Semana 11: Día 71: Camino a Villa La Angostura

Sufro. Cada vez que no puedo actualizar el blog sufro. Pero después de dos años de actualizar absolutamente todos los días, decidí que este año me lo iba a tomar con un poquito más de calma. Anoche fue “una de esas noches”, en la que avancé con el trabajo todo lo que pude. De hecho, son las 6:30 de la mañana y acabo de terminar.

Eso no quiere decir que haya estado despierto todo el tiempo. Alterné horas de trabajo con patéticas siestas en las que mi cuerpo no daba más y decidía “cerrar los ojos para descansar la vista”. Hora y media después me despertaba con las marcas del teclado impresas en la frente. La madrugada es solitaria y silenciosa. Por un lado es bastante depre, pero por el otro no suena el teléfono, no llegan mails nuevos, y no hay nada interesante en la tele para ver (o sea, hay pocas distracciones).

Tengo unas tres horas hasta que salgamos al aeropuerto. Las voy a aprovechar para darme una ducha y terminar de acomodar el bolso. Tengo TODO el equipo de La Misión guardado, desde bolsa de dormir, casco, botiquín, ropa… anoche me dio pánico de olvidarme las zapatillas y las metí así nomás adentro de la mochila. Descubrí que a ese calzado no le entra cualquier par de cordones (pánico número dos). Me hubiese gustado llevarme algún repuesto.

Recién ahora, que me saqué de encima todos los compromisos, empiezo a caer en que estoy por tomarme un avión y aparecer, en pocas horas, en Villa La Angostura, un lugar paradisíaco donde vamos a intentar la gesta más difícil de nuestra vida deportiva. Cualquiera que esté más o menos atento podrá decir que me sumerjo en el trabajo antes de estas ultramaratones, para no pensar en lo que está por venir. Bueno, si usted cree eso, permítame decirle una cosa: tiene razón.

Esta vez no falló nada, no nos olvidamos de nada. Conseguí varios paquetes de pretzels, tenemos el equipo obligatorio completo y contabilizado mientras lo guardábamos en las valijas, Vicky se hizo de sus almendras y pistaccios salados, y hasta encontramos los apósitos quirúrgicos para heridas profundas. Hay otras cosas que pueden fallar, como el cargador del celular o pasar por el cajero a buscar efectivo, pero nada que se convierta en un problema.

Estoy muy bien preparado para esta Misión. Vicky también, aunque no estoy seguro de si ella lo sabe. Cuando la conocí terminó sus primeros 21 km arrastrándose, y un año y medio después estamos por enfrentar un ultratrail en la montaña. Se me pone la piel de gallina. Si me falta algo para largarme de lleno en esta aventura es una siestita, que espero tomarme en el avión.

Y ya está. Descansar, aclimatarnos, y largar. Aunque estos viajes siempre vienen acompañado de un poquito de estrés laboral, no me alcanzan las palabras para describir lo feliz que me hace todo esto.

Publicado el 8 diciembre, 2012 en Carrera, Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. Chicos Deseo salga todo mejor de lo soñado. Exitos!

  2. EXITOS! la lluvia limpio todo y esta genial aca! El sol los espera!!!!!!

  3. Suerte!!!!!!!!!!!!! Todo lo mejor y disfruten!!!!!

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