Archivos Mensuales: enero 2013

Semana 18: Día 125: 323,03 km en un mes

Miro el número y no lo puedo creer.

¿Realmente corrí 323 kilómetros en un mes? ¿En Enero? ¿Con este calor?

Y sí, las matemáticas no mienten. Quizá me haya equivocado, le haya sumado uno o dos kilómetros de más, por esos caprichos que tienen los satélites y el GPS. Pero el número me asusta hasta a mí. Lo máximo que contabilicé con este reloj fueron casi 291 kilómetros en febrero del año pasado. Después fue variando, y luego de un bajó que coincidió con mi viaje de tres semanas a Europa, recién en Diciembre empezó a repuntar. Esto fue gracias, en parte, a la Misión, que me permitió sumarle 100 km a mi marca mensual y llegar a 250. Pero superar la marca de los 300… no me lo veía venir.

Tuve entrenamientos tranquilos. No llegué todavía a hacer una maratón por fin de semana como hace un año, pero corriendo entre 15 y 20 km por entreno, cinco veces a la semana, es obvio que matemáticamente puede dar 100 semanales. Y si bien me sentí cansado (es lógico), con un ligero desgaste en los cuádriceps, me doy cuenta de que me recupero rápido. Hoy, por ejemplo, me tomé en serio esto del feriado y me quedé en casa descansando, con el aire acondicionado en 21 grados. Anoche corrí con ese calor y esa densidad terrible y sentí que me derretía. Chorreaba transpiración y no podía parar. Si alguien me intentaba agarrar, me iba a patinar como teléfono de carnicero. Supongo que por esa pesadez y el volumen de entrenamientos, mi entrenador Germán me dijo que hoy “hablásemos” para ver cómo me sentía. Y bueno, no me pareció mal descansar, porque eso también es parte del entrenamiento.

Correr en la semana, lo más temprano posible, al sol, ha sido una experiencia maravillosa y gratificante. Me llama la atención, este mes no hice ninguna carrera. Lo último fue la San Silvestre, el 31 de diciembre. Luego fueron todos entrenamientos cerca de casa o por San Isidro, aunque cuando hacés fondos largos, te empezás a dar cuenta de que lo “lejos” y lo “cercano” pasan a ser algo muy relativo. Correr 15 km me resulta un entreno corto y resulta que es la distancia que separa el Hipódromo de San Isidro (donde me junto para correr todas las semanas) de mi casa. Pero si camino hasta la estación y espero el tren a Tigre, para llegar y caminar hasta la base, quizá tarde lo mismo que yendo corriendo

¿Aumentará todo este kilometraje en febrero? La idea es que sí. Veremos. Todavía me siento lejos de los 100 km, y aunque sé que con todas las pilas que tengo, la guía de mi entrenador y la experiencia previa, voy a llegar.

Semana 18: Día 124: Correr es fácil… ¿es fácil?

Encontré una afición que es la de leer a otros corredores. Empecé con Murakami y “De qué hablo cuando hablo de correr”, libro que me inspiró a irme a correr a Atenas, a lo guapo, solo por la banquina. Después leí “Nacidos para correr”, de McDougall, maravillosa obra literaria necesaria para cualquiera que corra ultramaratones o que sueñe con hacerlo alguna vez. Ahora estoy con “La huella de los héroes”, de Arcadi Alibés, un catalán que narra las historias de cada una de las maratones olímpicas, y cómo fue su experiencia corriendo en esas ciudades en la actualidad.

Pero ahora me crucé con un blog de otra chica corredora que se anima a contar sus propias experiencias. Y como yo escribí, hace unas semanas, una entrada que se llamaba “Correr no es fácil“, vino a contarme cómo la casualidad quiso que escribiera un post en su blog “¿Quién me lee?”, titulado “Correr es fácil… ¿es fácil?” (claro que ella lo hizo dos meses antes). Con toda la impunidad he decidido copiarlo y pegarlo, porque me gustan las experiencias de otros corredores, y cómo aunque seamos de diferente origen, forma, color y número de zapatilla, todos tenemos cosas en común.

Y “¿Quién me lee?”, se pregunta la autora. ¡Yo te leo!

