Semana 5: Día 31: Corriendo bajo la lluvia

Hoy fue uno de esos días de lluvia, donde el agua no cesa ni por un instante. Llovía cuando nos levantamos, a la hora del almuerzo, en la merienda y por la tarde, cuando decidimos salir a entrenar. Estamos a pocas semanas de La Misión, no podemos darnos el lujo de desaprovechar el día.

Instintivamente uno decide quedarse en casa cuando hay tormenta. Nadie quiere mojarse o pasar frío, y yo particularmente detesto tener los pies mojados. En varias carreras de aventura o trails es prácticamente imposible no hundir las zapatillas en el agua. Así que nos forzamos en salir a la calle, porque hay que acostumbrarse a esas cosas que no te gustan o te resultan incómodas. No convien enfrentarse a esas situaciones por primera vez en una situación de carrera.

Con ese mismo espíritu decidimos correr con las camperas impermeables que compramos para la misión. En mi caso tenía la que compré en el Decathlon, que además parecía bastante abrigada. Por eso me puse solo una remera por debajo. También me puse mis calzas, unos pantalones, unas medias muy feas (para poder arruinarlas sin problema) y las zapatillas Puma.

No hacía frío, pero llovía con bastante intensidad y el viento hacía que las gotas golpeasen de costado. Ya era de noche, y mi principal preocupación eran los autos (después de que te chocan en un día lluvioso, quedás marcado para siempre). Ralmente la campera evtitaba que me moje… pero por fuera. Por dentro el calor corporal condensó, y a eso le tenemos que sumar mi propia transpiración. Si bien terminé mojado, nada que ver a lo que hubiese sido con una campera cualquiera.

La situación era algo surrealista. Mientras todo el mundo se protegía con paraguas, o bajo algún techo, nosotros no le escapábamos al aguacero. De hecho, cuando salimos afuera y el viento y las gotas nos golpeaban en la cara, me sentí muy poderoso. Creo que hay una sensación de realización cuando uno enfrenta a la adversidad, cuando contra todos nuestros instintos, vencemos las inseguridades, los miedos, la incomodidad, y dejamos todo eso atrás. Me encontré corriendo con el agua por encima de los tobillos, chapoteando mientras los autos intentaban no hundirse. ¿Cómo no sentirse pleno ante una situación así? No puedo hablar por Vicky, pero creo que ella también sintió esa clase de orgullo, de ser uno de esos “loquitos” que corre como si hubiese sido un día más.

Los lagos de Palermo estaban completamente desbordados, aunque se supone que las zonas aledañas al Arroyo Maldonado se vieron beneficiadas por las obras aliviadoras de tormentas. Después de varios minutos de correr contra la corriente, decidimos desviarnos y encarar hacia Plaza Holanda, donde solo un tercio del trayecto estaba bajo el agua. Corrimos hasta lo que nos pareció sensato y volvimos a casa. Fueron 12 kilómetros, nada del otro mundo, pero una distancia que suma, sobre todo en un día que invitaba a quedarse en la cama, sequitos, mirando la tele. Pero, como siempre digo, uno nunca se arrepiente de salir a entrenar. Este día gris, con una lluvia incesante, no fue la excepción.

Publicado el 29 octubre, 2012 en Entrenamiento, Reflexiones y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. es verdad es genial correr con lluvia, cuanto mas llueve mejor es!!lo peor para mi es muy incomodo cuuando la lluvia lava tu sudor salado y te cae en el ojo…

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