Semana 12: Día 80: La Misión 2012, primera parte

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El miércoles 12, del mes 12, del año 2012, enfundado con mi número de corredor 12, salí con el resto de los Puma Runners y Vicky, mi compañera de equipo, para la línea de largada. Era en el centro de Villa La Angostura, a 800 metros sobre el nivel del mar, y la ciudad estaba paralizada por el evento. Originalmente íbamos a largar a las 11 de la mañana, pero como llovía bastante, decidieron esperar un poco para no mojarnos tanto. Largamos con todo el equipamiento encima: casco, campera, pechera de La Misión. La idea era estar presentables para la foto.

A las 12 y cuarto estábamos empezando, con toda la emoción del comienzo de una carrera. Trotábamos contentos por estar ahí. Caían algunas gotas, y los primeros metros eran simbólicos, todos atrás de una camioneta y con los habitantes de la ciudad alentándonos. A los poquitos kilómetros empezamos a transpirar. Estábamos demasiado abrigados. Hicimos un alto con Vicky, y nos quedamos solo con la remera térmica y la pechera. Nos fuimos separando del resto de nuestros amigos, a quienes cruzamos más tarde, en el Aserradero. El camino era en subida constante, y entraba en juego la potencia de piernas. Yo la apuraba a Vicky y ella me puteaba. Pero es parte de nuestra dinámica.

Si alguna vez tuvimos calor, cuando subimos al cerro Bayo (a 1750 metros sobre el nivel del mar) lo olvidamos por completo. Subíamos entre los árboles, en un ascenso bastante empinado, cuando de pronto se terminaba la vegetación y empezaba el filo, completamente frío y sin signos de vida. Envueltos en una nube, con fuertísimas ráfagas de viento, pisando manchones de nieve y con una dolorosa ventisca que escupía balas de hielo en la cara, intentamos avanzar como podíamos. Las manos enguantadas empezaron a congelarse y entumecerse. Capeábamos el clima como podíamos, intentando protegernos las partes de la piel que estaban expuestas. Noté que en el suelo había un jarrito metálico con unos sobres de sopa en el suelo. Lo levanté para llevarlo al siguiente puesto y no contaminar la naturaleza. Pero me duró poco, porque una ráfaga de viento lo voló de mis manos.

Era bastante desolador, no podíamos ver más allá de 10 metros, y el frío no dejaba pensar en otra cosa. Le prometí a Vicky que si seguíamos avanzando, pronto íbamos a salir de todo eso. El viento casi nos tiraba al suelo, y con los bastones intentábamos sostenernos. Ni siquiera todo nuestro abrigo era suficiente, y cuando parecía que estábamos por terminar el filo y empezar a bajar, notábamos que seguía subiendo y que todavía quedaba más de ese páramo por recorrer. Me sentí como un explorador en el polo, pero sin toda la orientación ni el equipo que ellos tienen.

Recién cuando cruzamos el filo del cerro y llegamos al centro de esquí (que estaba detenido y semi-abandonado) pudimos recuperar algo de movilidad en las manos. Empezamos a correr cuesta abajo, y poco a poco ese frío demencial quedaba atrás. Nos pareció lo más terrible de la carrera, y llegamos a pensar que eso iba a ser lo peor de todo. Ay, qué equivocados que estábamos… Abandonamos nuestras intenciones de correr y nos dedicamos a hacer un trail ligero para no cansar las piernas. El terreno subía y bajaba intermiténtemente.

Esta fue mi primera vez en Villa La Angostura, así que no sé cómo cambió el ambiente desde la última erupción del volcán. Aparentemente la tierra era más oscura, pero ahora está casi completamente cubierta por ceniza, que al mojarse genera una especie de barro. Cuando está seca parece arena, y me recuerda al tipo de suelo que encontramos en los bosques de Pinamar. Pero esto es en realidad una deprimente anomalía, y aunque la ceniza es un excelente abono para las plantas, ha cambiado el paisaje por mucho tiempo, quizá para los próximos siglos.

Algo que nos enojaba mucho mientras andábamos era encontrar a cada rato sobrecitos de geles tirados en el piso, o paquetes abiertos de barritas y basura similar. Suponíamos que los corredores teníamos conciencia ecológica. Pero viví algunas actitudes con desilución, como la corredora que, mientras avanzábamos en un pasillo angosto que a un costado se enmarcaba en un precipicio, me dijo “permiso” y se colgó de mi brazo para pasarme. Uno podría creer que pidió pasar, pero ¿hacía falta que me use de punto de apoyo? La Misión tiene muchísimas partes extremadamente peligrosas, y este tipo de actitudes no me entran en la cabeza. Pero no quiero que piensen que todos los participantes de este ultra trail son unos roñosos y obsesionados con ganar segundos en el marcador. Hay una camaradería y una solidaridad como no he visto en mis 35 años. Quizá tenga que ver con ese esfuerzo límite, casi al borde de jugarte la vida, que hace que todos busquemos protegernos mutuamente.

Bajamos al valle del río Ujenco, hasta llegar a su naciente. Este camino era bastante largo, e hizo mella en la cabeza de más de uno. No había muchas más opciones que avanzar, alimentarse y beber agua. Cruzamos un collado, que es como llaman a la unión de dos cerros, en dirección al arroyo Cataratas. Nuestro objetivo para la primera jornada era llegar al Camp 1, también conocido como la Cantina, y estimábamos alcanzarlo pasada la medianoche. Pero avanzábamos lentamente entre la naturaleza, abrigándonos y desabrigándonos y volviéndonos a abrigar. El sol empezó a caer, por suerte tarde (se ocultaba a las 9:30 de la noche) y todavía no teníamos noticias del supuesto puesto de control. Vicky, que estaba bastante más despierta que yo, se dio cuenta de que estábamos ante un río donde debíamos cargar agua y avanzar 200 metros, hasta el Corral Redondo. Este era el punto de descanso antes del imponente Cerro O’Connor.

Llegamos y nos obligaron a descansar unos minutos junto a una enorme fogata. Teníamos dos opciones: hacer noche y dormir, o subir en grupo de tres o cuatro, ya que la nube había bajado al cerro y al visibilidad era muy poca. Además había fuertes ráfagas de viento. Nos habían recomendado cruzar los filos de noche, porque supuestamente teníamos menores ventiscas que durante el día. Con Vicky nos miramos y nos hicimos la pregunta: “¿Esperamos o subimos?”.

En el próximo post, la respuesta.

Publicado el 17 diciembre, 2012 en Carrera y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 7 comentarios.

  1. Genial esta primera entrada, casi casi como estando alli, pero en el calor de nuestro hogar. Gracias y volvemos a la espera!

  2. Que loco leer algo asi sobre mi casa, mi hogar! no sabes los papelones que pase: ¿alguno de ustedes es el bloguero o la novia vicky? jua. estuve en la salida! y a lo largo de tus relatos estare en la carrera. Quiero saber como le fue a vickyyyyy!!!!!!!! PD: tranqui por la basura, nosotros nos ocupamos! Tambien hay gente de aca que es hasta peor te diria! Claro que patetico de un deportista… pero bue, cada uno aprende a sus propios tiempos, mientras yo cuido mi casa! Espero el proximo relato! Admirable lo de ustedes!

  3. me dejan con tanta expectativa como ante el final de un capítulo de Lost. . .

  4. recontrafak! cómo sigue? soy impaciente. perdón.

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