Semana 16: Día 108: Nueva técnica de velocidad

No, no inventé nada. Pero aprendí algo nuevo, que es algo que me pone muy contento.

Relacionado con el post de ayer en el que hablaba de la velocidad versus la técnica, resulta que estos dos conceptos no se contraponen, sino que se complementan. Cuando empecé a entrenar por mi cuenta y alcancé los 10 km, me encontré con una muralla que no podía traspasar. Tenía dolor en los tendones de Aquiles, me salieron ampollas, y me sentía abatido. Contento, sí, pero molido a trompadas. Igual estaba muy arriba, rebalsaba de endorfinas, hasta que mi hermano (que entrenaba en un grupo de running) me dijo “Para progresar tenés que hacer otras cosas además de buscar distancia, como hacer cambios de ritmo”.

Eso me destruyó. Porque me estaba enterando de que correr era mucho más complicado de lo que me había imaginado. No alcanzaba con tener tozudez, hacía falta algo que no podía aprender solo: la técnica. Desmoralizado, me olvidé por bastante tiempo de correr y buscar superarme en velocidad y distancia.

El destino quiso que empezara a entrenar en el mismo grupo en el que había corrido mi hermano. Empecé por cualquier otro lado, pero terminé ahí, tomando la posta de aquel Casanova. Y aprendí a qué se refería con ese “hacer otras cosas”. En realidad, aprendí técnicas de carrera. Las fui aplicando, y al cabo de unos meses pasé ese umbral (aparentemente) imposible de los 10 kilómetros. Iba y venía como un yo-yo, abandonando y volviendo a entrenar. Pero cada vez que volvía encontraba esa pasión de la autosuperación, y mi meta siempre era volver al estado en el que estaba cuando había abandonado.

Con el correr de los años aprendí el fino arte de la constancia y la paciencia. Eso me ayudó a sostener el entrenamiento en el tiempo, y así ver progresos que jamás me hubiese imaginado mientras me trituraba los pies intentando llegar a 10 km yo solo. Hice mi primeros 21 km, mi primera carrera de aventura de 27 km, mi primera maratón y mi primera ultra. Aprendí a tener humildad y saber abandonar una competencia, aunque un tiempo antes había aprendido a escuchar a mi cuerpo (y a hacerle caso). Lo bueno es que nunca dejé de aprender, y tan solo el sábado me enseñaron una técnica para correr que todavía no domino del todo, pero que me cambió mucho mi forma de ver a esta disciplina.

Estábamos haciendo progresiones al costado del río, y nuestro entrenador Germán nos hizo notar cómo durante nuestra zancada a veces tocábamos la pierna con el otro pie, lo que podía dejar una marca de barro (por ejemplo). Esta mancha indicaba a qué altura se cruzaban los pies, y mientras más arriba fuese, mejor. Nunca me había fijado en ese detalle, pero recordaba que siempre me quedaba un zurco de tierra seca unos pocos centímetros por arriba del tobillo. ¿Subir más todavía? Jamás lo había intentado. En las progresiones que hicimos el sábado, me forcé por levantar los pies cuando la pierna se contraía, y a estirarlos lo más posible después. El movimiento no se sentía natural, porque era la primera vez que lo hacía.

Me significaba mayor esfuerzo, y en consecuencia más cansancio. Le pregunté a Germán para qué servía, y entre otras cosas me contestó que era una forma de fortalecer la zancada con vistas a una carrera de montaña. Quizá no me iba a servir para una carrera de calle porque estaba consumiendo más energía, pero de pronto me sentí más veloz. Hoy lunes tuvimos un nuevo entrenamiento, y en las progresiones junto al Hipódromo de San Isidro volví a probarlo, esta vez prestándole mucha atención al GPS. Y mientras en otras ocasiones alcanzaba una velocidad de 4 minutos el kilómetro, hoy llegué a menos de 3:30. ¿Podía haber tanta diferencia solo con subir más los pies? Lo volví a intentar, y el reloj me marcó 2:55.

¿Cuánto tiempo podría aguantar ese paso? En broma le decía a Marcelo, mi compañero de carreras, que a ese ritmo podíamos ganar una maratón. Difícilmente lo pueda sostener 42 km (probablemente no pueda aguantarlo 500 metros), pero me asombró cómo un sutil cambio de técnica puede afectar la velocidad de manera tan drástica. Es solo una maravillosa comprobación de que todavía me quedan muchas cosas por aprender.

Publicado el 14 enero, 2013 en Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. no entiendo… cómo subir más los pies?

    • Fijate a qué altura tus pies se levantan del suelo. Es cuestión de, al aumentar la zancada para tomar velocidad, que los pies suban por encima de tus rodillas. No tanto cuando van hacia adelante sino cuando ya tocaron el suelo. ¡Es más fácil verlo que escribirlo!

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