Semana 51: Día 356: Comer en París

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O “Cómo no comer en París: crónica de una misión imposible”.
Esta ciudad francesa tiene muchas virtudes: es organizada, constantemente la están limpiando y los conductores respetan la senda peatonal, algo a lo que los argentinos nunca terminamos de acostumbrarnos. Pero su característica principal, sin lugar a dudas, es su cocina.
París tiene una enorme cantidad de panaderías, chocolaterías y restaurantes. Es difícil no tentarse, pero la oferta, por suerte, incluye gran variedad de verdulerías y tiendas naturistas y vegetarianas.
Desde que llegamos notamos el abismo que había con Roma, ya que hasta en el supermercado hay productos y comidas veganas. Por supuesto que la barrera idiomática hace muy riesgoso el pedir algo y saber exactamente con que está hecho, pero con paciencia se puede sacar el contexto. Leer las etiquetas se ha convertido en un curso acelerado de francés para mí.
Los habitantes más humildes de París incluyen a muchos descendientes e inmigrantes africanos, árabes y musulmanes, lo que hace que en los supermercados haya muchas opciones  de alimentos diferentes, sin carne y con muchos hidratos (no me pidan ahora sus nombres, tanto no me acuerdo). Comer es una actividad tan turística como visitar el Arco del Triunfo o la Catedral de Notredame.
También nos la pasamos comiendo baguettes, aunque me comprometí a no comprar más de una por día, porque me pueden. Estoy intentando irme hacia las variantes integrales. Casi diría que no importa cuánto coma uno en París; se camina tantas horas por día que todo se quema.
He abandonado los lácteos, así que no estuve comiendo quesos. Eso dejó afuera  de mi dieta turística a una inmensa cantidad de comida, pero no pasé hambre ni me privé de cosas que realmente me gustan.
Uno no come aislado del contexto en el que se encuentra inmerso. El día de hoy lo coronamos con un picnic nocturno, con la Torre Eiffel de fondo, y su mágico show de luces. Todo lo comprado en el súper es infinitamente más barato que si lo hubiésemos adquirido en un restaurante. A razón de seis veces más económico. El que gasta mucho en Europa es porque quiere… o porque no sabe que caminando se encuentran las alternativas.

Publicado el 20 septiembre, 2012 en Alimentación, Reflexiones y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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