Estaba pensando que cuando empecé a correr me dije a mi misma: Está buenísimo, debe ser el deporte más barato y fácil que existe. ERROR.
 
No es que uno tenga que se millonario para poder correr, pero la realidad es que, a menos que hayamos elegido correr barefoot (descalzos) las zapas no son las mas económicas.
En el momento que te acostumbras a las zapatillas y decís (o pensas, no es necesario que andemos contando todo a todo el mundo): ¡Que geniales que son estas zapatillas, me hacen volar y aparte, como las uso solo para correr están como nuevas!  OKAY, en ese exacto día, tu entrenador te pregunta: ¿Cuánto tienen esas zapatillas ya? A lo que uno responde contento: Un año, estas como nuevas ¿no?… NO, ya tendrías que cambiarlas te dice. Y vos que creías que estaban como nuevas…ilusa.
Dependiendo de si sos hombre o mujer, el costo también varía.
Las mujeres aparte de correr porque nos hace bien, porque nos gusta, porque es un deporte hermoso…nunca dejamos de lado nuestro costado femenino (en esta parte los hombres leen: …nunca dejamos de lado nuestro costado consumista compulsivo), en fin, nos gusta correr y estar lindas al mismo tiempo, transpiradas, pero con la remerita color fucsia de última moda, y OBVIO, los shorcitos haciendo juego. Nunca hay pantalones, calzas, remeras, tops, medias…suficientes en nuestro armario, NUNCA. Y como la ropa deportiva es finita…siempre entran algunas prendas mas en ese cajoncito… ¿o no chicas?
Los hombres (ojo, no todos, no hay que generalizar), corren con el mismo short con el que juegan a la pelota, que es el mismo con el que juegan al tenis, y es el mismo que usaron para hacer el ultimo asado. Con dos o tres pantaloncitos (siempre negros) y las remeras de las carreras en la que participan, es suficiente. No combinan (ni les importa) nada.
Dejando de lado el tema económico, viene la parte más divertida, uno se cree que es fácil. 2° ERROR.
 
Y acá todos piensan: ¿¿correr?? Pero si es natural, no necesitas más que salir a la calle, y correr.
Y eso es lo que todos pensamos cuando arrancamos. Correr es como caminar más rápido. No señor, resulta que hay diferentes técnicas para correr. Y hay ejercicios para mejorarla, y si corres con buena técnica te cansas menos (aparte, si corrés con técnica, salís bien en las fotos, no como si te estuvieras desarmando). Hay que aprender a respirar, hacer respiración abdominal, que es con la que más te entra oxigeno. Y todo eso hacerlo mientras corres, acordarte de la técnica, la posición de los brazos, la zancada, la respiración, el tiempo, las vueltas.
Tu entrenador te pone pasadas de xxx mts en xxxx tiempo, que cada vez que vez el plan te querés morir, deseas que sea una jodita, tratás de robar segundos o hacer menos pasadas de las que corresponde, pero ellos, esos hombres/mujeres que nos arman esos planes diabólicos, siempre están controlando, y saben cuando mentís, y te miran con cara de: Me estás mintiendo, seguí corriendo porque el plan del mes que viene va a ser peor.
Gracias a este deporte conocí músculos que no sabía que existían (nota: igual, me faltan algunos en las piernas, a veces veo fotos de corredores que se le marcan músculos que definitivamente yo no tengo, no me vinieron), aprendí que elongar es sinónimo de doblarse a la mitad y que te duelan todos los músculos, aprendí que el regenerativo significa que después de que haces unas pasadas matadoras, no viene una señora con un daiquiri y una pizza, NO, significa que tenés que seguir corriendo un rato más, para que al otro día no parezcas recién bajado de un caballo.
En fin, no es fácil señor, señora….pero que es muy divertido…sin dudarlo.

Semana 18: Día 123: Soy chueco

Tengo una confesión que hacer, que alguno habrá anticipado por el título de esta entrada. Soy chueco.

¿En qué parte de mi cuerpo radica mi chuequez? Mi espalda, principalmente la parte alta del tren superior. Los hombros se me doblan para adelante y la cabeza, lentamente, se inclina, casi en posición de sumisión. Yo culpo a mi columna chueca, pero ningún doctor encontró algo anormal en mí.

¿Desde cuándo me ocurre esto? Desde que me acuerdo. Pero hubo dos hechos similares que quizás hayan influido. Por un lado, me fracturé la clavícula derecha en mi preadolescencia, jugando a lo bruto en un cumpleaños. Por el otro… me fracturé la clavícula izquierda poco tiempo después (pero, esta vez, en mi casa). Dicen que es el hueso que menos duele cuando te lo fracturás, pero sinceramente me dolió, y mucho. Además, ambos se soldaron en ángulo, lo que podría haber colaborado en que los hombros se metan para adentro. Quién sabe. Nunca caminé demasiado derecho, tampoco.

¿Esto tiene solución? Mi entrenador, Germán, cree que sí. Que con musculación me voy a enderezar, principalmente trabajando la espalda. Pero desconozco si en realidad está teniendo un exceso de optimismo. Actualmente corro por la ciudad e intento mirarme en el reflejo de los vidrios de los edificios y los escaparates de las tiendas. Casi siempre me encuentro encorvado, con la cabeza hacia adelante. Entonces me incorporo y saco pecho, como si estuviese orgulloso.

¿Me dejó alguna secuela? Espero que no. Pero desde que empecé a intentar correr derecho, me duelen las lumbares. Mucho. Cuando corro todos los dolores bajan el volumen hasta desaparecer. Podría ser casualidad, qué sé yo. Lo cierto es que ando quejándome y agarrándome la cintura en todo momento en que no estoy entrenando.

No sé si me voy a enderezar. A veces pienso que tendría que esperar a correr la Ultra Buenos Aires, y mirá si por andar intentando no quedar chueco eso me termina lesionando… Creo que los ejercicios con peso y colgándome, para trabajar la espalda, me van a ayudar, pero estoy intentando ir en contra de 35 años de caminar chueco. No es fácil, pero tampoco quiero esperar otros 35 años para acordarme de enderezarme…

Semana 18: Día 122: Se larga la Ultra Buenos Aires

Bueno, prometí volver sobre esta ultra maratón cuando hubiese novedades, ¿no? Bueno, ¡ATENCIÓN!

Se abrieron las inscripciones. Los precios son irrisorios: $100 para los 100 km, $70 para los 50 km y $50 para los 25 km.

La idea es mantener todo al costo. Difícilmente la gente de Salvaje saque ganancia de esta experiencia, pero sin dudas la Ultra Buenos Aires dejó de ser el sueño de un loquito para ser el sueño de muchos loquitos. La idea de poner diferentes distancias es para que mucha gente se anime. El recorrido desde el arco de largada (con cronómetro y todo) hasta el mismo punto es de 25 km. Esa vuelta es la primera de la ultra y la half ultra, y el total de la beginner. Es también un recurso logístico.

Cuando corrí la Ultra Buenos Aires el año pasado me dio pena que no me pudiera ver toda la gente que estaba en la largada, ya que el circuito era de 50 km. O sea que algunos me vieron por la mitad, totalmente destruido, y muchos no me volverían a ver cuando abandoné en el km 77. Al tener la vuelta de 25 km pasaré por la meta cuatro veces, y podré tirarle besos a la hinchada (si es que se presenta). Además, poniendo un puesto de hidratación ahí, viene perfecto para el antes, durante y después de la ultra.

También tiene que ver con no dejar afuera a nadie que quiera correr. Del grupo de Puma Runners, por ahora, solo hay un interesado en hacer los 100 km (además de mí), uno para la de 50 y el resto para la de 25. De por sí son distancias que intimidan, y es hermoso ver que una idea disparatada se convierte en el objetivo de mucha gente. Los veo entrenar, planificar, contar los días (tres semanas después de la Adventure Race Tandil, una semana antes de la Patagonia Run…), y siento que aunque no llegue, dejé algo. Es el árbol que podría haber plantado o el libro que podría haber escrito. La Ultra Buenos Aires 100K ya es de la posteridad. La gente de Salvaje la está organizando muy bien, usando sus propios recursos y bajando los costos al mínimo.

Creo que si llegamos a 40 inscriptos estaríamos hechos (a decir verdad, le aposté 50 pesos a Lausi, director de Salvaje, que superábamos esa cifra… así que ayúdenme). Estoy tan contento que hasta podría no volver a llegar y no me importaría. Pero ni loco estoy un cuarto año escribiendo todos los días en este blog. Estoy entrenando duro y concentrándome en este objetivo crucial. Si no le gano al reloj, aunque sea gateando voy a terminar los 100 km. Es mi ballena blanca, solo que ahora no la voy a ir a cazar solo.

Va la info de la página:

Información General

INFO 

Fecha: Domingo 07 de Abril 2013
Distancias: ULTRA MARATHON 100K | HALF ULTRA 50K | BEGINNER 25K
Lugar: Estancia “La Mariucha” Marcos Paz
La carrera no se suspende por lluvia (en caso de lluvia se realizará un traslado desde Marcos Paz hasta la estancia en 4×4 a cargo de cada participante)

 

CONCEPTO 

Carrera participativa (no posee premiación) clasificatoria para el Spartathlon (primera edición 100% amateur)

La carrera este año (2013), tendrá un formato sencillo, con vueltas de 25k, hidratación y puesto de asistencia.

Podrán participar corredores acompañados por sus profesores/entrenadores (en bici, cuatri, moto o en auto), con el fin de probarse en distancias largas a un costo de inscripción muy bajo.

 

CRONOGRAMA

Domingo 07 de Abril 2013 – Estancia La Mariucha

06:00hs                                Largada Ultra marathon

08:00hs                                Largada Half ultra marathon

08:00hs                                Largada Beginner

 

MARCACION, ASISTENCIA, HIDRATACIÓN Y SERVICIOS 

El recorrido estará indicado por cintas de la organización y a cada corredor se le entregará un mapa.

Solamente habrá asistencia de la organización en largada/llegada/transición de 25k, asi como también hidratación de powerade y agua mineral en este punto.

La organización contará con un cronometro flip de 6´´, personal para toma de tiempos y marcación, arco y carpa de largada y llegada. También ofrecerá desayuno para cada corredor, hidratación y traslado en vehículo en caso de emergencia.

 

COSTOS 

Ultra marathon 100k – $ 100.-

Half ultra marathon 50k – $ 70.-

Beginner 25k  – $ 50.-

La reserva de inscripción se realiza via web.

El pago de la inscripción se realizará únicamente por los medios de pago de Salvaje eventos http://www.salvajeoutdoor.com.ar/pagos.php

 

MAPA DE RECORRIDO 

Mapa Ultra Bs As

Semana 18: Día 121: Reconciliándome con el sol

Nunca fui muy amigo del sol. Quizá de chico sí, no me preocupaba mucho jugar a la intemperie, en especial en verano. De algún modo, el obse que nacía en mí adoraba sacarse la piel muerta que colgaba de los hombros (¿y quién no?). Pero como no me gustaba quemarme, me fastidiaba un poco.

Hace algunos años, a mi papá le encontraron melanomas, que es el nombre que se le da a los tumores pigmentados, una variedad del cáncer de piel. Es altamente invasivo por su capacidad de generar metástasis. Él tuvo que someterse al único tratamiento que se considera efectivo, que es la resección quirúrgica del tumor primario antes de que logre un grosor mayor de 1 mm. Así le fueron sacando pedacitos en la frente, la nariz y cerca del ojo.

Siendo que, como muchos seres humanos, considero que mis padres son inmortales, mi mundo se sacudió cuando comprendí que en realidad son tan frágiles como cualquiera. Esto me marcó profundamente, y a partir de ahí le escapé al sol. Tengo una piel muy parecida a la de mi padre, con lunares, puntitos y cositas que nunca sé del todo qué son. Me los controlé varias veces sin muchas novedades, pero desde esa vez me mantuve a la sombra en cada verano, o con protector solar factor 45. A partir de ahí mi piel estuvo siempre a un tono de la pavita.

