Semana 7: Día 45: A un mes de La Misión

Cada día me prometo actualizar el blog más temprano, lo más lejos posioble de la medianoche. Cada vez fracaso estrepitosamente. Pero sigo intentando.

Qué va a ser La Misión, qué vamos a sentir, cómo lo vamos a vivir… es un misterio par nosotros. Imaginamos que va a ser algo parecido a Patagonia Run, quizá un poquito a Yabotí. Son nuestros únicos referentes de ultramaratones. Pero no creo que estemos muy lejos de lo que realmente va a ser. Yo tardé 9 horas en hacer 45 km en la Cordillera, así que supongo que en Villa La Angostura será lo mismo. Vicky le puso unas 11 horas a 57 km, así que no es descabellado calcular que podemos hacer 50 km en 10 horas, o sea en un día.

Mientras planeamos e ideamos nuestra estrategia, entremanos con la mochila. Tratamos de que tenga un peso “real”, con las verdaderas cosas que vamos a llevar. Se siente como un ensayo más que un entrenamiento, y el estreno va a ser el 12 de diciembre. Hay nervios, le tememos al pánico escénico, pero seguramente vamos a pasarla muy bien. Eso no quita que suframos, nos agotemos y hagamos el eterno juramento de “quién me trajo acá, no hago esta carrera nunca más”.

La mochila me resultó más liviana de lo que me esperaba. Es cierto que no tengo “todo” lo que tendría que llevar, pero supongo que la cargué con el 95% del equipo obligatorio (más algo de comida). La de Vicky es un poco más chica (25 litros contra los 35 míos) y eso le preocupa un poco porque cree que no le va a entrar todo lo que está obligada a cargar. Lo iremos viendo, aparentemente haberse puesto una bolsa hidratadora le haya quitado espacio y agregado peso. Unas caramañolas colgadas con una tira cruzada puede ser una buena alternativa.

Los entrenamientos de ultramaratones son verdaderos ejercicios mentales. Más que correr, uno camina, y la cabeza trabaja sin parar. Las piernas también se esfuerzan el doble, y no tengo del todo claro por qué. Mis cuádriceps duelen más de lo habitual, y eso que hoy no hicimos ninguna cuesta, solo trote y caminata.

No sé si puedo ser capaz de enfatizar lo soñada que es esta carrera para mí. Cuando empecé en el grupo de los Puma Runners, hace unos cuatro años y medio, veía con esa admiración de lo inalcanzable el poder correr La Misión. Sabía que había distancias intermedias, y cuando empecé el blog de Semana 52, mi primera meta fue, en un año, llegar a correr la Half, que son 80 km. Esa era mi meta lejana. Nunca la cumplí oficialmente, aunque superé esa distancia en otras ultramaratones. Pero en ese entonces (agosto de 2010) no se me cruzaba por la cabeza hacer 160 km. Eso era algo titánico, imposible para mí. Y estar preparándome para hacerlo, con la total confianza de que tengo la experiencia y el entrenamiento necesario para llegar a la meta, me hace sentir una emoción muy especial.

Pocas veces en mi vida pude reconocer que llegué lejos. Tachen eso. Jamás, en toda mi vida, me encontré reconociendo que había llegado lejos. Solo con el running. Me siento confiado y feliz, gracias a todo lo que pude aprender en estos últimos años. La Misión hubiese sido una buena excusa para colgar los botines y dedicarme a otra cosa… pero se me metió en la cabeza la maldita Espartatlón… y ahora no quiero parar hasta los 246 km. Sin embargo, nunca hice 160 km, y si los puedo conquistar en 30 días, va a ser un antes y un después para mí…

Publicado el 12 noviembre, 2012 en Carrera, Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: