Semana 6: Día 37: ¿Cómo reemplazar los lácteos?

Soy el hombre que sufrió los dos males. Primero no consumía lácteos, y tuve que acostumbrarme. Después, tuve que buscar la forma de reemplazarlos.

Todos sabemos de la importancia de las proteínas, sobre todo por el aporte para nuestros músculos. Cuando empecé a ir a la nutricionista para aprender a alimentarme correctamente, me armó una dieta con un montón de yogurt, leche y queso crema. Le dije que casi no consumía lácteos, que no me gustaban, y me dijo que eran la mejor fuente de proteína de alto valor biológico. Con toda esa fuerza de voluntad y empuje que uno tiene cuando empieza un nuevo régimen, hice el esfuerzo y empecé a desayunar (cosa que no hacía). Me costó, pero lo incorporé y se volvió la comida más importante de mi día.

En estos dos años, me hice abonado al yogurt Ser de vainilla. Ya era automático, compraba el sachet y lo liquidaba en tres o cuatro días. También incorporé leche chocolatada como colación post gimnasio. Hasta ahí todo bien, aprendí a tener una rutina y a no descuidar mi nutrición. Algunos meses aumentaba la cantidad de músculo, otros bajaba un poquito, casi siempre se mantenía igual.

Luego mi nutricionista, la misma que me convenció de incorporar lácteos en mi dieta, me comentó de un libro que le habían pasado, The China Study, que le había hecho replantearse todas sus creencias. Se lo devoró en una semana. Me lo prestó, y a mí me tomó poco más de un mes atravesar por esas 400 páginas de datos, investigaciones y anécdotas. Esa reconciliación que yo tenía con la leche y sus derivados se desvaneció al instante.

Empecé a contemplar volverme vegano, sabiendo que mi principal dificultad iba a ser volver a ingerir la cantidad suficiente de proteína. El libro aseguraba que se obtienen los mismos resultados recurriendo a los vegetales. Quizá se tarde un poco más, pero se llega a lo mismo. Decidí averiguar si era cierto, y aquí estoy, veganeando con el apoyo de mi nutricionista y Germán, mi entrenador. Ambos, con las dificultades de ser padres, intentan a su manera pasarse a las proteínas vegetales.

¿Y qué hacer con mi desayuno? Tras dos años de perfecta armonía (yogurt+cereales), ¿cómo seguir?

Fui al Barrio Chino, donde hay muchas opciones para el vegano. Encontré una bebida de soja que venía en botellita. Era un poco más cara de la leche, y aclaraba en su etiqueta que no provenía de soja transgénica. No es algo que me quite el sueño, pero en las casas naturistas lo toman como un valor agregado. Tenía azúcar, cosa que también tengo ganas de eliminar, pero si conseguía reemplazar con esto el yogurt iba a ser más que feliz. El primer desayuno fue muy bien. No estaba mal, quizá era demasiado fluido para mi gusto, pero zafaba. El segundo día estuvo bien, el tercero bueno, era lo que había, y el cuarto ya no me gustaba tanto (por suerte, a medida que mi descontento con esta bebida crecía, el contenido se acababa). Volví a comprar, al principio me gustó, y siempre llegaba al cuarto día y me parecía un brebaje espantoso. Quizá tenga que ver con que se venza, o que se asienta demasiado la soja, o que el entusiasmo de la compra lo hace parecer más rico, pero lo cierto es que no me terminó de convencer.

Un día en el supermercado, de casualidad, en unas cajas amontonadas en la cabecera de una góndola, vi unos packs de Ades sabor natural. Le pregunté a un repositor si podía agarrar de ahí (casi parecía como si los fuesen a tirar), me dijo que sí, y me lo traje a casa para probarlo. El gusto estaba MUY bien, y se mantuvo bien con el correr de los días. Tenía azúcar, algo que parece inevitable en estos días. El gran problema fue que el Ades natural es algo así como el Santo Grial. No me da ponerle el que tiene gusto a naranja o ananá a los cereales, y esta versión sencilla y clásica escasea y no siempre hay. Las veces que la vi me compré 4 o 6 cajas (total, un cartón me dura menos de una semana). Asei me mantenía hasta que se acababa.

En la dietética intenté variantes, como la leche de coco, pero me resultó un espanto empalagoso. Así iba y venía, probando, hasta que alguien me recomendó la leche de almendras. Pero no me dijeron que la compre, sino que la haga.

Yo, que soy bastante inútil en la cocina (si no me creen, pregúntenle a Vicky), encontré que es muy sencillo hacerlo. La noche previa dejo unas almendras en romojo (unas treinta, aproximadamente). A la mañana tiro el agua, agarro la mini-pimer, le pongo agua mineral a una jarra y le tiro las almendras. Pica, procesa, troza, pica, procesa troza, hasta que se hacen trocitos diminutos. Filtro el líquido con un repasador, tomo la pasta, la vuelvo a echar en el envase, más agua, y de nuevo a procesar. Así unas cuatro veces. Parece trabajoso, pero si no queda un polvillo que pica la garganta. Esto me termina dando un litro y medio o dos de bebida. Le echo un poquito de esencia de vainilla, cinco sobres de Splenda (endulzante sin azúcar) ¡y listo! Desayuno de campeones.

Las almendras aportan muchas proteínas, y esta bebida es ideal para echarle a los cereales. No tiene contras, simplemente es genial, y me da la enorme satisfacción de hacer algo en la cocina y que quede RICO. Tómese bien frío.

Publicado el 4 noviembre, 2012 en Alimentación, Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. También se puede hacer leche de castañas o avellanas!!

  2. Hola!! Cai de cuasualidad buscando como suplantar los lactos que tanto ingiere mi hijo y me encanto! Voy a seguir leyendote!! Gracias por el tip de la leche de almendras!!!

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