentía dolor, sino como un acortamiento. Giroldi me preguntó si era la primera vez que corría desde la Patagonia Run… y la verdad era que sí… ¡estaba volviendo!

No fue un trote demasiado glamoroso, ni tampoco fue más de tres minutos. Pero me sentí más confiado en que me voy a recuperar muy pronto. Todavía tengo tres sesiones de kinesiología la semana que viene (y la promesa de que al llegar a las 20 mando todo al diablo y me compro el magneto). Hablando con Giroldi de la Periostitis, le comenté que había leído que tenía que ver con tener una mala amortiguación (entre otros factores), y me preguntó cuántos kilómetros tenían las plantillas que él me había hecho, un año y medio atrás. Hice cálculos mentales muy rápidos y le dije “Dos mil”. Con una sonrisa me respondió “conviene cambiarlas cada 800”. Lo más gracioso es que vine a casa y saqué las cuentas reales de qué distancia recorrí con mi último par de plantillas. El número asusta: 3756. O sea, me pasé nada más que por tres mil.

El estudio arrojó que no había muchos cambios en mi pisada. Sigo pegándole mucho con el metatarso, y sigo teniendo una ligera pronación en el pie izquierdo, aunque menor que en la medición anterior (o sea que… ¡mejoré!). Mi sigue siendo todavía es neutra.

El lunes, sobre pasto y con mucha paciencia, voy a volver a correr con los Puma Runners. Veremos cómo me siento y cuánto aguanto. Pero será de a poco. Todavía me falta comprarme un par de zapatillas nuevas a las que agregarles mis plantillas nuevas, que me van a dar el viernes que viene. Estuve viendo modelos de Asics, pero no me decido. Tengo ganas de volver a las Faas, porque me funcionaron bien en calle. Jamás las usaría para Carreras de Aventura, pero hasta Yaboty no tengo ninguna en vista. Pero no me quiero adelantar. La próxima prueba, en la que ya estoy inscripto, es la Maratón de Rosario. Es el 30 de junio, y tengo hasta esa fecha para, de a poquito, ir recuperándome y volver a un nivel que me permita bancarme los 42 km con 195 metros…

Semana 30: Día 209: La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2013

Hace 359 días escribía una entrada como la de hoy, en la que hablaba de la Feria del Libro. ¿Por qué? No solo me gusta este evento, sino que vengo a trabajar. Poco tiene que ver con mis sueños espartanos, pero las próximas tres semanas van a girar en torno a sus stands, pabellones, y todos sus libros.

Así como cruzar la meta es lo que le da sentido a todo el esfuerzo de los atletas en una carrera, trabajar en una serie regular o en una novela gráfica solo cobra valor cuando uno lo tiene en sus manos. Antes es todo bits de información, textos y vectores. Uno lo mete en una coctelera y se genera un pdf que una imprenta convertirá en uno de miles de libros en físico.

Estos últimos días han sido… raros. Además del obvio trabajo extra que es el laburo a lo que se le suma atender un stand, tenemos mi rehabilitación por una periostitis. Como si eso fuera poco, mi perro se comió el cable del cargador del reloj GPS. El reemplazo, según eBay, cuesta 18 dólares, gastos de envío incluídos. Para MercadoLibre me lo mandan a mi casa por $350 (algo más que “18 dólares”), pero sin transformador. El plan “a” (eBay) falló, el “b” (MercadoLibre) también. Nos queda el “c”, que es llevar el cable mordisqueado para la casa de reparaciones electrónicas, pagar $25 y rezar por que todo salga bien.

En este contexto (sin reloj y con mucho trabajo), decidí tomarme el lunes para retomar el entrenamiento (en el pasto, menos agresivo).  De hecho, los miércoles también me los voy a tomar (segundo día para entrenar).

Quien quiera pasar a saludar, a partir del sábado estoy en el Pabellón Azul, stand 128. Fijo los fines de semana. Preguntan por el lesionado, muy lejos no voy a poder ir.

Semana 30: Día 208: Conectado al Transimulator

2013-04-24 10.43.23

No. No es una película de ciencia-ficción. El Transimulator es un nuevo aparato al que me conectaron hoy en mi tercera cita con la kinesióloga que asumo es cubana y le tengo tanto miedo que no me animo a preguntarle de dónde es.

