Semana 17: Día 117: El Maravilloso Mago de Oz

¿No leíste el Mago de Oz? ¿Tampoco viste la película ni la serie de TV y no querés que te arruinen el final? Entonces este es un post que vas a querer saltearte.

Por esas cosas de la vida me tocó traducir el cómic de esta clásica aventura. Me sirvió para interiorizarme un poco más, y aprendí cosas absolutamente insospechadas, como que L. Frank Baum, su autor, publicó el primer libro en el año 1900. Fueron TRECE volúmenes pero solo el primero es el más conocido, ese que fue adaptado por Hollywood en 1939 con Judy Garland como Dorothy. Algo que muchos no saben es que los zapatitos de rubí no eran de rubí, sino que eran de plata. Para aprovechar la novedad del Technicolor decidieron cambiarlo para la pantalla grande y que fuesen de un rojo furioso. No es la única modificación, hay una mucho más importante, y es que en aquellos años se creía que la fantasía no enganchaba a la gente, por lo que decidieron que todo terminase en un sueño, y que los fantásticos personajes que Dorothy imagina son en realidad personas de su vida real (Hunk, peón en la granja y potencial interés romántico de la niña, es el Espantapájaros).

¿Y a qué viene todo esto? Muchos se han roto los sesos pensando en qué paralelismos quiso hacer Baum con su historia. El camino de baldosas amarillas, para algunos, es la falsa promesa del oro (Dorothy va desde Kansas, estado agrícola endeudado, hasta Oz, que también significa onza, la unidad de medida del precioso metal). También podríamos trazar un paralelismo entre los países del norte y del sur, con brujas buenas, y los del este y oeste, con brujas malas. Como Dorothy y compañía van de “abajo” al “centro” (donde queda la Ciudad Esmeralda de Oz) y al final van al “norte”, el camino derecho es el de la bondad, y desviarse de ese camino (al este o al oeste) es desviarse a la maldad. En fin, hay tantas interpretaciones como gente que lea la obra.

Pero en mi caso, al tener que sentarme un fin de semana a traducir una adaptación a la historieta en 8 capítulos, me encontré con un mensaje muy fuerte y, de alguna forma, muy motivador. Hay un deseo que moviliza a los personajes: Dorothy quiere volver a casa, el Espantapájaros quiere un cerebro, el Leñador de Hojalata quiere un corazón y el León Cobarde quiere valor. Si bien son cuatro deseos distintos, básicamente es lo que todos pretendemos durante nuestra vida: tener nuestro lugar, adquirir sabudiría, aprender a amar y tener coraje. Y lo más llamativo es que este grupo hace un peregrinaje y en el camino van adquiriendo todo lo que necesitan. ¡Y no se dan cuenta! Dorothy recibe los zapatos mágicos de la bruja, que al final usa para volver a casa chocando los talones; el Espantapájaros es una esponja que aprende todo y, a pesar de que se considera muy torpe, siempre está dispuesto a tirar sugerencias; el Leñador de Hojalata ya tiene sentimientos, solo que no quiere demostrarlos por miedo a llorar y oxidarse; y el León ruge todo el tiempo para asustar a sus enemigos, a los que él les tiene más miedo todavía… ¿y no es acaso lo que hace cualquier bravucón? Fingir ser fuerte y amenazador, solo para mantener a raya aquello que lo asusta.

Cuando todos llegan a Oz, resulta que el mago es un chanta que no puede darles lo que les promete, así que termina engañándolos (como cualquier “mago”): les hace creer que les entrega aquello que ellos ya tienen. Y es todo lo que necesitan.

La analogía del camino es fuertísima. Dorothy y compañía caminan noche y día, viviendo aventuras, aprendiendo a resolverlas, y a medida que avanzan tienen más experiencia y más recursos para llegar más lejos todavía o más rápido. Es lo que nos da la experiencia, después de todo: atajos. El Maravilloso Mago de Oz es un libro que viene a confirmar justamente eso, que lo que importa no es lo que nos espera al final del camino, sino todo lo que obtenemos mientras lo recorremos. Todos queremos la “recompensa” que nos espera en la meta, pero la verdad es que cuando llegamos ya hace rato que aprendimos todo lo que nos hacía falta.

Publicado el 23 enero, 2013 en Reflexiones y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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