Semana 49: Día 342: ¿Por qué corremos?

Esta pregunta no es nueva. Pero constantemente nos podemos replantear por qué hacemos lo que hacemos.

¿Qué nos lleva a correr? Es una actividad traumática para el cuerpo. Se fuerzan los músculos y la respiración. Puede provocarnos toda clase de dolores: de pecho, en el costado, en las articulaciones, en los pies, en los hombros, en la espalda. Nos saca ampollas, raspones, torceduras de tobillo, caídas y golpes. En el verano nos sofoca, en invierno nos congelamos. Transpiramos y olemos mal, nos agota. No nos hace más populares, ni lo hacemos para ganar premios, y si queremos practicarlo en una carrera nos sale un buen dinero. ¿Por qué nos sometemos a semejante actividad?

Se me ocurren algunos motivos.

Porque nos fortalece, física y espiritualmente. Porque nos da mayor capacidad pulmonar. Porque mejora nuestro sistema cardiovascular, quita el estrés y las tensiones. Nos divierte, nos conecta con el mundo y el aire libre. A menos que quieras participar en una carrera, es una actividad muy económica. Solo hace falta un par de zapatillas, y si te comprás una, te duran varios meses. Genera endorfinas, o sea que nos da placer y felicidad. Tonifica los músculos, quema grasas y mejora la calidad de vida. Nos hace sentir orgullosos de nosotros mismos, de esforzarnos y superarnos.

Últimamente me cuesta correr. No por desmotivación, sino por este bendito viaje, para el que estoy adelantando trabajo y tengo poco tiempo para mí mismo. Pero estar una semana sin calzarme mis zapatillas me da una nostalgia terrible. Es mi válvula de escape, lo que me ayuda a no sucumbir ante la presión (lo que significa que ahora estoy sucumbiendo). Pero no me desespera, porque sé que correr es lo que me espera cuando acabe con todos estos compromisos. Es mi recompensa, la actividad que me regalo a mí mismo por haberme esforzado tanto. Ir a entrenar es como cuando sonaba el timbre del recreo y podíamos ir al patio a jugar. Es ese rato de esparcimiento que todos nos merecemos.

Hay muchos motivos por los que corro, y me cuesta imaginarme sin estar haciéndolo. ¿Hasta cuándo voy a entrenar? ¿Hasta que el cuerpo me lo permita? ¿Hasta que encuentre otra cosa que me dé tanto placer? ¿Hasta que exhale mi último respiro? Correr es conectarse con el presente, porque en el momento en que estás ahí afuera, pateando el pavimento (o el pasto, o la tierra, o la pista), nada importa más que ese instante. La respiración, la postura, lo que alcanza a ver la vista. ESO es lo más trascendente. No qué hiciste ayer o en dónde vas a estar mañana. Eso no impide que, cuando completes tus 20 km, te des cuenta que cuando empezaste no llegabas ni a 3. Tampoco quita que entrenes pensando en esa competencia que te espera el fin de semana. Pero, netamente, corremos para vivir el HOY. El pasado queda atrás, y el mañana, eventualmente, llegará.

Corremos porque queremos, porque podemos, y porque es una forma fácil y muy gratificante de VIVIR.

Publicado el 6 septiembre, 2012 en Reflexiones y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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