Este Transimulator, comprobé después, también era un dispositivo de electroanalgesia. A simple vista parecía un amplificador. Tenía un botón presionado que decía que estaba establecido en 80 contracciones por minuto. Cuando me conectó y lo encendió, mi pie empezó a moverse involuntariamente durante los siguientes 25 minutos. Mientras se me movía todo en forma espasmódica, escuchaba la radio e intentaba relajarme.

Le comenté a la kinesióloga que sentía menos dolor que ayer, y me respondió que eso era lo más importante. Después de desconectarme, trajo una fuente con cera y empezó a pasármela por el pie y el tibial con un pincel. Estaba caliente y era muy agradable. Le pregunté si estaba por depilarme, por suerte dijo que no. Acto seguido, me envolvió con un plástico y se fue.

Hago un breve flashback. Cuando llegué había varias personas esperando y se fueron sumando recién llegados, hasta que fuimos unos 10 pacientes. La kinesióloga, que es grossa, abrió la puerta de su consultorio (que cuenta con muchas camillas) y dijo “Pasen todos”. Nunca vi algo así, atender a 10 personas a la vez. Mañana me saco la duda de si es cubana o no, así puedo decir “Lo que pasa es que es cubana” (o del país que sea).

Fin del flashback.

Estaba yo, feliz con mi pierna calentita, y la kinesióloga llegó, me sacó todo, me frotó la cera y después empezó a masajear con énfasis… doblando, apretando… vi las estrellas y reí. Todo fue una confusión. No sé por qué me río cuando tengo que aguantarme tanto dolor… Ella está convencida de que mi lesión no me la hice en un día o un a carrera, sino que era algo que venía arrastrando de tiempo atrás. También insistió en que para el fin de semana iba a poder correr… pero con la Feria del Libro, mi regreso al running tendrá que esperar un par de días. Además, siendo lunes mi posible retorno al running, tengo más terreno para correr sobre el pasto…

Semana 30: Día 207: Desgarrando mi pierna

2013-04-23 09.17.11

La kinesióloga me lo dijo el viernes pasado, en nuestra primera cita. “Voy a tener que desgarrarte la pierna”. No tengo buena memoria, después transcribo las cosas y me olvido ciertos términos técnicos, o temo contar mal las cosas. Por eso ni lo mencioné. Como es de otro país, supuse que se refería a otra cosa, o que yo estaba recordando lo que me había dicho en forma incorrecta.

Hoy volví al centro kinesiológico con un sobreturno. El día de ayer había ido, con mi pierna afeitada, y por falta de luz no me pudieron tratar. Llegué con la idea de que tarden un montón por todos los pacientes que iban a venir a recuperar su sesión, y resultó que pasé de una. Creo que la kinesióloga, al ver que le había hecho caso afeitándome, decidió tratarme más afectuosamente. Además le dije que había dejado el diclofenac (y que eso había hecho que volviese el dolor), por lo cual también me felicitó. Necesitaba que no se enmascarase el dolor para cuando me desgarrase. De nuevo esa palabra.

Le pregunté cuánto tiempo necesitaban estas lesiones para curarse. Un estimativo. General. No un pronóstico. Ella se reía. Me dijo que no podía saberse, que variaba de persona a persona, dependiendo de su estado y contextura física. Primero tenía que hacerme un estudio y meter mano para saberlo en mi caso. Había algunos que solo requerían un día, otros mucho más. ¿Podría yo ser de la clase más privilegiada?

Me conectó a la misma máquina anterior (la de la electroanalgesia), solo que esta vez seleccionó otra función. En mi tobillo sentí una breve vibración. Subió el dial. De pronto sentí como si tuviese pegado dos brasas al rojo vivo. Los conectores en mi gemelo no estaban funcionando. “¿Sientes esto?”, me preguntó. La verdad era que no sentía nada. Subió el dial. Inmediatamente solté un grito entre dientes, sentía que me cortaban la pierna en dos con un serrucho. Bajó el dial. “¿Ahora?”. Solo sentía un cosquilleo en el tobillo. “¿Y ahora?”. Grito de dolor. Así estuvimos haciendo un ping pong de dolores hasta que llegó a un punto en que todo me dolía por igual. Pero me lo aguantaba.

Pasaron unos quince minutos así, en los que saqué fotos para subir al blog. Pero el empapelado no ayuda, parece que estoy en un hotel de mala muerte, y no le hace justicia al centro kinesiológico.

La doctora de acento indescifrable para mí pero que decidí decirle “cubana” volvió y apagó la máquina. Sacó unas cremas y me empezó a masajear la pierna, desde la rodilla hasta los dedos. Iba, recorría y apretaba. En un momento me clavó el pulgar por la cara externa de la pierna izquierda y empezó como a acomodar cosas. Sentí un dolor terrible… pero estaba lejos del tibial hinchado. Algo hizo “clac” adentro mío.

“Ahí está, ¿has visto? Te he acomodado el tendón rotuliano que lo tenías fuera de lugar”. No entendía nada. La rodilla no me dolía… hasta que ella metió mano. Repitió la operación… solo que esta vez casi no hubo dolor. Siguió recorriendo, apretando y exprimiendo. Yo iba soltando algún que otro grito, y a veces me reía, no sé si de nervios o de masoquista. Probablemente toda esta operación de apretar, frotar y tironear era para lo que ella necesitaba que yo tuviese la pierna afeitada.

Me preguntó si dolía menos. La verdad era que sí. “Listo, ya está. Ya te desgarré todo”, me dijo (y se sintió como que me destrozaba la pierna con sus manos). Y lo que siguió me sorprendió enormemente: “No era tan grave, no llegó a ser un trauma. Hoy no corras, creo que podrías hacer actividad física el fin de semana”. No lo podía creer. ¿Realmente eso era todo? ¿Meter los dedos, acomodar y ya? Al parecer sí. Con el correr de las horas, todos esos dolores que sentí el día anterior se atenuaron muchísimo. No podría decir que desaparecieron, pero bajaron en intensidad. La doctora me aclaró que ahora mis músculos estaban “en cero”, y que era muy pronto para que corriese, pero con las dos sesiones que me quedan esta semana ya iba a poder volver a entrenar.

¿Será cierto? ¿Podré estar este sábado corriendo?

Semana 30: Día 206: Segunda cita con la kinesióloga

2013-04-22 09.32.06

“Para la próxima sesión te me afeitas la pierna”, me dijo la kinesióloga, “y te vienes tres veces por semana”.

Realmente quiero recuperarme, así que decidí hacer las cosas bien. Mientras más caso le haga, más rápido me voy a curar de la periostitis. O al menos eso creo. Ya hay quien me mandó a comprarme un magneto para hacerme las curaciones yo mismo… pero bueno, no creo que esté en el mal camino: nada de actividad física y no saltearme ninguna sesión de kinesiología.

El mismo viernes que tuve mi primera sesión de rehabilitación, me confirman de la editorial que estoy en la lista de acreditados para la función de prensa de Iron Man 3. No iban a hacer avant premiere, así que era la única opción para verla “de arriba”, y encima varios días antes del estreno oficial. Pero la función era el lunes a las 10 de la mañana, y mi cita de kinesionlogía era a las 11:30. Decidí hacer buena letra, y rechazar la invitación para el cine..

“¿Hice bien?”, le pregunté a Vicky. Lo pensó unos segundos y me dijo que por supuesto que sí. Sin embargo, me quedó una leve sensación de amargura.

Hoy lunes me costó salir de la cama. Le hice el desayuno a Vicky a las corridas y la acompañé con el perro hasta la estación de tren. En casa tenía tiempo muerto antes de salir. Pero… ¡me tenía que afeitar! Estaba en la duda de si afeitarme ambas piernas o solo la dañada. Esta duda se resolvió cuando tardé mil años con la izquierda, y decidí no repetir con la derecha.

Nadie me explicó cómo afeitarme la pierna. Nunca lo había hecho, y parece algo similar a quitarse la barba, pero resultó que una cosa es la pera y otra la rodilla, isquiotibial, tibial, pie y dedos. Llené el bidet con agua tibia y me embadurné con espuma de afeitar. Empecé por el costado y ningún problema. Debajo de todos esos pelos enrulados… ¡había piel! Pero en seguida la maquinita se taponó de vellos y dejó de rasurar. Así que tuve que hacer el tedioso sistema de afeitar 5 cm, sacar los pelos, enjuagar y repetir. Me pareció prudente no ir contrapelo, para no irritar ni que aparezcan pelos encarnados. Soy meticuloso, así que me dediqué a cada centímetro de la pierna. La duda era, ¿hasta dónde afeitar? ¿Hasta la rodilla? ¿Hasta el muslo? ¿Hasta la clavícula?

Cuando creí que tenía todo dominado, me arranqué una buena cantidad de piel. La sangre empezó a brotar. Seguí, matando a la herida con la indiferencia, y eliminando cada pelito. Cuando terminé (y quedé suavecito), me puse una curita y salí para la kinesióloga.

Afuera, en la puerta del instituto, un cartel escrito a mano rezaba “No tenemos luz”. No muy lejos de ahí, mientras yo (bien terco) esperaba que me confirmen que por mi trauma necesitaba conectarme a los aparatos sí o sí (y que me iba a tener que volver a casa), un proyector se encendía y comenzaba a verse las nuevas aventuras de Iron Man.

Quedará para la próxima…

Semana 30: Día 205: La maratón de Boston

La Patagonia Run y mi lesión en el tibial hicieron que no me pudiese dedicar a escribir sobre la tragedia de Boston. Pero eso no quiere decir que no estuviese pendiente del tema. Ahora que las aguas se aquietaron y que hay más confirmaciones que rumores, me pareció el momento para hacer una o dos reflexiones.

Creo que ningún corredor aficionado desconoce la importancia que tiene una maratón. La distancia perfecta de 42 km con 195 metros ha sido la meta para muchos. El esfuerzo al que uno se somete es grandísimo, y en el proceso sentimos morir al tocar el muro y renacer al cruzar la meta. Desconozco si alguien ha terminado una maratón y ha decidido a no volverla a hacer… me suena a que cuando uno la finaliza y los dolores posteriores desaparecen, quiere reiniciar todo el proceso y repetir la experiencia. Al menos eso es lo que me pasó a mí, y creo que sin importar el sexo, país de origen, nivel de entrenamiento o nivel económico, todos podemos hermanarnos con la sensación de gloria de ser maratonistas.

La Maratón de Boston, que tiene más de 100 años, es una de las más prestigiosas. Casi 25 mil corredores la enfrentaron este año, el 15 de abril. Ninguno sabía que, a poco más de 4 horas de su inicio, dos bombas caseras iban a estallar al ras del piso, matando a tres personas (una un niñito de 8 años) e hiriendo a 183 personas. Tampoco que esto iniciaría una cacería de dos sospechosos en el que un policía terminaría gravemente herido y otro oficial acabaría muerto. Los explosivos contenían clavos, perdigones y otros materiales de metralla para hacer el mayor daño posible a los presentes, pero al estar al nivel del suelo, las heridas fueron en su mayoría no letales. A excepción de las tres muertes, las víctimas se llevaron lo peor de la cintura para abajo, lo que no quitó que varios sufrieran amputaciones.

Dejemos de lado el trauma horroroso de estar en medio de un atentado terrorista. ¿Hay algo más espantoso para un atleta aficionado que terminar o estar a punto de finalizar una maratón y que una explosión inesperada te incapacite para correr por el resto de tu vida? Se me hiela la sangre al pensar en las bombas estallando 4 horas y 9 minutos después de la largada, un tiempo que tanto mi primera maratón (Buenos Aires 2010) como la última (Rosario 2012) me hubiesen situado en la zona de mayor peligro. Pienso también en Vicky, en mis amigos, y me doy cuenta de que la peor parte se la llevaron gente común y corriente, que tuvo la pésima suerte de estar en el lugar equivocado, a la hora equivocada.

Quizá sea una irresponsabilidad meterme en política en una situación así. Los sospechosos son hermanos chechenos (uno falleció en un tiroteo posterior, el otro actualmente está gravemente herido). Aparentemente nacieron en Rusia y son musulmanes. Lo cual, por supuesto, no implica nada. Creer que son culpables por su religión es tan necio como decir que las víctimas norteamericanas se lo buscaron por la política exterior de su país. Estos atentados cobardes no miden su nivel de destrucción; buscan hacer el mayor daño posible. No persiguen objetivos militares ni tampoco buscan hacer un daño en objetivos políticos o financieros. Aquí se buscó generar terror en aficionados al deporte. ¿Qué pasa por la mente de un terrorista que setea su bomba para que estalle cuando llega a la meta el tipo común? No sé, me cuesta pensarlo y dudo que encuentre una respuesta.

Me gusta Obama porque creo que quiere cambiar las cosas, aunque me decepcionó muchísimo cuando prometió sacar a las tropas de Irak y no lo cumplió. Me da la imagen de un tipo de grandes valores que terminó jugando el juego de la industria de la guerra. Creo que podría haber pasado a la historia como un revolucionario, pero terminará siendo recordado como el primer presidente afroamericano. Sin embargo me parece un excelente orador, y me conmovió en el discurso que dio poco tiempo después del atentado. Dijo “Seguiremos corriendo”, y me parece que es un mensaje poderoso que tenemos que aplicar en nuestra vida. El equivalente atlético a “El show debe continuar”.

La maratón de Boston no es considerada “oficial”, porque no cumple ciertos requisitos en cuanto a la altura acumulada. Por eso no se han reconocido récords mundiales que se dieron lugar en su recorrido. Sin embargo, integra mi lista de carreras soñadas (junto a la de la Muralla China, la Espartatlón, la de New York, la de Londres y la de Disney). Quizá sea un poco egoísta sentirse tocado por un atentado que tiene lugar en el ámbito que a uno le gusta, como si un acto terrorista en otra ciudad, en otro país, en otro contexto, no fuese igual de grave. O peor. Pero es inevitable, uno se compadece más cuando se identifica con el otro. Y, poniéndome a intentar meterme en la cabeza de un asesino, quizá buscaron eso. Que muchos que se sentían seguros, que podía disfrutar de una actividad, empezaran a asustarse. A creer que a cualquiera le puede tocar. Es algo horrible, pero plausible. De ahí debe venir el término terrorismo: de generar terror. Y lo generaron en mí, a miles de kilómetros de distancia.

Pero seguiremos corriendo. Si hay algo tan ilógico como el que mata y hace daño a distancia, podría ser dejar de hacer lo que uno ama por miedo. Ojalá que nadie les dé esa satisfacción.

Semana 30: Día 204: Ese maldito tibial

Hoy empiezo la semana 30 de este tercer año de blog, y por delante me espera una lenta recuperación de la periostitis, que todavía no sé cuánto va a durar.

En principio me doy cuenta de que al haber dejado de tomar los analgésicos, el dolor volvió. Es una molestia constante, de 1 a 10 es un 3, que salta a 8 si me descuido y doblo demasiado el pie hacia arriba. Me pongo molesto si camino mucho o me quedo parado un rato largo, y mis metas actualmente son llegar a la próxima sesión de kinesiología.

Hoy fui al entrenamiento de los Puma Runners, más que nada para saludar y no perder el contacto, y me enteré de que al menos dos compañeros padecieron esto, así que es más común de lo que me imaginaba. Uno está en recuperación, mientras que mi otra compañera tuvo una larga recuperación, de unos tres meses. Me da esperanzas que ella no lo detectó a tiempo y siguió entrenando, lo que pudo retrasar su curación total (pero después pienso que corrí una ultramaratón de montaña así y no me siento tan afortunado).

Bueno, hay que tener paciencia. No, yo no, ustedes, que van a empezar a leer posts depresivos. Pero bueno, el blog necesitaba un cambio, así que quizá les venga bien vivir cómo es una recuperación de una periostitis. Mi tarea, para antes de la sesión del lunes, es afeitarme de la rodilla hacia abajo. Soy bastante belludo (me tejieron), y tengo miedo de entusiasmarme y no parar hasta llegar a la clavícula. Como soy medio obse voy a querer estar simétrico y por ahí no pueda evitar afeitarme las dos piernas. No prometo fotos, pero sí mantenerlos al tanto.

