Semana 16: Día 110: Lluvia, ven a mí

Hace rato que dejamos de creerle al pronóstico del tiempo. Desde que en Buenos Aires cayó un granizo infernal que causó enormes daños a la carrocería de muchos automóviles, el Servicio Meteorológico Nacional emite un alerta cada vez que hay una ligera llovizna. Esto logró un efecto adverso: ya nadie se asusta, y nadie les cree.

Con esta desconfianza, no es de extrañar que ya ni siquiera le demos importancia al pronóstico. Probablemente hayan anunciado que hoy iba a llover. En mi cabeza está la imagen del desayuno, mientras apuraba mis cereales con jugo de naranja, de que el noticiero decía que íbamos a tener solcitos contentos con anteojos de sol durante el resto de la semana. Y a medida que pasaban las horas el cielo se iba a oscureciendo. Vicky, que sabe muchas cosas pero en especial de esto, me dijo “Esas nubes son de frío”.

Fuimos al entreno de los Puma Runners, convencidos de que íbamos a tener ese clima soleado que nos prometieron. Porque si no podés confiar en un medio periodístico, ¿en quién confiamos?

Y ahí estábamos, equipados con nuestra musculosa, pantaloncito corto y la mochila con hidratación y algo para comer. A medida que se acercaba la hora de empezar a entrenar, el cielo se volvía más negro y empezaba a levantarse un viento frío. La lluvia no se hizo esperar, primero con grandes gotones esporádicos, después con una intensa tormenta. Germán, nuestro entrenador, nos preguntó si queríamos salir y darle una vuelta al Hipódromo. Dijimos que sí, casi sin dudarlo.

Creo que habitualmente, ante un clima como el que se avecinaba, hubiésemos reculado y nos hubiésemos quedado en casa, viendo alguna película o mirando por el balcón cómo se oscurecía todo. Pero después de estar en la montaña, con ventisca, y luego de caminar horas, empapados por la lluvia, esto nos parecía una pavada. Y nada mejor que estar mojados en un día de calor. Ni siquiera el agua que empezaba a acumularse en enormes charcos o lo que nos salpicaban los salvajes conductores nos amedrentaba. Sí, en verano cualquiera se hace el guapo, pero esas cientos de personas caminando o ejercitándose (y que nos impiden el paso) hoy se quedaron en casa. Solo unos pocos valientes estaban haciéndole frente a la tormenta y entrenando como si fuese un día como cualquier otro.

Y con Vicky somos de la política de que hay que entrenar en cualquier clima, porque las carreras pueden sorprenderte y hay que estar preparado para todo. Nosotros, felices con otro día de entrenamiento, mucho más divertido que lo habitual…

Publicado el 16 enero, 2013 en Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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