Semana 19: Día 128: Fondo de 25 km

Hoy me tocó hacer un fondo de 25 km, luego de haber hecho 17 km en el entrenamiento de ayer. Me llamó la atención que entre los dos suman la distancia de una maratón, pero siendo que descansé 24 hs entre uno y otro, no es el mismo esfuerzo.

Para hacer estos entrenamientos adquirí una técnica, que me pareció oportuno detallar.

Primero, tener comida en el estómago. Todavíano entiendo a los que corren en ayunas, pero bueno, hay de todo en la viña del Señor. En mi caso, me hice un desayuno con cereales, pasas de uva, leche de soja y un vaso de agua. Dejé que la comida se asentase paveando en internet y adelantando algo de trabajo. Unos minutos antes de salir fui al baño, en un vano intento de que no me den ganas mientras corría, y tomé 500 cc de agua.

Por comodidad estoy entrenando con el baticinturón, en donde llevo dos caramañolas de 250 cc cada una. Tener medio litro de agua para un entreno de más de dos horas es muy poco, por eso tomo justo antes de salir. Además, por la distancia sabía que iba a llegar a una canilla casi a la mitad, y así reabastecerme. Pero me estoy adelantando.

En un compartimiento del cinturón me puse pasas de uva, actualicé el listado de canciones del iTunes (o sea, eliminé todos los temas que me pasaba adelantando), me encinté en donde me roza el pantalón y siempre me termina irritando, me puse vaselina ahí abajo, un par de anteojos de sol, y a la calle.

El día fue ideal. Soleado pero fresco. Arranqué a buen ritmo, a sabiendas de que me iba a ir acomodando de acuerdo al esfuerzo. Los domingos a la mañana son de poco tráfico, ideales para correr en la ciudad. Llegué a Avenida del Libertador, una muy buena calle para entrenar al costado de la bicisenda, mientras iba espiando la distancia en el reloj con GPS. Me saqué la remera porque últimamente me amigué con el sol, y además odio cuando empieza a mojarse de transpiración y a pesar. Hacia el kilómetro 4, ya casi llegando a Dorrego, tomé mis primeros sorbos de agua. Ya sentía ganas de ir al baño, y me preguntaba por qué si había ido en casa.

Me gusta mirar a otros corredores cuando entrenan en dirección opuesta y ver sus remeras. A veces se me hace que se puede dividir a los que recién empiezan de los más experimentados por esta prenda. Cuando es una musculosa de una carrera, me gusta cerciorarme de que la corrí. Siempre veo las de la Maratón de la Ciudad de Buenos Aires, a veces la de la media maratón, y otra que se repite mucho es la de la San Silvestre. NUNCA veo remeras viejas, de hace más de dos años. Usualmente son muy recientes. No sé por qué.

Hice una “parada técnica” detrás de la Facultad de Derecho (no me pregunten dónde) y seguí rumbo a Retiro. Todo este circuito, aún en los días de mucho tráfico, rara vez son interrumpido por semáforos o los autos. En realmente el mejor camino para hacer un fondo.

Luego de pasar por el Monumento a los Ingleses, encaré hacia la terminal de Buquebus, de ahí a la Reserva Ecológica (ya casi sin agua propia), canilla, segunda parada técnica, y a correr por las calles de tierra hasta llegar a los 12,5 km. Ese era el indicio de que tenía que dar media vuelta y volver a casa, para completar los 25 km.

El regreso fue tranquilo. Me sentía muy bien, así que sabía que podía doblar el esfuerzo que había hecho hasta ese momento. Mi complicación fueron las pasas de uva. Al sacarls del compartimiento del Baticinturón se me caían y desperdicié muchas. No me gusta tirar comida, menos una tan valiosa en un fondo largo como unas pasas.

Ya se acercaba el mediodía, así que más y más gente se amontonaba en las veredas (caminantes y ciclistas sumados). Antes de llegar al Centro Municipal de Exposiciones hice mi tercera parada técnica, y ahí me pregunté si no estaba tomando demasiada agua…

Seguí avanzando por Avenida del Libertador, piqué en la subida de José Hernández y no sé qué cálculo erróneo hice, porque me tuve que pasar de casa dos cuadras para que el GPS me diera 25 km clavados. Llegué con lo justo de hidratación, y me puse la camiseta una cuadra antes de llegar al edificio, para no espantar a los vecinos.

En casa me esperaban unas riquísimas manzanas asadas que había hecho Vicky, para coronar el esfuerzo de un domingo de entrenamiento.

Mientras corría era consciente de que esto era un cuarto de la Ultra Buenos Aires, que tengo que correr en dos meses. Hoy terminé en 2 horas 10 minutos, un ritmo demasiado rápido para intentar llegar a 100 km. Por ahora tengo más intrigas que certezas, pero este entrenamiento en solitario no es muy distinto del que estuve haciendo estas últimas semanas. Cuando tenga que llegar a 30 km (o pasarlo) supongo que iré más adentro todavía de la Reserva Ecológica.

Y así se resume un día de entreno. A eso hay que rellenarle cada pisada, cada respiración, cada pensamiento que va dando vueltas en la cabeza y acercándome cada vez más a la llegada. Es una burdísima descripción de algo hermoso, pero como todo no se puede explicar, hay que vivirlo…

Publicado el 3 febrero, 2013 en Entrenamiento y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Cuanto te salio el reloj con GPS? Y donde lo compraste

    • Es un Garmin Forerunner 405. Me salió unos 170 dólares y lo compré por eBay. Acá se venden, pero los están vendiendo por encima de los 2 mil pesos (capaz que con el aumento constante del dólar esté todavía más caro).

  2. Probá con bombones de fruta en vez de pasas de uvas. Abrazo Juanca.

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