Semana 8: Día 55: Caminar vs. Correr

Es posible que vos, al igual que yo, creas que caminar cansa menos que correr. Bueno, en realidad yo ya no pienso esto. A los golpes la vida me ha demostrado que una actividad tan subestimada como la caminata puede ser muy exigente.

Con Vicky estamos preparándonos para La Misión, un ultra trail en la mismísima Cordillera de Los Andes, que por las particularidades del terreno no permite que uno corra demasiado. Quizá con precaución en las bajadas, y si nos cruzamos algún llano. Podría suponer, sin temor a equivocarme, que vamos a caminar el 90% del trayecto. Para prepararnos para esta tarea, en los entrenamientos nos calzamos la mochila (que más o menos tiene los elementos que vamos a llevar a La Misión) y salimos a caminar, no menos de dos horas. Ayer, por ejemplo, alternando un poco de trote con caminata, terminamos en casi tres horas… absolutamente abatidos, con los pies latiendo.

Muchos pueden subestimar a la caminata, creyendo que es algo que insume poca energía o que no sirve para quemar las grasas. Bueno, permítanme decirle a aquellos desconfiados que es un error. En Europa, Vicky y yo nos la pasamos comiendo. Me limitaba a una baguette por día en París, por miedo a estar excediéndome. Y no, no la hacía durar toda la jornada, sino que la liquidaba de un tirón, con pequeños intervalos para poder respirar. Corrimos en pocas oportunidades, unas tres o cuatro veces en tres semanas. Pero claro, caminamos todo el tiempo, recorriendo las ciudades, aún cuando combinábamos varios puntos con subterráneos o trenes. Y volvimos con varios kilos de menos. Incluso ciertas mediciones más específicas, como la sumatoria de los milímetros de los plieges de la piel daban que habíamos perdido peso. Hasta los perímetros de la cintura, en ambos, bajó bastante. Romina, nuestra nutricionista, me dijo: “¿Viste que todo el mundo subestima la caminata como ejercicio para perder peso?”.

Quizá nosotros nos excedíamos. O estamos armados para correr, porque al final del día caíamos rendidos, con las piernas entumecidas de tanto caminar. Una noche de sueño nos dejaba totalmente recuperados a la mañana siguiente, así que desayunábamos y salíamos a destrozar nuestros pies nuevamente.

Tanto en Yaboty como en Patagonia Run (incluso en los entrenamientos actuales) nos damos cuenta que correr nos relaja. Necesitamos hacerlo, estamos caminando tanto que llega un punto en que no damos más. Los pies duelen, al igual que los cuádriceps y gemelos, y contrario a lo que diría el sentido común, con esa mochilota a nuestras espaldas, salimos a correr y nos sentimos mejor. Suena extraño, lo sé, pero el descanso de la caminata, para nosotros, es el trote. Así que, en la medida de lo posible, intentaremos ir alternando cambios de ritmo en la montaña, y ver qué pasa.

Caminar tantas horas es una actividad muy dura a nivel psicológico. Las distancias se vuelven mucho más largas y parece que nunca vamos a llegar. Uno comienza a frustrarse porque el cansancio aumenta pero los objetivos parecen más lejanos que nunca. Y hay que echar mano a trucos para pasar el tiempo y desocupar la cabeza, que solo piensa en llegar de una maldita vez. Ya he comprobado con bastante éxito que hacer cambios de ritmo es un relajante mental. Al ir calculando los minutos de trote y alternarlos con los minutos de caminata, uno se distrae y el tiempo pasa más rápido. Supongo que ir mirando el reloj distrae un poco de la inmensidad que es la proeza de llegar hasta la meta. Objetivos cortos, de alcance inmediato, ayudan a sentir que avanzamos, sobre todo si tenemos que ir muy por debajo de nuestro ritmo ideal.

Otro factor que creo que me va a ayudar mucho es ir en pareja. Originalmente La Misión era obligatoriamente en equipo, mientras que ahora es individual (lo que no impide que uno tenga la compañía de otro corredor). Cuando largué en la fría medianoche de la patagonia y tuve que avanzar por la oscuridad, en silencio, soportando las bajas temperaturas y la desesperación por no poder ver ni siquiera el paisaje (solo lo que la linterna iluminaba), solo quería estar acompañado. Intentaba sin éxito pegarme a otros colegas conocidos, pero los perdía de vista constantemente. Encontrarme en la mitad de camino con Vicky fue una sensación maravillosa, indescriptible. Teníamos recorridos distintos y nos cruzamos de casualidad. Fue una alegría inmensa.

Para La Misión vamos a tener la oportunidad de acompañarnos y sortear esos kilómetros en equipo. Correr solo está bien para mí, creo que uno pone en juego los límites del físico. Pero caminar acompañado… creo que es necesario, sino es obligatorio.

Publicado el 22 noviembre, 2012 en Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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