Semana 15: Día 101: ¿Estoy listo?

Mis últimas sesiones corriendo con los Puma Runners se puede resumir de la siguiente forma. Me acerco a Germán, mi entrenador, y le digo: “¿Cuándo empezamos con el entrenamiento fuerte?”. “Esperá, Martán”, me responde, “Quiero ver cómo venís”. “Vengo bárbaro”, le respondo… cosa que podría ser cierta.

A veces me manda a hacer un fondo largo, como para que me deje de molestar. Otras ni siquiera hace falta eso. Simplemente con lo que tenemos pendiente en el día alcanza para dejarme rendido. Ahora que incorporamos rutinas intensas de musculación, agoto todas mis reservas de energía. Mi nutricionista me tiró varios tips veganos para probar, porque me preocupa especialmente la fatiga muscular y el incorporar proteínas. Se vienen los sándwiches de tofu como colación post-entrenamiento.

Alguna vez, sin pedir permiso (algo inusual en mí) corrí algo por mi cuenta. No demasiado, unos 9 kilómetros. Pero tengo la necesidad imperiosa de correr mucho. Y no es que Germán se pase de cauteloso, realmente estoy lejos de mi pico máximo. Entre La Misión (de la que seguro todavía me estoy recuperando), una San Silvestre que corrí como si estuviese endemoniado, y la falta de costumbre para los fondos largos hicieron que no esté en mi mejor nivel. Tampoco estoy mal, pero noto que me cuesta un poco rendir en todas las consignas de entrenamiento. Y no, no las estoy haciendo tranquilo, con cautela. Hoy tuve que darle dos vueltas al hipódromo, que da un poquito más de 10 km, y todo el tiempo miraba el reloj para ver que no bajase del promedio de los 5 minutos el kilómetro. Nadie me obligó a ir a esa velocidad. Bueno, sí, yo me obligué.

Estoy lejos de esos 45 km, todos los domingos, cuando rendía un promedio de 80 km semanales. Y la ansiedad me domina un poco. La Espartatlón todavía parece lejana, pero los 100 km en 10 horas y media, que me permitirían inscribirme, parecen estar cada vez más cercanos. Siento que voy a llegar, eventualmente. Ahora no estoy listo, todavía me siento inseguro, y si la cabeza no acompaña, el cuerpo tampoco. Estoy en una fase expectante, de la que solo podré salir cuando empiece a sumar y sumar.

Mañana me tocan 10 km, que me gané a fuerza de insistir todo el tiempo en que quiero entrenar fuera de las jornadas habituales. Algo me tranquiliza, aunque reciba una tremenda paliza, al día siguiente me siento entero, con energía y listo para volver a dar el 100%. Estoy cerca de lograr la autoconfianza completa, pero para eso necesito ver que el cuentakilómetros crezca constantemente.

Aún no estoy listo… pero estoy en camino.

Y voy a llegar.

Publicado el 7 enero, 2013 en Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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