Al empezar a correr en un grupo todos los fines de semana, eventualmente empecé a tostar mis brazos y mi cuello, pero me quedaba la marca blanquísima en el resto del torso. No me preocupaba porque me sacaba poco la remera. En mi camino de Semana 52 me crucé con The China Study, el libro que asegura que una dieta vegana es la mejor receta para ser parte del grupo demográfico con menos casos de cáncer en el mundo. De cualquier clase de cáncer. Nunca dejé de temerle a esta enfermedad, pero empecé a confiar en esta cuestión estadística y me dije “Bueno, no voy a llegar al punto de tirarme a tomar sol, pero ¿por qué seguir escapándole?”.

Un sábado reciente corrí sin remera durante el entrenamiento, y huelga decir que me quemé. Esa es la parte que sigue sin gustarme, la de tener que dormir colgado de una percha por el ardor de la quemazón. Pero con un sol dosificado se obtiene color y resistencia a los rayos abrasadores, así que seguí corriendo en cuero. Y empecé a disfrutarlo. Esa huella blanca con la forma de la remera que llevaba siempre en el torso desapareció, y ya no me imagino un entrenamiento de día sin sentir el viento en el pecho. Dejé de buscar la sombra para correr, y me metí en los terrenos más desolados, fantaseando que con eso adquiero resistencia ante los climas más adversos (hecho que se caerá el día en que me tenga que enfrentar a una competencia real).

Así que ahora tengo una suerte de tregua con nuestro sol. Intento disfrutarlo, y siento que cuando entra en contacto con mi piel, me llena de energía. Tengo un amigo que está convencido de que si yo creo que algo no me va a enfermar (y si lo creo con convicción), eso no me va a pasar. No lo sé. Varios doctores me confirmaron el dato de que los vegetarianos somos un grupo de muy bajo riesgo para cualquier tipo de cáncer, y es algo en lo que elijo creer. Mientras tanto deberé seguir controlándome los lunares y todas esas marquitas que tengo por la piel, sin que eso signifique que me siga escondiendo de la luz solar.

Semana 18: Día 120: ¿Qué sentís cuando corrés?

Hemos filosofado mucho acerca de todo lo que nos provoca correr. Dolores, fatiga, sarpullido, quemaduras en la piel y peligrosos impactos contra automóviles. Todas cosas físicas, que le pasan al cuerpo. Pero, ¿y por adentro?

La cabeza juega un papel fundamental en cualquier deporte, incluso en el running. Hay que tener una mente terca y decidida para soportar todas las cuestiones corporales y seguir avanzando. Eso también se entrena, y como cualquier ejercicio, al principio va a costar hasta que en un momento nos demos cuenta de que nos sale de taquito.

Yo cuando corro siento alivio. De por fin estar haciendo eso. Hoy, por ejemplo, necesitaba correr, y realmente disfruto de los entrenamientos del sábado. Pero también estoy preocupado por la Ultra Buenos Aires, así que cada kilómetro que sumo me hace sentir un poquito más cerca de la meta.

Entrenar definitivamente me hace feliz, a pesar de que hoy arranqué congestionado, y con mucha dificultad para mantener el ritmo. Pero que esto me cueste no me hace dar ganas de abandonar. Es casi como si buscásemos que entrenar sea difíci. Hoy lo pensaba: si fuese fácil, ¿estaría acá?

Correr me da paz, sin importar los problemas de la vida cotidiana. Alguna vez lo usé para sacarme momentáneamente eso que ma andaba dando vueltas. Así como existen dolores físicos que se quitan corriendo, la angustia es otra clase de dolor que pasa a segundo plano.

Y sin dudas que correr me da orgullo. Porque cuesta, y cualquier cosa que sea complicada nos deja una enseñanza. Salir nuevamente de casa, entrenar “a pesar de”, sostener un programa de ejercicios a través del tiempo…. ¿cómo no sentirnos orgullosos?

La cabeza es un músculo que no se detiene, y otra parte de nuestro cuerpo que se ve afectada positivamente cuando corremos.

