Semana 6: Día 40: Caos en la ciudad

Hoy fue uno de esos días. Empezó con algunos rumores, ninguna certeza. Se empezó a correr la voz de que el tren que iba a Tigre estaba fuera de servicio. Es nuestra vía más rápida para llegar desde Belgrano a San Isidro. Hay otro tren, la línea que va a Bartolomé Mitre, que nos acerca, pero Vicky tenía el dato de que ya llevaba 45 minutos de demora. El ferrocarril dejaba de ser una opción. Así que salimos una hora y media antes y encaramos el colectivo.

Pero claro, tuvimos que atravesar las calles a las 6 y media de la tarde, hora pico. Arriba del 168 nos enteramos de que en algunos barrios no había luz. Y se comprobaba en la Avenida Cabildo, donde ningún semáforo funcionaba. Los negocios tenían todas sus luces apagadas. La basura seguía amontonada en las esquinas. Y hay casas que no tienen agua desde hace unos días. Un amigo dijo que esto parecía el huracán Sandy pero sin Sandy.

Igual, de tercos que somos, quisimos ir a entrenar. Superamos todo esto más el calor, y llegamos finalmente a nuestra parada, y alcanzamos el punto de partida del entrenamiento arañando las 8. Todavía había algo de luz, pero las lámparas de la calle estaban apagadas. Y así se mantuvieron toda la noche. Ya no era algo de Capital Federal, esto era sin lugar a dudas provincia de Buenos Aires.

Con pulseras de luces fluorescentes salimos, yendo con extremo cuidado. Los autos iluminaban unos segundos cuando pasaban, pero en general era oscuridad casi total. El Hipódromo tenía luces en todas sus cuadras excepto en Dardo Rocha, que es donde hacemos base. Fue por esto que armamos un circuito con forma de “C”, para ir siempre por las zonas iluminadas. Sin embargo, siempre tenemos que terminar en la base donde está nuestra agua y utensilios personales, así que teníamos que andar unos metros casi a tientas. Es una sensación muy extraña correr sin poder ver donde se pisa. La pulsera les advertía a los que venían de frente de que nos aproximábamos, y eso era todo. Después era esquivar uno o dos metros antes de la colisión segura, y tratar de dilucidar dónde estamos pisando para no tropezarnos y rompernos el cráneo. Y al miedo de sufrir un accidente le teníamos que sumar ese bendito calor que nos pega la remera al cuerpo, nos baja la presión y nos molesta para dormir.

Este fue uno de esos días. Todavía no sé qué pasó con los trenes ni por qué se cortó la luz (¿fueron los aires acondicionados? ¿Soy parcialmente responsable?). Al menos sé que hizo un calor sofocante porque estamos cada vez más cerca del verano…

Publicado el 7 noviembre, 2012 en Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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