Semana 29: Día 203: Periostitis

Hasta ayer no sabía qué significaba la Periostitis. Si ustedes tampoco lo saben, dejo que Mr. Wikipedia lo explique por mí (remarco en negrita lo que me parece más importante):

La periostitis es la inflamación del periostio, la capa más superficial del hueso (como la “piel” del hueso). El lugar de mayor afectación suele ser la cara anterointerna de la tibia, principalmente en el tercio inferior, aunque puede extenderse más arriba, casi hasta la rodilla. Esta lesión es típica de los corredores, principalmente de fondo. Se debe a las vibraciones que recibe el periostio por el impacto continuo de los pies contra el suelo en este deporte. Los factores que predisponen a sufrirla son: aumentos bruscos del volumen o intensidad de entrenamiento, mala amortiguación en el calzado, correr por superficies duras, pronación excesiva de la pisada.

Hay diferentes métodos de recuperación, entre los que se encuentran: el reposo, la aplicación de hielo local, la corrección de la pisada con prótesis plantares, vendajes o mallas de sujección para limitar las vibraciones, antinflamatorios y el refuerzo de la musculatura del tibial anterior.

Hoy fui a mi primera sesión de kinesionlogía. Elegí un centro que estaba cerca de casa, para poder ir caminando. No tenía referencia ni recomendación de nadie. Me atendió una profesional con acento cubano, lo cual para mí le da otro aval. Me preguntó qué me estaba pasando y le conté de mi cita con el traumatólogo de guardia, que me recomendó vendarme el pie, y tomar diclofenac. La kinesióloga empezó a negar con la cabeza. Estaba completamente en desacuerdo con enmascarar los síntomas, porque nada de eso me iba a curar. Con lo único que estuvo de acuerdo fue con la parte más complicada: reposo deportivo.

La cubana (que quizá sea venezolana y demuestre que yo soy un ignorante) era medio sargento, y me dijo que no podía correr ni hacer pilates hasta que ella me lo dijese. Tampoco estuvo de acuerdo con el diagnóstico del traumatólogo: yo no tenía una tendinitis del tibial anterior, sino una periostitis. Lo definió como un esguince, producto de un sobreesfuerzo. Me dijo que ella había sido gimnasta y que ahora que había tenido que dejarlo, se dedicaba a correr para mantenerse en forma. Además había tratado a muchos atletas de alto rendimiento, y esta dolencia era muy común.

Me conectó a un aparato que me hizo vibrar la pierna izquierda, como si corriese una electricidad de bajo voltaje desde el isquiotibial hasta la punta de los dedos. Esto a su vez me provocaba espasmos y una constante contracción de los músculos, y desconozco si esa fue la intención, pero durante 30 minutos me quedé ahí, enchufado. Cuando terminamos y me despachó para irme a mi casa, le pregunté qué era esa máquina. No me dijo lo que yo quería saber (su nombre), pero sí me aclaró que era analgésica y desinflamatoria. Sinceramente, cuando bajé de la camilla me sentí muy bien.

Algo que me aclaró la cubana y que me resultó muy interesante, fue su recomendación de hacer un tratamiento de Vitamina B12. Aparantemente sirve para que el músculo no se fatigue, y hay que tomar ciertas dosis cada seis meses por el tiempo en que uno haga actividad física de alto rendimiento (o sea, para toda la vida). Voy a indagar un poco más sobre esto, pero puede ser un dato interesante.

Por ahora tengo que armarme de paciencia y, por sobre todo, hacer caso. Porque me quiero recuperar lo antes posible. De hecho, voy a verla tres veces por semana, y la sesión de este lunes coincide con una invitación que me hicieron para una privada de prensa de Iron Man 3… Dudé unos segundos, pero prioricé la rehabilitación por sobre esta película que muero por ver. Como para que vean mi nivel de compromiso.

Me gustaría, además, llegar a correr la Maratón de Rosario, el 30 de junio. ¿Llegaré?

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