Semana 18: Día 125: 323,03 km en un mes

Miro el número y no lo puedo creer.

¿Realmente corrí 323 kilómetros en un mes? ¿En Enero? ¿Con este calor?

Y sí, las matemáticas no mienten. Quizá me haya equivocado, le haya sumado uno o dos kilómetros de más, por esos caprichos que tienen los satélites y el GPS. Pero el número me asusta hasta a mí. Lo máximo que contabilicé con este reloj fueron casi 291 kilómetros en febrero del año pasado. Después fue variando, y luego de un bajó que coincidió con mi viaje de tres semanas a Europa, recién en Diciembre empezó a repuntar. Esto fue gracias, en parte, a la Misión, que me permitió sumarle 100 km a mi marca mensual y llegar a 250. Pero superar la marca de los 300… no me lo veía venir.

Tuve entrenamientos tranquilos. No llegué todavía a hacer una maratón por fin de semana como hace un año, pero corriendo entre 15 y 20 km por entreno, cinco veces a la semana, es obvio que matemáticamente puede dar 100 semanales. Y si bien me sentí cansado (es lógico), con un ligero desgaste en los cuádriceps, me doy cuenta de que me recupero rápido. Hoy, por ejemplo, me tomé en serio esto del feriado y me quedé en casa descansando, con el aire acondicionado en 21 grados. Anoche corrí con ese calor y esa densidad terrible y sentí que me derretía. Chorreaba transpiración y no podía parar. Si alguien me intentaba agarrar, me iba a patinar como teléfono de carnicero. Supongo que por esa pesadez y el volumen de entrenamientos, mi entrenador Germán me dijo que hoy “hablásemos” para ver cómo me sentía. Y bueno, no me pareció mal descansar, porque eso también es parte del entrenamiento.

Correr en la semana, lo más temprano posible, al sol, ha sido una experiencia maravillosa y gratificante. Me llama la atención, este mes no hice ninguna carrera. Lo último fue la San Silvestre, el 31 de diciembre. Luego fueron todos entrenamientos cerca de casa o por San Isidro, aunque cuando hacés fondos largos, te empezás a dar cuenta de que lo “lejos” y lo “cercano” pasan a ser algo muy relativo. Correr 15 km me resulta un entreno corto y resulta que es la distancia que separa el Hipódromo de San Isidro (donde me junto para correr todas las semanas) de mi casa. Pero si camino hasta la estación y espero el tren a Tigre, para llegar y caminar hasta la base, quizá tarde lo mismo que yendo corriendo

¿Aumentará todo este kilometraje en febrero? La idea es que sí. Veremos. Todavía me siento lejos de los 100 km, y aunque sé que con todas las pilas que tengo, la guía de mi entrenador y la experiencia previa, voy a llegar.

Publicado el 31 enero, 2013 en Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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