Semana 27: Día 184: Encontrar tu lugar feliz

100_3972

Hoy hice un entrenamiento de 30 km, de cara a la Ultra Buenos Aires. Ocurrió una escena graciosa el día de ayer, mientras mi entrenador me dictaba lo que tenía que hacer. Mientras uno de los chicos, que estaba escuchando la conversación, decía “¡Uy! ¡30 kilómetros! ¡Qué zarpado!”, al mismo tiempo yo decía “¿Nada más?”. Desde afuera, cualquiera podría pensar que soy un agrandado, pero con tantos entrenamientos largos y duros, ahora que me acostumbré, correr 3 horas me parece poco. Pero claro, sigue siendo duro y agotador.

Quizá este sería un buen momento para abrir un paréntesis y aclarar qué significa este blog. Semana 52 es un registro de mi vida como atleta. A veces no puedo evitar que se colen otras cosas como mi pasión por el cine, por los cómics, o por la literatura. He hablado de los abusos que sufrí cuando era niño, he hecho pública una separación (brevísima) con Vicky, y hasta he contado cuando en Tandil me quisieron cagar a trompadas. Pero hay algo que probablemente nunca dejé en claro, y es que esta no es mi vida. Por más que escriba un choclazo, todos los días (este es el post número 919, por ejemplo), es la punta del iceberg. No cuento que voy a terapia una vez por semana, ni cuando tengo una discusión con mi pareja, o cuando en un arranque de ira insulto a un colectivero porque estacionó sobre la senda peatonal. Tampoco hago público si estoy deprimido, si le mentí al sodero o si uso mis ratos libres para ver pornografía en la red. Lo cierto es que pasan muchas cosas en la vida de una persona como para volcarlas todas en un blog. Además, el 98% de esas cosas, resultarían intrascendentes para la mayoría.

Hecha esa aclaración, he tenido subidas anímicas y también bajones últimamente. Me he angustiado, he llorado y he sentido un peso enorme sobre mis hombros. Se conjugaron muchas cosas en mi vida personal, profesional y atlética. Muchas veces sentí que no quería seguir con el blog (alguno habrá notado que hay días en que no he subido absolutamente nada). Hasta llegué a pensar en no correr nunca más. A veces me la doy de gurú motivacional, pero soy uno más, con mis miserias, mis fobias, y a veces no me siento capaz y quiero largarlo todo. Creo que es algo con lo que cualquiera se podría identificar. Calculo que a todos, alguna vez, nos pareció que nuestros problemas eran inmensos y no podíamos ver cómo resolverlos.

¿Por qué me pasaron estas cosas? Como dije, en este blog se ve la punta del iceberg, y no es casual. Yo elijo que así sea, porque si bien he contado cosas muy privadas y muy fuertes, hay otras que prefiero mantener en mi fuero interno.

Hoy fue uno de esos días en que todo parecía estar mal, ser demasiado duro e inabarcable. Discutí con Vicky, me abrumé con trabajo atrasado (ni siquiera el fin de semana extra large me sirvió para ponerme al día), y por supuesto que siempre está dando vueltas el fantasma de los 100 km que tengo que correr dentro de una semana. Si tuviese pelo, me hubiese arrancado los mechones.

Por suerte estaba Vicky para serenarme. Puso su mano en mi hombro y con una voz calma empezó a hablarme de colores. Yo no entendía bien. ¿Acaso había dicho “verde”? Lo que estaba haciendo era compartir técnicas de meditación. Pensar en un color es una de las formas más puras de abstracción mental, y permite justamente no pensar. Pero llegar a eso es muy difícil, así que hay que pensar primero en un paisaje, y volar sobre él. Sentirse a gusto, fusionarse. Así, de a poco, hasta ir simplificándolo hasta convertirlo en un color. De ahí podemos quitar lo cromático y llegamos a la vieja y apreciada “mente en blanco”.

Salí de casa más tarde de lo que hubiese querido, con la mochila llena de agua, dos geles y un puñado de pasas de uva. No fui a la Reserva porque la distancia no me iba a alcanzar, e iba a tener que correr casi todo el trayecto por asfalto. Me fui a los lagos de Palermo, y allí descubrí lo tonto que fui por haber creído durante 5 años que solo se podía correr en el circuito que rodea al lago. Resulta que el verde es mucho más amplio, y que no me estaba permitiendo extender mis límites. Un trayecto más largo eran menos vueltas, lo cual iba a hacer que el entrenamiento fuese menos monótono.

Explorando y calculando los kilómetros que tenía cada ruta nueva, fui pasando el tiempo. Pero de tanto en tanto la mente divagaba y volvía a los problemas y a la angustia. Entonces pensé en aplicar esas cosa que me había dicho Vicky. ¿Qué podía perder? Intenté levantar la vista y mirar el paisaje. Hay muchos árboles que todavía están muy verdes. Las hojas se movían con el viento, y realmente era un espectáculo muy sereno que me perdí muchísimas veces. Me puse a pensar si este sería mi lugar feliz, ese paisaje al que podría ir en situaciones de estrés. Pensé en sobrevolar el mar, una imagen que me describió Vicky en casa, antes de salir, así que me fui a las olas rompiendo en la playa. Recordé ese viaje en el que nos enamoramos, camino a Tandil, en el que hicimos una parada en Mar del Plata y nos metimos al agua a barrenar. Me di cuenta que había encontrado ese paisaje feliz.

Enseguida lo ligué al Mar Egeo, en Grecia, y a sus aguas cristalinas y serenas. El sol brillante, ni una nube en el cielo azul. El suave bamboleo que formaban los barcos que pasaban. Y funcionó. Realmente me olvidé de todos los problemas, o me di cuenta que en realidad los problemas no existen, sino que es uno quien les da tamaña importancia. Volví a conectarme con correr, con el paisaje, y con un estado de calma y felicidad.

No terminé los 30 km en tiempo récord (igualmente 2 horas 45 minutos no está mal), pero volví a casa muy relajado. Creo que esa serenidad es la que voy a necesitar para terminar los 100 km, una proeza que no es tan física, sino mental…

Publicado el 31 marzo, 2013 en Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 7 comentarios.

  1. Una simple sonrisa…una simple carrera…una simple mirada…puede darle sentido a la vida cuando la razón no la encuentra. El futuro es tuyo. Tómalo. Abrazo Juanca.

  2. En el momento no te pregunté nada porque te sentí tan feliz cuando entraste por la puerta que no quise interrumpir ese momento, pero había percibido que algo habías implementado. Creo que nunca te había visto volver de correr tan liviano y con tanta felicidad en tus ojos.

  3. Muy buena nota. Aquí, quizás, un aporte: http://www.visionclara.com.ar
    Abrazo

  4. quiero leer la entrada donde casi te cagan a trompadas en tandil jajaj pasame el link!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: