Semana 26: Día 177: Un fondo de 70 km

2013-03-24 11.05.13

– Conejo, ¿hoy hago algo? Me siento bien, aunque siento una molestia en la ingle, no sé si no es de un rozamiento.

Estas fueron las palabras que le dije a mi entrenador Germán, vía whatsapp, un día después de haber corrido 50 km, desde casa (Colegiales) ida y vuelta a Tigre. No voy a negar que ese entreno me destruyó. Por lo que no me esperaba su respuesta:

– Nop. Hoy nop. ¿Estás mejor? Mi idea era 70 el domingo. Pero ahora queda en cómo estás vos.

Releí el mensaje. ¿Había escrito 70? Sí, no sabían dudas. ¿Qué pasó con los 60? ¿Nos los salteamos? Tuve un rapto de sinceridad:

– Uh, me subiste la apuesta mal.

Le confesé mi cagazo, lisa y llanamente.

– Es lo último – me dijo. – Después bajamos volumen hasta la carrera. Es tu momento, Casanova.

Valía caminar. No valía romperme. Hice mi grito espartano, y los dos días que siguieron me dediqué a cargarme de hidratos de carbono y a no cansarme. Vicky tuvo la gentileza de regalarme una mochila hidratadora nueva, junto con una bolsa súper moderna, de esas que no se vuelcan ni aunque hagamos la vertical.

Puse el despertador a las 5 de la mañana y aunque me acosté temprano (antes de la medianoche, para mí, es temprano) me desperté de un salto cuando el celular empezó a sonar. Me levanté medio zombi y me puse a preparar las cosas: el agua, los geles, los pretzels, una banana, la ropa, vaselina en los pezones, cintura y partes pudendas, y el pantaloncito y las calzas que me regaló Vicky (noto que he estado ligando muchas cosas últimamente).

Tuve que hacer una parada obligada en el baño, más mi propia torpeza que me impedía cerrar la bolsa hidratadora, por lo que no terminé saliendo a las 6 de la mañana como quería, sino 6:45. Arranqué cuando empezaba a clarear con el reloj de Vicky, porque el mío solo no iba a durar los 70 km.

Tenía bastante miedo porque no sabía si iba a llegar. Pero Germán me había habilitado a caminar para alcanzar esta meta. “Podés caminar”, me dijo, “la idea es que planifiques antes lo que vas a hacer. Vale todo menos quedar tololo”. Me quedé con esas palabras, y me prometí cuidarme, no matarme, y si hacía falta, detener la marcha.

Del fondo de 50 km del jueves me había quedado una molestia en los costados de ambas rodillas, más los cuádriceps un poco duros. Mi profesor de Pilates me dijo que eso se debió a correr tanto sobre asfalto, y me recomendó que intente ir sobre tierra o pasto. Por eso es que decidí ni ir hacia el Tigre en esta oportunidad, porque la Avenida del Libertador es puro cemento. Mi destino fue la Reserva Ecológica, con su circuito de 8 km repetido hasta que me diesen esos 70 km.

Las calles de un domingo a la mañana, como es de suponer, están completamente vacías. Mientras corría veía a los encargados de los edificios sacar las mangueras para empezar a baldear. También vi a los pibes que volvían de bailar, y en los lagos de Palermo todavía estaban las chicas trans parando a los últimos autos que buscaban pasarla bien. Tuve que hacer tiempo en este circuito, porque la Reserva abría recién a las 8 de la mañana.

Más allá de cierta rigidez en las piernas, me sentí bien. Las rodillas molestaban un poco, pero era mínimo. Cuando ya tenía unos 11 km, con el sol ya iluminando alto, las chicas se fueron a su casa y yo me fui hacia el lado de Retiro.

La idea de ir a la Reserva, si bien tenía que ver con el tipo de suelo, obedecía a la necesidad de tener agua de sobra. La mochila hidratadora carga hasta 2 litros, y eso puede durar unos 40 km. O sea que me iba a quedar muy corto. Pero en este lugar tienen canillas, además de baños, así que me iba a venir bien en lo que calculaba que iban a ser 7 horas corriendo.

Cuando había hecho 25 km me pasé a mi reloj y guardé el de Vicky. Ella estaba acercándose, y nos contactábamos por celular. Además de ser mi radio, que me acompañó casi todo el trayecto, era mi bitácora, e iba actualizando mínimamente mi estado en el Twitter del blog (@semana52).