Semana 17: Día 119: Salir de casa

Hace un mes retomé análisis. A diferencia de mi período previo de una década analizándome, esta vez no es por un tiempo indefinido, sino por temas puntuales. La psicóloga prefiere no hablar de una terapia, sino de entrevistas que decidimos “sesión a sesión”.

Y me resultó bastante movilizador. Por un lado, porque retomé con la misma profesional, y fue interesante llenar el bache de lo que fueron mis dos años de vida desde que empecé con el blog (cuando me di el alta) y hoy, 121 semanas después. Progresé, pero me di cuenta que hay cosas que se mantienen fijas, esa matriz con la que nos armamos (y que nos armamos).

Entre las cosas que me sorprendí diciendo es que nunca salgo de casa. De hecho, cuando empecé a analizarme en el año 2000, sufría de una gran depresión por no saber qué hacer de mi vida. Sin perspectiva laboral ni académica, me quedaba todo el día en casa, en foros de internet, chateando por el ICQ (la prehistoria de la internet, más o menos) y haciendo dibujitos con el Paint (el Photoshop recién caería en mis manos tres años después). Solo salía los viernes, que me juntaba con mi grupo de amigos. Ansiaba muchísimo ese momento, y nuestras reuniones eran absolutamente inocentes: charlar hasta que se hacía de día, tomando Coca-Cola, comiendo papas fritas. Ellos fueron quienes vieron mi mutación al vegetarianismo, al desprecio por las gaseosas y a correr. Hoy siguen siendo mis grandes amigos, aunque nos veamos pocas veces al año.

Y mientras mi psicóloga me preguntaba por mi vida social, recordé ese grupo al que hoy casi no veo, y pensé en mis amigos con los que hoy me junto un poco más seguido, pero tampoco los veo con mucha frecuencia, con suerte una vez al mes. Así que mi círculo más íntimo, caí en la conclusión, es mi grupo de running. Al verlos tres veces por semana, son con quienes más comparto mi vida, aunque en un 75% tenga solo relación con entrenar.

Analizándolo más profundamente, me di cuenta algo que, en el fondo, me dio un poco de pánico. Si no fuese por el entrenamiento, prácticamente no saldría de mi casa. Trabajo en mi computadora, al resguardo del mundo exterior. Pago las cuentas por homebanking. Después de estar 14 horas diarias sentado frente a la computadora, quizá Vicky entienda que de vez en cuando me desespere por ir al supermercado a aprovisionar la heladera. Una casa abastecida evita tener que salir.

Así es que el running se convirtió en mi contacto con el mundo exterior. Es lo que me permite tratarme con seres humanos. Y eso me llevó a preguntarme, ¿es de ahora esto? ¿O siempre fui así? Me dio la impresión de que es parte de mi matriz, que viví toda mi vida encerrado en mí mismo, y de alguna forma correr me salva tres veces por semana.

Quizá el entrenamiento fue una necesidad subconsciente de cortar con ese encierro. Y nunca me fue fácil conocer gente y mostrarme tal cual soy. Casi diría que en el grupo de entrenamiento no llegaron a conocerme hasta que no abrí esa ventanita de mi vida con el blog. Y me di cuenta que me creé esa presión del tipo que se supera y tiene que mejorar constantemente. El antídoto contra la subestimación: esforzarme por ser el mejor. Pero solo para que los demás lo crean.

Si me preguntan por qué paso tanto tiempo en mi casa y por qué salir a la calle puede ser una batalla de fuerza de voluntad, no tengo idea. Porque sé que salir a correr me hace feliz. ¿Por qué resulta difícil hacer eso que nos llena? Es evidente que es más fácil cortar todo tipo de contacto y encerrarte en tu cubículo (por más deprimente que eso pueda sonar) a abrir la puerta y enfrentarse al mundo. En el fondo creo que se le da menos crédito a quien le cuesta horrores hacer las cosas (e igual las hace), que a quien le sale todo de taquito y sin pensar.

Dicho todo esto, sigo haciendo el trabajo arqueológico de mi alma con terapia. Es al menos una excusa más para abandonar la comodidad y cruzar la puerta de casa.

