Semana 9: Día 57: Pesadilla en lo profundo de La Misión

Estoy en La Misión. ¡El día finalmente ha llegado! Tengo mi mochila, y una tonelada de entusiasmo. El día está fresco, lo cual justifica todo el abrigo que me traje. Arrancamos en medio de la ciudad, que está atiborrada de paseantes. El Centro de Villa La Angostura tiene un gran centro comercial, por donde pasamos caminando tranquilos, bajando escaleras. Me separo de Vicky, pero estamos conectados por nuestros teléfonos.

Es el mediodía, acabamos de salir, así que desconocemos el cansancio, el hambre, el frío. Está todo bien. O casi todo. Vengo codo a codo con el Sordo, compañero de los Puma Runners. Él es la voz de la experiencia, tiene varias Misiones en su haber, así que le hacemos caso en cada consejo. Le confieso que me acabo de dar cuenta de que no me compré el aislante para dormir encima. Es un elemento obligatorio, y nos pueden descalificar. Sé que Vicky tampoco tiene, así que no quiero dejar pasar que estamos en la ciudad para comprarlo.

Vamos hasta una casa de camping, y le pregunto a la vendedora por aislantes. Me trae dos rollos plateados y muy livianos. “Ciento ocho pesos cada uno”. No tengo ni idea de cuánto salen, así que ni me quejo. Le digo que me los llevo. Bien me podía decir que estaban mil dólares, que igual los iba a necesitar. Pago con débito, pero cuando saco la billetera las tarjetas (subtepass, Carrefour, Disco, Club de Beneficios de Peluquería Hernán) salen volando. Se forma fila atrás mío en la caja, pero no puedo encontrar el maldito plástico. Cada vez que creo que la encuentro, me doy cuenta de que no es. Me empiezo a desesperar. ¿Cómo puedo ser tan inepto? Finalmente aparece, hacemos la transacción, y me voy tranquilo con el Sordo.

Está nublado. Retomamos la marcha. Saco la lista de equipo reglamentario. Había que llevar agua con sal. Y yo no tengo. ¿Para qué? Evidentemente tiene que ver con el agua de deshielo que no tiene sodio. Y viene bien para si nos sentimos mal o si nos lastimamos. ¿De dónde voy a sacar agua con sal? Tampoco tengo el botiquín completo. Me faltan los guantes de látex, ibuprofeno, y un montón de cosas que no sé dónde comprar. ¿Cómo voy a encarar esa carrera con tantos faltantes? De hecho, ¿no faltaban varios días para la largada? ¿Qué pasó en el medio? ¿Cómo llegué hasta acá?

Me voy en 4×4, recorriendo montítulos de arena, sin ninguna dificultad. Pasamos por encima de piedras, lomas de pasto, nada nos detiene. Tan acelerados venimos que atropellamos un alambrado intentando frenar, y no queda otra que volver a tirarla abajo para retomar el camino. ¿Cómo llegué acá?

El perro me camina por encima de la cara. Quiere que lo saque a hacer pis. Me despierto de a poco, con la mitad de la conciencia en Villa La Angostura y la otra mitad acá, en Colegiales. Faltan 20 días para La Misión.

“Amor”, digo, “todavía no compramos los aislantes”...

Publicado el 24 noviembre, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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