Semana 18: Día 126: Encontrar el punto de equilibrio

Todos sabemos los tres pilares de un cuerpo sano: Una alimentación adecuada, entrenamiento y cabeza. Es fácil ponerse las pilas y pulir cualquiera de estos aspectos, pero… ¿cómo equilibrarlos?

A veces el tiempo alcanza para entrenar, y hacemos un poco de malabares con el trabajo o el estudio, la vida familiar, el ocio… no es fácil, si no trabajase en forma freelance seguramente no podría estar corriendo 20 km por la mañana en día de semana, pero a veces ocupamos el tiempo en el cuerpo y descuidamos la alimentación. Optamos por lo que salga más rápido, directo de la heladera al microondas y de ahí al estómago. Comemos frente a la compu o la tele, descuidando la masticación y el momento sagrado que es comer. Y si no vemos resultados, podemos cometer la tontería de pasar hambre o acudir a una de esas dietas demenciales como la paleolítica, la hipocalórica o la que esté de moda en ese momento.

No soy el mejor ejemplo de alimentación, aunque muchos me consideren un ejemplo de determinación. No siempre logro el balance entre hidratos, proteínas y verduras… por los temas expresados anteriormente (el tiempo, maldita sea). Respeto los horarios y todas las comidas, no consumo grasas (ya las perdí el gusto), y quizá lo que me faltaría es no centrarme tanto en las proteínas y los hidratos y dedicarme más a las frutas y verduras. Pero bueno, es mi punto débil para alcanzar el equilibrio.

El entrenamiento es la parte que creo más difícil, pero que por alguna razón la tengo bastante controlada. Me pude armar el itinerario y tengo asegurados tres entrenamientos semanales. Mis familiares y clientes saben que los lunes y miércoles por la tarde y sábados por la mañana no me pueden encontrar. Mis amigos saben que los viernes por la noche no pueden contar conmigo porque tengo que acostarme temprano. Y a esta altura ya todos están tan acostumbrados como yo. Gracias a una cierta flexibilidad laboral puedo salir a correr algunas mañanas y dedicarle dos horas a sumar entrenos. Claro que, en mi caso, termino compensando quedándome hasta más tarde trabajando. Y también hay un factor que juega a mi favor, y es que de momento no tengo hijos. Tengo un perro bastante demandante, pero me apaño. Eso me permite organizar mis horarios, y sé que hay personas que este punto se escapa de su control.

Correr y hacerlo una costumbre es difícil, pero da muchos beneficios. Dos o tres veces a la semana, en el horario que sea, suma y mucho. He encontrado que ciertas situaciones se pueden transformar en entrenamientos. Por ejemplo, un trámite puede significar un fondo de 10 km a la vuelta. Un día que tenía que correr 15 kilómetros e ir a la nutricionista (no necesariamente en ese orden) se me ocurrió combinar el regreso con el entrenamiento. Originalmente le iba a dar tres vueltas al Hipódromo de San Isidro, pero después tenía que volver en tren. Al regresar corriendo optimicé los tiempos, y si en el transporte público me tomaba una hora llegar a mi casa, haciendo actividad física al aire libre me tomó 90 minutos.

El tercer pilar para alcanzar el equilibrio es la cabeza. No hay entrenamiento ni secretos que valgan. Uno tiene que hacer el click. Me encanta que algunos encuentren algún post en este blog que los motive para empezar a entrenar. Es un honor inmenso. En mi caso fue un proceso lentísimo, de mucho aprendizaje. Corro desde hace años, pero me lo tomo en serio desde hace relativamente poco. Sin emargo, puedo asegurar que lo que me ayudó fue hacerme la costumbre. Así aprendí a convivir con mi propio cerebro, pensando por qué hacía lo que hacía, qué significaba todo esto… Creo que el corredor inevitablemente termina volviéndose muy introspectivo, y lo peor que podemos hacer, ya que tenemos tanto tiempo para pensar mientras corremos, es enfocarnos en lo que no podemos hacer y en desalentarnos. Tanto si creés que podés como si creés que no podés, estás en lo cierto, decía Henry Ford. Y tenía muchísima razón. Yo estaba convencido de que mi límite eran 10 km y que nunca los iba a poder superar. Y así fue, hasta que dejé de pensar en eso.

Tengo la certeza de que encontrar el punto de equilibrio es imposible. No hay forma, a menos que seamos de elite y que, encima, nos paguen por hacer culto de nuestro cuerpo. Pero eso no quiere decir que todo sea en vano. HAY que buscar el punto de equilibrio, siempre. El aprendizaje y la sabiduría está en intentarlo, en la búsqueda constante. Probablemente nunca lleguemos a nuestro máximo potencial, pero no importa, vamos a alcanzar nuestro punto de equilibrio, que es lo mejor que podemos dar en cada uno de esos tres aspectos.

Lo lindo no está en cumplir un objetivo, sino en el camino que hacemos para intentarlo.

Publicado el 1 febrero, 2013 en Reflexiones y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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