Semana 17: Día 118: Ultra Buenos Aires 2013

Como que ya no hay vuelta atrás…

Ese capricho de correr la Espartatlón derivó en que inventáramos a último momento una ultramaratón, llamada “Ultra Buenos Aires“. Fue en Marcos Paz, el año pasado, y tuvo el increíble récord de ser una carrera con un solo inscripto y nadie llegando a la meta.

Pero la gesta dejó pensando a Fede Lausi, coordinador del grupo Salvaje, y esta vez decidió incluir a la Ultra Buenos Aires a su calendario de carreras. En base a sugerencias mías y a la inmensa experiencia que tiene él, acordamos hacer tres distancias: 25 km (beginner ultra), 50 km (half ultra) y 100 km (ultramaratón). La fecha, el 7 de abril. Es ideal porque me recupero a tiempo de los 26 km de Tandil (el 17 de marzo) y después hago relajado los 63 km de la Patagonia Run (el 14 de abril).

Recién acabamos de oficializarlo. Todavía no sabemos costos de inscripción, la idea es que sea muy bajo, como para cubrir costos y nada más. El año pasado soñaba con que esto se convirtiese en una tradición anual, y ahora lo veo como algo muy posible.

Así que si estás leyendo esto y tenés curiosidad por lo que se siente hacer una ultramaratón, o si querés compartir conmigo mi sueño de inscribirme en la Espartatlón (o sea, llegar a correr 100 km en 10 horas y media)… ¿por qué no te inscribís? Después, cuando la Ultra Buenos Aires tenga 1000 inscriptos y la veas promocionada hasta en la sopa, vas a poder decir “yo fui uno de los primeros en correrla, allá cuando era súper amateur…”.

Semana 17: Día 117: El Maravilloso Mago de Oz

¿No leíste el Mago de Oz? ¿Tampoco viste la película ni la serie de TV y no querés que te arruinen el final? Entonces este es un post que vas a querer saltearte.

Por esas cosas de la vida me tocó traducir el cómic de esta clásica aventura. Me sirvió para interiorizarme un poco más, y aprendí cosas absolutamente insospechadas, como que L. Frank Baum, su autor, publicó el primer libro en el año 1900. Fueron TRECE volúmenes pero solo el primero es el más conocido, ese que fue adaptado por Hollywood en 1939 con Judy Garland como Dorothy. Algo que muchos no saben es que los zapatitos de rubí no eran de rubí, sino que eran de plata. Para aprovechar la novedad del Technicolor decidieron cambiarlo para la pantalla grande y que fuesen de un rojo furioso. No es la única modificación, hay una mucho más importante, y es que en aquellos años se creía que la fantasía no enganchaba a la gente, por lo que decidieron que todo terminase en un sueño, y que los fantásticos personajes que Dorothy imagina son en realidad personas de su vida real (Hunk, peón en la granja y potencial interés romántico de la niña, es el Espantapájaros).

¿Y a qué viene todo esto? Muchos se han roto los sesos pensando en qué paralelismos quiso hacer Baum con su historia. El camino de baldosas amarillas, para algunos, es la falsa promesa del oro (Dorothy va desde Kansas, estado agrícola endeudado, hasta Oz, que también significa onza, la unidad de medida del precioso metal). También podríamos trazar un paralelismo entre los países del norte y del sur, con brujas buenas, y los del este y oeste, con brujas malas. Como Dorothy y compañía van de “abajo” al “centro” (donde queda la Ciudad Esmeralda de Oz) y al final van al “norte”, el camino derecho es el de la bondad, y desviarse de ese camino (al este o al oeste) es desviarse a la maldad. En fin, hay tantas interpretaciones como gente que lea la obra.

Pero en mi caso, al tener que sentarme un fin de semana a traducir una adaptación a la historieta en 8 capítulos, me encontré con un mensaje muy fuerte y, de alguna forma, muy motivador. Hay un deseo que moviliza a los personajes: Dorothy quiere volver a casa, el Espantapájaros quiere un cerebro, el Leñador de Hojalata quiere un corazón y el León Cobarde quiere valor. Si bien son cuatro deseos distintos, básicamente es lo que todos pretendemos durante nuestra vida: tener nuestro lugar, adquirir sabudiría, aprender a amar y tener coraje. Y lo más llamativo es que este grupo hace un peregrinaje y en el camino van adquiriendo todo lo que necesitan. ¡Y no se dan cuenta! Dorothy recibe los zapatos mágicos de la bruja, que al final usa para volver a casa chocando los talones; el Espantapájaros es una esponja que aprende todo y, a pesar de que se considera muy torpe, siempre está dispuesto a tirar sugerencias; el Leñador de Hojalata ya tiene sentimientos, solo que no quiere demostrarlos por miedo a llorar y oxidarse; y el León ruge todo el tiempo para asustar a sus enemigos, a los que él les tiene más miedo todavía… ¿y no es acaso lo que hace cualquier bravucón? Fingir ser fuerte y amenazador, solo para mantener a raya aquello que lo asusta.

Cuando todos llegan a Oz, resulta que el mago es un chanta que no puede darles lo que les promete, así que termina engañándolos (como cualquier “mago”): les hace creer que les entrega aquello que ellos ya tienen. Y es todo lo que necesitan.

La analogía del camino es fuertísima. Dorothy y compañía caminan noche y día, viviendo aventuras, aprendiendo a resolverlas, y a medida que avanzan tienen más experiencia y más recursos para llegar más lejos todavía o más rápido. Es lo que nos da la experiencia, después de todo: atajos. El Maravilloso Mago de Oz es un libro que viene a confirmar justamente eso, que lo que importa no es lo que nos espera al final del camino, sino todo lo que obtenemos mientras lo recorremos. Todos queremos la “recompensa” que nos espera en la meta, pero la verdad es que cuando llegamos ya hace rato que aprendimos todo lo que nos hacía falta.

Semana 17: Día 116: Próximos desafíos

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Si bien la Espartatlón es la meta máxima (podríamos llamarla “la posta”), en el medio hay que ir cumpliendo objetivos secundarios. Cualquiera que se haya lanzado a una carrera sin prepararse sabe que sea una maratón o 5 km, nos puede costar caro.

Los 100 km de la Ultra Buenos Aires es lo que ahora me quita el sueño. Entreno, entreno y entreno, las piernas las tengo duras, pero de a poco se van acostumbrando. Tengo la mira puesta en la primera semana de abril, para después ir corriendo a la primera computadora que encuentre y mandar la ficha de inscripción (siempre y cuando, por supuesto, llegue a la meta en menos de 10 horas y media). Unas semanas antes vamos a participar con Vicky de la Adventure Race Tandil. Es la carrera en la que nos enamoramos hace 2 años, y casi que coincide con nuestro aniversario, así que iremos a vencer a las sierras en pareja, tomados de la mano, arrojando flores a nuestro paso y dando saltitos como dos tarados. Nos vamos a divertir.

Después de la Ultra volvemos a la categoría “cuentas pendientes” y la voy a acompañar a Vicky a hacer la Patagonia Run. Con la hora extra que le agregaron ella hubiese llegado perfectamente el año pasado, pero bueno, en aquel entonces le prometí que la íbamos a hacer juntos, y en lugar de ir a los saltitos y tomados de la mano iré con un rebenque, a ver si aprende lo que es bueno.

Ya más avanzado el año, el 18 de agosto, viene la ultra de Yaboty, la que sin dudas nos entusiasma más de todas. Principalmente porque sabemos que no vamos a pasar frío. También la vamos a hacer en pareja, y la diferencia de nuestra primera ultratrail juntos es que en esta oportunidad son 90 km seguidos en la selva, y no 70 un día y 30 el siguiente como fue en 2011.

Y quién te dice que antes de viajar a Europa, si logro inscribirme en la Espartatlón, no haga una Media Maratón de la Ciudad de Buenos Aires. Estaría bueno. Estoy descubriendo que me gusta mucho correr en la ciudad.

Esos son los objetivos que tengo en mente. Puede que se sume alguno que no tengo presente ahora, pero me quiero tomar cada carrera como una preparación física y mental para la exigencia de correr 246 km en 36 horas. Ese es el plan hoy, en enero. Veremos qué nos depara el destino…

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