Cuando pasé los 30 km, que es cuando siempre toco el muro, y no sentí nada, fue la primera vez que pensé que podía terminar todo ese entrenamiento. La mente es bastante caprichosa, y puedo estar muriéndome a los 15 km si tengo que correr 20, pero si el objetivo está en los 50, esos 20 km se pasan como si nada. Hoy no fue la excepción, y mientras avanzaba me daba cuenta de que no me cansaba tanto como el jueves. Siempre sufro en los 5 km finales, haga la distancia que haga. Creo que si tengo que correr una carrera de 5 km, voy a sufrir de principio a fin.

Vicky llegó a la Reserva y me alcanzó el Voltaren, el analgésico y desinflamatorio con el que me embadurné las rodillas. También traía Gatorade, geles, gomitas, y de vez en cuando me alcanzaba una botella con agua para mojarme. Tuvimos la inteligencia de no intentar correr juntos. Como este lugar tiene múltiples circuitos, ella hacía la suya, yo la mía, y Vicky tomaba un atajo para asistirme si yo necesitaba algo.

Aunque había un poco de barro por las recientes e inesperadas lluvias, el sol estaba alto, fuerte, así que varias veces me mojé la cabeza. Creo que lo de correr en piso de tierra me ayudó mucho, porque aunque sentía las piernas un poco resentidas, todo estuvo bajo control. No me acalambré ni estuve al borde del colapso como cuando hice 50 km. De hecho, ¡me sentí muy bien! Mantuve ritmos de 5:30 durante casi todo el recorrido, a veces más, a veces menos, pero nunca me caí. En mi cabeza hacía cuentas para saber a qué velocidad podía correr en la Ultra Buenos Aires, especulando con estar holgado para poder bajar la intensidad sobre el final.

Realmente fue un entrenamiento magnífico, sin sobresaltos. Hasta pude acelerar sobre el final. La batería del celular no aguantó, como tampoco mi agua. De hecho tuve que llenar la bolsa en la canilla, y mi consumo terminó siendo de 5 litros de agua, 1 litro de Gatorade, un paquete chico de pretzels, varios puñados de pasas de uva y seis geles. Todo eso en 6 horas con 48 minutos, que fue lo que me tomó completar los 70 km. Vicky, además de asistirme espléndidamente, tuvo una brillante idea: no completar el fondo corriendo a casa. Esos últimos 12 km sobre asfalto me hubiesen destruido. Terminé de correr dentro de la Reserva, y aunque las plantas de los pies me dolían, caminamos hasta Retiro, unos 5 km, y usamos eso como regenerativo.

Sinceramente no tenía ni idea de cómo me iba a sentir. Me sorprendió estar tan entero y no tener necesidad de caminar. Además logré estar bastante abajo de los 6 minutos por kilómetro, lo que me da muchas esperanzas para la Ultra Buenos Aires. Todavía me van a faltar 30 km para poder completarla, pero hoy me sentí más cerca que nunca.

No pude evitar pensar, mientras hacía esa distancia, en las veces en que corría en Educación Física durante la secundaria, y cómo lo odiaba. Dábamos vueltas a la manzana y yo trotaba la cuadra donde el profesor podía vernos, para caminar las tres en que él no nos veía. Siempre me sentí bastante inútil, y creo que ni siquiera llegábamos a correr 2 km. Soy el más sorprendido de todos de estar entrenando estas distancias bestiales. Comprobé que no se nace corredor, ni hay que tener un talento especial. Simplemente tenés que trabajar duro y tener paciencia. Hay gente, como mi entrenador Germán, o mi amada Vicky, que me tienen más fe de la que me tengo yo. Ni siquiera sé si voy a poder terminar los 100 km dentro de dos semanas, pero al menos puedo reconocer de antemano que todo el trayecto que recorrí hasta llegar a esta carrera ha sido un aprendizaje increíble, y nunca me voy a arrepentir de haberlo intentado.

Publicado el 24 marzo, 2013 en Carrera, Entrenamiento y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 10 comentarios.

  1. Excelente, excelente, excelente ! Te admiro!
    y debe ser hermoso tener una compañera como Vicky,
    Saludos!

  2. iamafuckingrunner

    Felicitaciones por el entrenamiento! Ahora a poner la cabeza en los 100.

  3. Estuvo buenísimo!! Me tuvo a las corridas todo el tiempo, jejeje!! 😉
    Me encantó poder ayudarte y asistirte en lo que necesitabas. La pasamos genial!!

  4. Felicitaciones Martín! Un tranco fantástico campeón! Abrazo a los dos y a seguir soñando. Juanca.

  5. Martin MUY BIEN!!! Y… como dice el dicho detras de todo gran hombre, hay? una gran mujer! Esta bueno que valorices siempre eso! Los 100 K son solo, … un poquito mas!!!

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